"La cacería no puede ser ilegal": director Fundación Panthera en Colombia

Agosto 07, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Lina Uribe | Reportera de El País

Cecil, el león cazado ilegalmente en Zimbabue, hacía parte de una investigación financiada por la Fundación Panthera. Esteban Payán Garrido, director de esa organización en Colombia, explica por qué, paradójicamente, la otra cacería, la regulada, es un mal necesario.

[[nid:451907;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/08/esteban-payan.jpg;full;{Esteban Payán Garrido, director de la Fundación Panthera en Colombia. Foto: Archivo Particular}]]

La muerte de Cecil, el león de 13 años que fue cazado a principios de julio en Zimbabue por un dentista estadounidense, revivió el debate sobre la cacería en el mundo: por un lado, las voces de algunos animalistas exigen que esta práctica no sea permitida bajo ninguna circunstancia; por otro lado, los amantes de la  caza continúan defendiéndola. Lea también: Conozca al león Cecil, la estrella de miles de turistas en Zimbabue

Al debate se le añade ahora el caso de Sabrina Corgatelli, una cazadora originaria de Idaho (Estados Unidos) y reconocida por publicar en sus redes sociales fotos con los animales que caza, acompañadas de textos bíblicos.

En su última publicación Sabrina posa al lado de una jirafa muerta. Aunque no se ha comprobado que su actividad de caza sea ilegal, el asunto sigue causando escozor entre los internautas.

Esteban Payán Garrido, doctor en Biología y director de la Fundación Panthera en Colombia, transita a diario una delgada línea: aunque es un defensor empedernido de la conservación de la fauna, también es consciente de que la cacería es una práctica necesaria siempre y cuando sea regulada.

Precisamente, la fundación para la que trabaja se encarga de crear y aplicar estrategias de conservación para los gatos mayores más amenazados del mundo: tigres, leones, jaguares y leopardos de las nieves. Especialista en felinos, Payán lleva más de 15 años estudiándolos y convivió con ellos durante dos años mientras hacía su doctorado en el Amazonas.

 Casos como los de  Cecil y la jirafa generan siempre indignación,  pero aun así la cacería sigue siendo una práctica legal en muchos países. ¿Qué sucede?

Este es un tema de muchos matices. La cacería legal deja unos dividendos inmensos que se invierten en la conservación de parques nacionales, entonces mientras no surja un reemplazo para estos fondos, la cacería no puede ser ilegal. Cuando sucede algo como lo de Cecil, aunque es un acto repugnante, no se justifica una posición generalista. Prohibir la cacería de trofeos hoy en África dejaría a múltiples especies amenazadas de extinción más vulnerables a las amenazas presentes.

¿Cómo se define en qué sitios es legal o no? ¿Cuáles animales pueden morir?

Hay investigaciones científicas que se tienen en cuenta, las características del coto (lugar) de caza y censo de los animales que lo habitan, para definir cuáles pueden hacer parte de la cuota dispuesta para la cacería (generalmente entre 2 y 5%). Por ejemplo, un león macho que está en pleno apogeo y es el líder de su manada no puede ser cazado porque esto generaría un efecto en cadena, es decir, la manada queda desestabilizada y afectaría de inmediato la vida de unos 20 cachorros por la toma de un nuevo macho alfa que mataría a los cachorros jóvenes y desplazaría a los subadultos.

Por el contrario, cuando un león ya ha tenido sus crías y es desplazado naturalmente por otro  que asume el liderazgo de la manada, queda deambulando solitario o en coalición de machos  y podría ser cazado sin generar efectos negativos. En sitios con verdadera regulación se cumplen ciertos criterios en los que inclusive interviene el Estado para definir cuántos animales podrán ser dispuestos  cada año. Sería ideal que ninguno, pero es imposible por cuestiones de sostenibilidad financiera para la conservación.

***

Cecil fue cazado en Zimbabue,  estado africano donde la cacería es poco regulada. El león adulto vivía en el Parque Natural de Hwange, reserva  de la que fue sacado usando como carnada un animal muerto. Luego lo cazaron con arco y flecha, pero no murió de inmediato y deambuló herido por cerca de 40 horas. Cuando lo encontraron de nuevo, le dispararon con una pistola y le cortaron la cabeza a modo de trofeo.

Pero este no era un león común. Cecil hacía parte de un programa de investigación de la universidad de Oxford cuya finalidad era recoger datos sobre su forma de vida y longevidad. Dicho programa era financiado por la Fundación Panthera, de la que hace parte Esteban Payán Garrido.

 Usted mencionaba que gracias a la cacería legal es que subsisten los parques nacionales, ¿cuánto les dan por cada animal cazado?

La cacería de trofeos es permitida en 23 países en el mundo. Donde ha estado bien manejada, los fondos que deja son importantísimos para la conservación. Por ejemplo en Tanzania el 92% de las entradas financieras de la reserva Selous provienen la actividad de cacería legal de trofeos. La recuperación de especies amenazadas como el rinoceronte blanco se dio, en gran parte, gracias a partidas de dinero provenientes de cacería de trofeos legal en Sur África. La cacería provee más insumos económicos que el turismo y muchos otros usos de las tierras que no contemplan animales. Tenemos que velar es por la regulación y la legalidad, que los cotos de caza sean legales, que tengan todos los papeles en regla y que no saquen los animales de los parques nacionales o de las zonas de amortiguamiento, como lo que hicieron con Cecil.

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