La Constituyente, de puertas para adentro

Julio 03, 2011 - 12:00 a.m. Por:
La Constituyente, de puertas para adentro

En el centro, el presidente César Gaviria y su esposa. A su lado los constituyentes Navarro Wolf, Horacio Serpa y Álvaro Gómez.

Veinte años después, ¿qué recuerdan algunos constituyentes de esos días en los que se discutía sobre la libertad y los derechos de los colombianos?

El primer recuerdo de Otty Patiño es el de un avión. Ahora, cuando él habla del interior del Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada donde se llevó a cabo la Asamblea Nacional Constituyente, piensa en aquel aparato, un avión: “Era otra dimensión. Una realidad distinta a la cotidianidad donde uno no estaba pendiente del desayuno, el almuerzo, la comida. Era como estar dentro de un gran avión donde todos los pasajeros éramos los mismos y siempre ocupábamos las mismas sillas”.De ese ‘avión’, Patiño también recuerda el sabor del maní. Eso, dice él, era lo que más comían los constituyentes cuando las jornadas se alargaban. En la cafetería del centro de convenciones sólo vendían sanduches y gaseosa.Lo de las jornadas extensas es cierto; Antonio Navarro Wolf dice que a veces las discusiones se prolongaban tanto, que en el sótano donde sesionaban perdían la noción del tiempo. A Lorenzo Muelas le pasó. Muchos días, cuando salía, ya no podía encontrar transporte; así que él caminaba. Se iba hasta su casa por toda La Séptima; en algunas ocasiones, tan tarde, que los policías asignados al Centro de Convenciones decidían acompañarlo.De muelas, muchos recuerdan dos intervenciones memorables; la primera, su debut como constituyente: Muelas pronunció un discurso en dialecto guambiano que nadie en la sala entendió. Cuando le preguntaron por qué había hablado así, él dijo: “De esa misma manera nos hemos pasado toda la vida nosotros los indígenas, sin entenderles nada a ustedes”. La otra intervención recordada fue la que tuvo tras la renuncia del ex presidente Misael Pastrana Borrero a la Constituyente. Ese hecho había generado un ambiente muy tenso en el Centro de Convenciones y se rumoraba que la Asamblea se podría suspender; Muelas entonces pidió la palabra: “Nosotros los indígenas nos demoramos 500 años para llegar a este espacio de representación. Esto (la constituyente) tiene que seguir su curso, pase lo que pase”. Efectivamente, la Asamblea siguió.Entre las renuncias, Armando Novoa, presidente del Centro de Estudios Constitucionales, recuerda especialmente la del ex técnico de la Selección Colombia, Francisco Maturana. “Había salido elegido por la Alianza Democrática M19, pero firmó contrato con un equipo español después del Mundial del 90 así que fue a la plenaria, se posesionó y renunció. Él tuvo la presencia más corta en la Asamblea”. Durante los 150 días de sesiones, el ambiente en el Centro de Convenciones fue el de un pequeño mundo en caos permanente. Reynel Veleño, uno de los periodistas de RCN que estuvo en el cubrimiento, recuerda el salón anexo que había para los asesores de los constituyentes; “El ambiente era terrible, una locura: papelería, computadores, teléfonos sonando todo el día, mensajes que iban y venían, artículos en proceso de redacción, recomendaciones lanzadas al viento, jurisprudencia. Allí se hacía el borrador de lo que iban a tratar los constituyentes y, para ser honesto, era algo casi imposible de cubrir”.Aunque constituyentes como Iván Marulanda, Jaime Castro y Gustavo Zafra coinciden en que las sesiones siempre transcurrieron en calma, hubo una en particular que se desarrolló en un clima de tensión que los cobijó a todos: aquella en la que se decidió la no extradición de nacionales.El periodista Óscar Alarcón, en su libro La Cara Oculta de la Constitución del 91, cuenta un detalle desconocido, incluso, para varios constituyentes. Antes de que se firmara el artículo, a varios de ellos les llegó una carta anónima; el encabezado decía así: “Ya sabemos cuál es la posición que usted tiene sobre el tema de la extradición. ¿Cuántos guardaespaldas tenía Lara Bonilla? ¿Cuántos le van a poner a usted?”. La Constitución y su proceso, es cierto, fue una fiel representación del país. Con sus anhelos, su historia ancestral, su idiosincracia, sus miedos.

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