Historia de pareja gay a la espera de un firma para sellar el amor

Historia de pareja gay a la espera de un firma para sellar el amor

Abril 17, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Historia de pareja gay a la espera de un firma para sellar el amor

El pasado fin de semana cerca de 250 jóvenes con tendencia homosexual marcharon por el sur de Cali para exigir que sea aprobada la ley del matrimonio igualitario.

Una pareja gay, que convive desde hace 14 años, relata su experiencia. Ellos aseguran que su relación de pareja es “normal, como cualquier otra”.

“Profe, yo se cuál es su secreto”¿Cuál secreto? ¡Dígame!- Si me sigue poniendo tantas tareas se lo voy a decir, pero a la directora.El niño se marcha corriendo con una risa burlona. El maestro se queda dubitativo, pero intenta mantener la calma. Tan solo lleva cuatro meses en la institución educativa oficial en un municipio del Norte del Valle del Cauca y recibe presiones por parte de sus estudiantes. Había ocurrido en otros colegios.Mateo* sostiene que no le apena que la gente sepa de su inclinación sexual. Incluso, cuenta que desde hace catorce años comparte su vida con Enrique* y desde entonces, su familia, sus vecinos y todos sus amigos lo saben. Pero le inquieta que las directivas del colegio en el que fue contratado vean su relación como ilegal y termine perdiendo el trabajo que obtuvo gracias a un concurso de méritos después de una implacable búsqueda.Explica que si el proyecto de ley que promueve el matrimonio entre parejas del mismo sexo es aprobado, no temerá cuando quieran incomodarlo por el amor que siente por otro hombre.**Mateo es docente y filósofo, tiene 32 años. Enrique a sus 55 años trabaja en una empresa como ingeniero industrial. Viven juntos desde hace catorce años en el barrio San Antonio. Su relación de pareja es “normal, como cualquier otra”.Se conocieron en la época estudiantil, se enamoraron y, al principio, vivieron en un cuarto y decían a cada una de sus familias que eran compañeros de estudio. A los dos años decidieron enfrentar la realidad.Enrique dice que entre sus padres el amor fue bien recibido y ahora las reuniones de primera comunión, bautizos, cumpleaños, celebraciones de fines de año, días de la madre, del padre, se celebran con todos sus hermanos, primos, tíos, sobrinos en la casa que compró con Mateo desde hace nueve años en el barrio San Antonio.En una de las mesas de la sala una secuencia de fotografías en blanco y negro, sepia y color resume mejor la historia: Rostros felices.Su relación sería casi perfecta si también pudieran, como hacen las parejas heterosexuales, tomarse de la mano cuando van por la calle, o escriturar la vivienda que consiguieron con la firma de los dos, o tener como beneficiario de la seguridad social a su pareja o la certeza de que el día que uno de los dos fallezca la pensión le será adjudicada a ese ser que por años lo acompañó en las tristezas y las alegrías, la riqueza y la pobreza, la enfermedad y la salud, como pasa con el resto de parejas “normales”.Pero Enrique corta su relato. A Mateo le da angustia perder su trabajo, a Enrique perder la vida porque “aunque mi familia es consciente de que lo que tenemos lo hemos conseguido entre los dos, mi compañero puede quedar desamparado”.Explica que las relaciones estables entre la comunidad homosexual no son muy comunes, pero cuenta un par de historias que en algún momento florecieron y se llenaron de dicha como la suya, pero tuvieron finales tristes.“Ellos convivieron durante casi 20 años. En esa época la situación sí era difícil, no como ahora que esto de los gais se ve con un poco más de naturalidad. Él tenía una discoteca y entre los dos la levantaron y le dieron prestigio. De repente él se enfermó y al poco tiempo murió. Lo lógico era que su compañero quedará en representación del negocio, pero la familia del señor le quitó hasta el televisor. No solo sufrió por la pérdida de su ser querido, sino porque se quedó con las manos vacías después de tener un sustento”.Enrique y Mateo hasta ahora y durante sus catorce años de convivencia jamás han realizado una ceremonia para validar ese “amor perfecto”, como lo llaman ellos, pero si el Congreso de la República decide aprobar la unión matrimonial de las parejas del mismo sexo, se casarán de inmediato.Como las otras parejas normales, esas que se forman entre un hombre y una mujer, también sueñan con viajes en el exterior. Anhelan una postal más para la mesa de la sala de la casa, una en la que quede plasmada su visita como esposos a la Gran Manzana, en Estados Unidos.* Nombres cambiados

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