La crisis económica obliga a los inmigrantes a regresar a sus hogares

Septiembre 13, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Diego Muñoz l Corresponsal de El País en Madrid

Los inmigrantes en España están volviendo a sus países sin atenerse a ningún plan de retorno. La cifra de latinoamericanos se reduce mientras aumentan los rumanos y búlgaros.

Los inmigrantes en España están volviendo a sus países sin atenerse a ningún plan de retorno. La cifra de latinoamericanos se reduce mientras aumentan los rumanos y búlgaros.En el edificio donde vive Sergio Andrés Fernández cerca de la plaza de toros de Vistalegre de Madrid en Carabanchel bajo, quedan ya muy pocos inmigrantes. Cuando llegó hace dos años, eran siete familias de países latinoamericanos y cinco españolas. De los extranjeros hoy sólo queda él y dos más. Las otras familias se han ido en silencio. Un día sacaron sus cosas, lo que no pudieron vender y desaparecieron. Ni siquiera se despidieron.“En el segundo vivía una chica amiga de Guayaquil, Rossana y cuando nos encontramos en el messenger hace una semana me contó que me estaba escribiendo desde el otro lado del charco, desde Ecuador porque se había regresado y que no pensaba volver”.Estaba con su madre y una hermana. La hermana se quedó para quemar las últimas opciones de encontrar trabajo en Murcia, pero ella y su madre se regresaron.Al lado del pequeño piso de Andrés, en el Tercero A, han puesto en la ventana un cartel de se alquila que se ve desde la calle y han dejado un número de teléfono móvil. Allí vivía una pareja de colombianos con dos hijos.“Ellos tenían ganas de irse porque ambos se quedaron sin trabajo y agotaron todas las prestaciones del paro. Conseguían lo justo para vivir, pero no podían ahorrar. Por eso se fueron, antes de agosto. Hubo un tiempo en que tuvieron dos coches y poco a poco tuvieron que ir deshaciéndose de las cosas para poder seguir. Lo bueno es que alcanzaron a asegurar una casa en Pereira”.Los vecinos de Sergio Andrés no son los únicos. En la calle General Ricardos, una de las principales del sector, dos jóvenes ecuatorianos montaron con éxito un supermercado de Mi Bandera. Pero justo cuando comenzaba el pico mas alto de la crisis.“Al comienzo aguantamos, —dice Jorge, uno de los dos socios— pero poco a poco fueron quedando cada vez menos inmigrantes y con menos dinero. Los productos que vendíamos, importados de todos los países, eran un poco mas caros y al ser caros, no eran una necesidad básica, eran mas bien un capricho que se daban las familias cuando algo de dinero sobraba. Pusimos luego un asador de pollos, venta de pan, pero poco a poco eran mas los gastos que las ganancias. Al final tuvimos que cerrar”.El socio de Jorge se regresó a Ecuador.Medio año después el local sigue cerrado. Un locutorio que aprovechando el tirón de los compradores se había instalado cerca del supermercado, también cerró. Un restaurante colombiano que se inauguró en la esquina al otro lado de la calle General Ricardos, al frente del almacén, duró lo que dura un suspiro. “Ni siquiera cuatro meses” dice Orlando Chávez, el dueño.“Saben que el menú colombiano antes costaba como 15 euros, cuando uno podía comer por 7 u 8 euros en uno español. Pues nosotros lo bajamos a 8 euros y aun así era caro para la gente. El hecho es que no pudimos sobrevivir a la crisis, la gente se quedó sin dinero y si antes iba a un restaurante tres o cuatro veces al mes, ahora solo una y muchos suspendieron el paseo en forma definitiva”.El cocinero se devolvió a Colombia luego de tres meses de buscar trabajo en la costa mediterránea.Como él, muchos han tomado el mismo camino, se han ido en silencio, sin apuntarse al programa de retorno voluntario, sin reclamar nada. Otros se han quedado esperando a la nacionalidad y apenas les ha salido, se han devuelto.“La reforma Laboral que ha aprobado el Gobierno —dice Juan Salvador Bonilla, de la Asociación Avanzar— obliga a la gente que se ha quedado en paro a tomar cursos para la reubicación laboral, mientras esté recibiendo la prestación por desempleo. Pues mucha gente se quedaba sin trabajo, se devolvía a su país, mientras le ingresaban el dinero del desempleo en la cuenta. Pues ahora no, están obligados a tomar los cursos y quien no esté, pues pierde la prestación”.Las claves del silencioA quienes no quieran llevar la cuenta de los inmigrantes que se han marchado contando los negocios que han cerrado, les bastará con echar un vistazo a las cifras que entrega el Gobierno, las empresas de transporte y los ayuntamientos.En Baleares por ejemplo, el Gobierno ha decidido paralizar el programa de retorno voluntario de inmigrantes extracomunitarios, ya que el excesivo incremento de la demanda con un aumento de casi el 40%, agotó los fondos disponibles.“No queda nada —dice Dolça Feliú, directora autonómica de la oficina de Inclusión Social y Cooperación Internacional de la Cruz Roja de Baleares— se agotó todo el presupuesto, tuvimos un aumento de casi el 40% por ciento de las solicitudes, en especial de aquellos que se han quedado sin recursos económicos, que llevaban más de seis meses en España y que por razones humanitarias se les da el pasaje de retorno”.Por países los que más han regresado ha sido uruguayos, bolivianos, argentinos, chilenos y brasileños.Sólo el 17% se ha acogido a la modalidad de plan de abono anticipado de prestación a extranjeros, que entrega en España a quienes se van de manera voluntaria. El 40% de la prestación a la que tiene derecho al salir y en el país de origen el otro 60%.No todos cuentan con la misma suerte. El colombiano Omar Guillermo Molina lleva un año esperando en Ávila que el estado español le ingrese 2.300 euros que le prometieron por acogerse al Plan de Retorno Voluntario. Su compañera, Liliana María Ortega Jaramillo, dice que la idea de regresar fue porque se quedó sin trabajo. En 2009 se fueron de Ávila por el Plan un total de 25 extranjeros, ocho de Colombia, siete de Ecuador y dos de Brasil entre otros.Se van solos y nada másOtra de las claves de este retorno silencioso han sido los datos de empadronamiento de muchas ciudades y pueblos, datos que se están renovando de manera constante. En las grandes ciudades aunque se nota menos que en las pequeñas.En Guadalajara, cerca de Madrid, por ejemplo, el Ayuntamiento va a dar de baja del padrón a 724 extranjeros a quienes no encontró en sus hogares habituales.“Hemos ido una y otra vez y al fin hemos descubierto, gracias a los vecinos, que muchos se retornaron a sus países de origen, que ya no viven aquí”. Los datos de baja del padrón han salido publicados en el Boletín Oficial de la Provincia del mes de agosto.Es un procedimiento común, cada dos años, se comunica a los extranjeros que están empadronados que deben renovar su padrón, en caso de no hacerlo, se les da de baja. De la Comunidad Valenciana se han ido en tres meses, de abril a junio, un total de 16.400 inmigrantes que al no conseguir un empleo, un contrato, han perdido de tarjeta de residentes, ya que es un requisito indispensable para renovar los papeles.De acuerdo con los datos del Observatorio Permanente de Inmigración, la cifra de inmigrantes ha descendido en Valencia, Alicante y Castellón y pasado de 617.827 a 601.383 en el segundo trimestre de 2010. Todos se han ido en silencio.

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