La actriz y mujer desdoblada

La actriz y mujer desdoblada

Mayo 22, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co I Redacción
La actriz y mujer desdoblada

La serie de Caracol evoca hechos que vivió Colombia a finales de los años 70.

Cuando era niña le acomplejaban sus labios, que a sus 34 años son el objeto de distracción de muchos. Flora suelta la perla: “De pequeña sentía que tenía una boca muy grande”, y sonríe.

Cuando era niña le acomplejaban sus labios, que a sus 34 años son el objeto de distracción de muchos. Flora suelta la perla: “De pequeña sentía que tenía una boca muy grande”, y sonríe.Para Luis Ospina, quien la dirigió en la película ‘Soplo de vida’, detrás de Flora Martínez hay misterio. Él dice que verla es sentir que hay siempre un enigma, ese que tienen las grandes actrices. “Tiene un rostro que la cámara adora”, dice él. Es como si los embrujara a todos, empezando por directores de cine como Emilio Maillé que vio en ella algo especial y no dudó en darle el papel de Rosario Tijeras entre 63 aspirantes. Al casting no llegó con aires de diva, sino vestida como una muchacha de una comuna. Bastaron 20 segundos de diálogo, pronunciados con esa voz mezcla de niña y mujer, para convertirse en la sicaria.Ella misma se define: depresiva, sensual, conquistadora y una parcera. “Tengo todos los extremos, mucha fortaleza para derrumbar el muro, si fuera necesario, pero la fragilidad que eso contiene también”, dice. No siente que tenga la imagen de una niña bien. Se identifica más como “una gamina absoluta”.Aclara que lo de niña frágil no es actuación. “Soy una dualidad. Puedo ser fuerte y capaz contra todo el mundo, pero soy muy frágil por dentro”, dice.Su mejor definición de sí misma es “soy una niña con un alma vieja”. Quizás porque hasta los 14 años que vivió con su mamá en Canadá, su país de origen, no hubo restricciones. Hubo licencia para todo: Rumba pesada, sexo, drogas y alcohol. En Colombia, el amor de su papá le dio más alas.Ya como estrellita de televisión, lideó los demonios de su fama precoz. Todos le soportaban su malcriadez de quinceañera, para disfrutar de su ángel y de su talento.Flora le espinó el corazón a más de uno: al actor Luis Miguel Hurtado, al periodista y humorista Jaime Garzón, a quien le hacía grandes pataletas, al cantante Andrés Cabas y al productor de ‘Rosario Tijeras’, Gustavo Martínez. De su saga de amores, Flora dice que si desbarató matrimonios en la puerta de la iglesia, no se enteró, y que espera no haber partido corazones, porque ella sólo quiere llenarlos.No es de arrepentimientos. Nunca se arrepintió, por ejemplo, de la bofetada que le dio a la actriz mexicana Adela Noriega fuera del set de grabación. “No, no me arrepiento, era necesario. De pronto hoy la invitaría a tomarse un café y le hablaría de lo que pienso. Pero ante las injusticias uno siempre se tiene que levantar, ojalá no cacheteando al otro, pero sí diciendo las cosas como son”. A sus celos enfermizos, esos que la llevaron a hacerle escándalos públicos a Garzón, sí parece haberles hecho un conjuro. “Cada día afirmo más que los celos y el pretender poseer a otro ser humano es lo más absurdo y lo más ignorante que puede haber. Cada ser tiene su camino y su búsqueda y uno tiene que aprender a amar a las personas como son y por lo que son”, afirma.A los 26 años que tuvo que huir de Colombia para exorcizar la nostalgia, la que le causó el asesinato de Jaime Garzón, pues culpaba de éste a toda Colombia. Hoy aún siente que “un país que mata a su payaso, mata su alma, asesina la risa”. Poco a poco Garzón se convirtió en “un ángel de la guarda que la acompañaba a todas partes” y cuya vida habían apagado unas personas muy malas, que la culpa no era de todos. Hoy lo define como el hombre que le ayudó a mirar con claridad, a ver las cosas con sentido del humor. Pero su fuga a Nueva York no sólo la motivó el dolor, quería exorcizar sus demonios, esos que le despertó la fama precoz. “Por eso me fui, para tomar un poco de distancia con lo que había pasado y eso me permitió aprender muchas cosas”, cuenta. Pronto se decepcionó. Y su conclusión de Hollywood es que es de mentiras. Vio mucha frialdad ante el proceso creativo, esa que no ve aquí, donde en una película independiente todos tienen que ver y hay pasión. “Allá es cada uno en su carrito, en su camerino y después sale y todo es escéptico, como cuando uno va al dentista. Es muy frío, no, no me apasionó”, le contó una vez a El País.No niega haber hecho casi de todo en Nueva York, dictó clases de teatro a niños del Bronx y de Queens que tenían cantidad de problemas, posó desnuda para pintores, sirvió café a los turistas, soportó borrachos atendiendo cocteles nocturnos y recibió de paso clases de humildad.Pero la mayor lección de su vida se la ha dado su hija con el productor musical uruguayo José Reinoso, Sofía, quien el próximo 13 de junio cumplirá 1 año. Flora dice ahora que: “Mi hija me ha dado todo lo que la actuación no me ha dado. Antes me estancaba, me hundía en la profundidad del personaje. Ahora me meto y me salgo rápido, porque tengo que seguir siendo mamá”.Quien también le da lecciones diarias de rigurosidad es su esposo, el productor musical uruguayo José Reinoso. Y aunque el estilo de ella se asemeja más al de Norah Jones, “rockerito”, su amado la ha acercado al jazz. Es su crítico, el que más palo le da, en especial como cantante. Y esa exigencia, admite Flora, es lo que más le gusta de él. Antes de agosto saldrá el disco de la serie, en el que ella canta tango. Por ahora, está a la expectativa de embrujar a los colombianos en la serie de Caracol, ‘La Bruja’. Confiesa que tiene sus poderes: “A veces me funcionan los mantras, otras veces visualizo a los ángeles”. ¿Usted qué cree? ¿Será que Flora cuadra en su propia definición de las brujas?: “Tienen que ser bellas. En tiempos remotos, las mujeres que embrujaban con su físico también podían hacerlo con otros encantos que nadie entendía entonces: intuición e inteligencia”.

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