Jérico, un pequeño pueblo antioqueño, vive los otros 'milagros' de la madre Laura

Mayo 12, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País
Jérico, un pequeño pueblo antioqueño, vive los otros 'milagros' de la madre Laura

Las imágenes de la Madre Laura, las estampitas, los velones, los escapularios, se venden en el pueblo como pan caliente. Ninguno de los visitantes, ni siquiera los ateos, se resisten a llevarlas.

En Jericó, el pueblo antioqueño donde nació la primera santa de Colombia, suceden cosas que sus habitantes califican como asombrosas: por fin arreglaron la vía de acceso. Y en estos tiempos de desaceleración económica hay bonanza. Hasta los ateos empezaron a creer.

El pueblo, caminándolo, me recuerda a Melo, la ciudad uruguaya de la película El Baño del Papa. En Melo, en la película, los habitantes se preparan para la visita deJuan Pablo II. Esperan, por lo menos, a 50 mil peregrinos. Entonces unos trabajan día y noche preparando chorizos, bollos, choripanes, otros elaboran estampitas, otros banderas y Beto, el protagonista, un baño.  El final es triste. Apenas llegan unos cuantos visitantes y Melo se queda con todo preparado.Jericó, Antioquia, el pueblo donde nació la hermana Laura Montoya, la primera santa de Colombia, luce igual de agitado al pueblo de la película. Los artesanos han estado trabajando a doble jornada; los restaurantes han incrementado el personal;  los comerciantes tendrán abiertos sus locales las 24 horas desde el sábado hasta este domingo, cuando en Roma canonicen a la hermana Laura y aquí se vea el acontecimiento en pantallas gigantes. Todos ellos esperan a 30 mil peregrinos. Dos veces la población del pueblo. Jericó empieza a vivir del milagro.Jairo Arango, 46 años, hace cuentas tras la barra de su restaurante Club Colombia, ubicado frente al parque principal. Para atender a todos los comensales que supone vendrán, compró 500 kilos de carne. También adquirió un mueble buffet que le costó ocho millones de pesos. De 13 empleados que tenía hace un mes, pasó a 25. Y piensa convertir un salón atestado de mesas de billar en un comedor. Aún busca las sillas. No hay disponibles.  Muy cerca de allí, en Mercados El Pielroja, una miscelánea que tiene en una ventana un altar para la santa Laura,  Elkin Arias visualiza un milagro: que sea tanta la gente que llegue, que los estantes repletos de atunes, panes, papas fritas, papel higiénico, jabones, aceites, refrescos, queden vacíos en un santiamén. Elkin también hace cuentas: aumentó la cantidad de productos de la tienda en un 40%. La santa está logrando que hasta los incrédulos crean. Elkin, a pesar de ese altar,  es ateo.Pero los más felices de Jericó son los dueños de los hoteles.  Para este fin de semana ya no había una sola habitación disponible. Desde distintas partes de Colombia las reservaron cuando se anunció que a la hermana Laura la canonizaban este domingo, justo el Día de la Madre. Eso hace pensar que en Jericó habrá un final distinto al de Melo, el pueblo de la película. Las tarifas, por supuesto,  aumentaron.  Una habitación sencilla que hace unos meses se reservaba en treinta  mil pesos, ahora cuesta 50.000.  El capitalismo, las leyes de la oferta y la demanda, llegan hasta los confines de la tierra. Jericó está a tres horas y media en bus desde Medellín. Daniela Agudelo también está feliz. Es vendedora de artículos religiosos. Ella, inclinada sobre una vitrina, le agradece a la madre Laura ese hecho asombroso, la bonanza de su almacén. Lo mismo sucede con Harbey Correal, propietario del local Jericó Real. La Santa y su imagen se ofrecen en vasos, carrieles, dulces, camisetas, escapularios, dijes, anillos, portarretratos, llaveros, pañuelos. Y todo eso se vende como  tinto.  La religiosa es la única bonanza que los habitantes de Jericó están dispuestos a tolerar. En las casas hay colgadas banderas que dicen ‘No a la minería’. Las montañas que rodean el pueblo están repletas de oro y ya una compañía estadounidense las está explorando. La gente se resiste. Con el oro, se quejan, llegan los grupos armados, las prostitutas, la contaminación del agua. La santa Laura es la esperanza. Creen que será protección contra las multinacionales.  La bonanza que ella ha traído quizá espante la ambición por el metal.  Quién sabe.En el parque del pueblo, Fátima García, Gloria Gallego y Consuelo Muñoz conversan sobre otro milagro de la santa: el arreglo de la carretera que conduce hasta Jericó. Si no fuera por la hermana, están seguras, la Secretaría de Infraestructura de Antioquia no se habría asomado por estos parajes tan lejanos,  donde, fíjese, han nacido colombianos tan ilustres: el escritor Manuel Mejía Vallejo; el médico Héctor Abad Gómez; el periodista Javier Darío Restrepo; la acuarelista Jesusita Vallejo de Mora y claro, la hermana Laura.Pero ellas, Fátima, Gloria y Consuelo, como muchos que no tienen nada que ver con el comercio o con los restaurantes o con los hoteles, están asustados por la multitud de creyentes que han llegado. Y eso nadie se ha atrevido a decirlo en la televisión: si efectivamente llegan esas 30 mil personas, por ejemplo, la planta de tratamiento de aguas residuales podría colapsar. Fue construida para soportar una población como la del pueblo, de unas 17 mil personas.También se preguntan dónde van a botar la basura que generen 30 mil creyentes. Y más grave aún, por dónde van a caminar ellos, los habitantes del pueblo. Enseguida recuerdan una recomendación del alcalde, David Alonso Toro, que está en Roma: no dejar las casas solas. No solo por seguridad, sino también para que los que lleguen tengan por dónde moverse. Si hoy los pobladores de Jericó salen a la calle y se suman a los visitantes, prácticamente no habrá por donde moverse. Ellas, las mujeres del pueblo, se ríen con ironía. Aunque la fiesta de la santa Laura es de ellos,  los habitantes, muchos se la perderán, no saldrán de sus casas.En todo caso, cuando todo el agite pase, esperan un cambio. Tener  la primera santa de Colombia deberá servir para resolver algunos problemas del pueblo. Consuelo  habla del desempleo. A pesar de que en los últimos meses la hermana y su imagen han movido la economía, aún hay mucha pobreza.Fátima agrega que el cuerpo de bomberos necesita dotación de equipos y una máquina. Gloria espera que uno de los colegios más tradicionales, La Normal Superior, sea abierto de nuevo. Se hicieron unas obras, quedaron mal hechas, y los estudiantes están arrimados en el Seminario.Nelson Restrepo, miembro del centro de historia de Jericó, dice que es necesario construir una universidad para el oeste de Antioquia. Aquí los estudiantes terminan el bachillerato y deben viajar a Medellín o a Bogotá para ingresar a la educación superior. También se requiere arreglar las vías terciarias. Jericó tiene 32 veredas. A los campesinos se les dificulta sacar sus productos por esas trochas empantanadas.En  el pueblo que vive del milagro de la santa Laura, esperan que por fin el Estado le ayude a concretar otros milagros tan necesarios. 

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