Internados en la selva, socorristas buscan más víctimas de avalancha de Mocoa

Abril 03, 2017 - 12:58 a.m. Por:
Redacción de  El País
Rescatistas Mocoa

Una ardua labor han tenido los rescatistas colombianos, quienes aún buscan sobrevivientes bajo los escombros en Mocoa.

EFE/ El País

Un ejército de 400 socorristas, acompañados por perros entrenados en labores de rescate y apoyados por cuadrillas de helicópteros, recorre las cuencas de los tres ríos que en la madrugada del sábado arrasaron el municipio de Mocoa, con el fin de determinar si hay más víctimas en las zonas selváticas de la región, o tal vez algunos sobrevivientes.

Esa es una de las mayores prioridades de los organismos de socorro, 48 horas después de que se desatara una tragedia cuyo balance sigue creciendo frente al asombro de los colombianos.

Y es que ni las mismas autoridades logran dar crédito a lo que encuentran en Mocoa con el paso de las horas, hasta el punto que los mismos informes oficiales se han quedado rezagados en cuanto al número de víctimas.

En la noche del domingo, cuando todos los periodistas destacados en la zona informaban la cifra de 248 muertos revelada por el director de Medicina Legal, Carlos Eduardo Valdés, fueron sorprendidos por un nuevo reporte oficial del presidente Juan Manuel Santos vía Twitter.

"Me informan que desgraciadamente la cifra de muertos subió a 254", dijo el jefe del Estado a través de esa red social.

La cifra de heridos se mantiene en 203. Sin embargo, La gran pregunta de las autoridades encargadas de atender la emergencia es si todavía puede haber más víctimas por fuera del casco urbano de Mocoa.

Y es que la avalancha fue de tal magnitud, que se sospecha que en los
cauces de los ríos Mocoa, Sangoyaco y Mulato puede haber más cadáveres. O, quizá, también sobrevivientes.

Según el reporte oficial que entregó el domingo el presidente Santos en la zona, "no tenemos ninguna persona oficialmente declarada como desaparecida".

Pero Mocoa es hoy una población por la cual deambulan numerosas personas buscando a familiares y amigos de quienes no saben nada desde la noche del viernes.

Muchas de ellas aún no saben si sus seres queridos hacen parte del grupo de las 254 víctimas. ¿La razón? El proceso de identificación avanza lentamente, y hasta anoche solo se contabilizaban 45 cadáveres plenamente identificados.

El director de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, Carlos Iván Márquez, dijo que "tenemos un reto grande que es el de continuar con la búsqueda de desaparecidos, por eso hay 400 expertos por la cuenca de los ríos".

Agregó que "también estamos apoyándonos por vía aérea con los helicópteros, y además hay un soporte en la parte de Puerto Guzmán y Puerto Limón con unos botes inflables".

Pero se trata de una tarea de gran dificultad, pues Mocoa es una población enclavada en las selvas del sur del país, y los tres rios desbordados hacen parte de un compleja red hidrológica que corre por entre zonas de espesa selva.

El río Mocoa y sus afluentes Sangoyaco y Mulatos formaron riadas de agua, lodo, piedras y árboles que arrasaron 17 barrios de esta ciudad, de unos 45.000 habitantes.

El Mocoa, en particular, es una enorme corriente de agua que proviene de la parte alta de la cordillera de Los Andes y avanza rauda en busca del enorme río Caquetá. Y por estos días su cauce genera miedo entre los habitantes de la zona, que hace mucho no lo veían tan crecido.

Según el director del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Omar Franco, en la zona de Mocoa se registraron entre la noche del viernes y la madrugada del sábado, 129 milímetros de lluvia. Esa cifra es casi la tercera parte de lo que cae históricamente en un mes. Y "el 80 % cayó en tres horas".

"La precipitación tan concentrada en el tiempo contribuyó a esta inmensa tragedia. En los últimos 25 años en esa zona habíamos tenido precipitaciones incluso superiores, pero sin embargo eran dispersas en 24 horas", reconoció Franco.

Así está la zona de desastre

Mocoa pasó su segunda noche a oscuras luego de la avalancha, convertida en algo muy distinto de lo que tradicionalmente fue.

Una espesa capa de lodo en la que sobresalen restos de casas, muebles, troncos y decenas de vehículos arrastrados por fuerza de la naturaleza, domina el paisaje de los 17 barrios por donde corrieron los tres ríos desbordados.

En la zona central de la ciudad algunos establecimientos cuentan con energía, pero en las zonas más alejadas la luz es nula. Por ello, centenares de militares patrullan las calles para evitar saqueos, especialmente en las zonas comerciales donde el agua ha arrasado buena parte de los mecanismos elementales de seguridad como puertas o cierres metálicos.

Algunos restaurantes han recurrido a las velas para poder dar algo de luz a sus clientes y mantener la luz prendida. En los albergues dispuestos para las familias que han perdido todo en la avalancha, motores de gasolina mantienen varias luces prendidas.

Así sucede también en alguna de las iglesias, que no solo están dando cobijo físico sino también espiritual a los mocoanos.

Mientras tanto, centenares de personas se agolpan en las puertas de la morgue a la espera de noticias sobre identidades de las víctimas. Debido a que el lugar está atestado de cadáveres, las autoridades debieron trasladar cuerpos hasta el cementerio, donde también se adelantan labores de identificación.

Al caos de la pequeña ciudad se suma ahora el olor a muerte. Víctor Andrés Montenegro, uno de los sobrevivientes, buscaba ayer domingo a su esposa y su hermana entre las listas del hospital, en medio de la confusión y el temor.

"En mi corazón no siento que estén muertas, pero en el momento que viví cuando se produjo la avalancha sentí morir, y no creo poderlas encontrar con vida. Si se da eso es una bendición y no pierdo las esperanzas, pero siendo realistas, viendo las consecuencias de ese desastre que pasó, es imposible".

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad