Guachené, el pueblo caucano que descubrió una especie de hongos comestibles

Guachené, el pueblo caucano que descubrió una especie de hongos comestibles

Enero 09, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Anderson Zapata R | Especial para El País

En la vereda El Guabal, en Guachené, Cauca, siete madres cabeza de familia encontraron en el cultivo de hongos una alternativa nutricional y de comercialización que mejorará la calidad de vida de sus hogares.

¿Los hongos se pueden comer? Esa era la pregunta que muchos hacían con gran asombro cuando un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Occidente, UAO, de Cali les dio la noticia a los pobladores de la vereda de El Guabal, Guachené, en el departamento del Cauca, de que en su territorio se producía un hongo que se podía comer y utilizar como ingrediente en diferentes platos.

Nadie lo creía. Para ninguna persona de la comunidad afro del lugar era posible asimilar que estos organismos que crecían en el  bagazo de caña se pudieran comer. “Al principio los pobladores de la vereda se negaban a probar los hongos hasta que los probaron en un seviche al cual le cambiamos el camarón por el hongo Pleurotus Ostreatus. Les pareció delicioso”, explica Marisol Gordillo, docente de la UAO y  coinvestigadora del proyecto.

Todo esto no hubiese sido posible sin la llamada que hizo Freddy Arroyo, ingeniero de planta de la empresa Carvajal Pulpa y Papel ubicada en la vereda El Guabal. Él se comunicó con docentes de la UAO y les explicó que un hongo desconocido crecía en los residuos del bagazo de caña, con el fin de que se realizara una investigación para determinar qué clase de organismo era el que se estaba originando en la planta de Carvajal.

“Las primeras impresiones tomadas de las muestras microscópicas nos arrojaba que el hongo tenía características similares al Volvariella, una especie de hongo comestible cultivado en todo el este y sudeste de Asia y ampliamente utilizado en la culinaria asiática”, asegura Julio César Wilches, docente investigador del proyecto.

Este hongo crece sobre materias en descomposición, raíces y troncos de diferentes especies de árboles caducifolios, es decir, los que pierden su follaje durante una parte del año. También suelen darse sobre ramas muertas de manzanos.

Actualmente el Volvariella está siendo estudiado y analizado detalladamente en Estados Unidos   para obtener  muestras microscópicas más avanzadas y poder determinar si es comestible o no.

 Mientras se realiza el proceso de identificación del Volvariella, el grupo de investigadores de la Universidad Autónoma decidió cultivar el hongo Pleurotus Ostreatus en el bagazo de la caña, pues se tenían referencias que este tipo de hongo se adaptaba muy bien a las condiciones climáticas de la región.

 “La apuesta era que mientras se realizaba la identificación del Volvariella  desarrolláramos otros proyectos y estudios con otros hongos que crecieran en el bagazo”, explica Wilches.

 Fue en ese momento cuando el grupo de investigación en Estudios Ambientales para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Autónoma, se puso en marcha para ver cómo el Pleurotus Ostreatus podía servir para contribuir a la seguridad alimentaria de comunidades con déficit alimentario en el Cauca. Este equipo cuenta con una línea investigativa de hongos comestibles sobre sustratos agroindustriales.

Los investigadores trabajaron en el Laboratorio de Micropropagación de la universidad para adaptar las cepas del hongo a las condiciones climáticas del trópico. Posteriormente, se seleccionó a El Guabal como la zona ‘piloto’ donde se observarían los beneficios de promover el hongo como parte de la dieta y como producto comercializable para una comunidad específica.

Para que un hongo sea comestible no debe tener ningún efecto negativo para el consumo humano.

Deben ser agradables y fáciles de digerir. Los Pleurotus Ostreatus son muy apetecidos por su contenido nutricional. Tienen buena cantidad de proteína, son bajos en grasas y ayudan a controlar el colesterol. 

“Además, contienen unos metabolitos secundarios y compuestos orgánicos que ayudan a eliminar algunos microorganismos. Se pueden usar para eliminar parásitos. Otros ayudan a activar el sistema inmunológico”, comenta el docente investigador Julio César Wilches.

El trabajo con la comunidad

Lograr un acercamiento con la comunidad fue uno de los trabajos más difíciles, pues no sabían cómo se podía utilizar un hongo para preparar alimentos ni conocían sobre las características nutricionales de estos. 

  Marisol Gordillo comenta que “los pobladores  se mostraban muy desconfiados, ellos pensaban que los hongos eran las casitas de los sapos. Esta reacción era normal porque dentro de su dieta alimenticia ellos no comen hongos”.

Para vencer estas barreras se realizaron presentaciones del proyecto a los miembros de la comunidad donde  se explicaba todo sobre los hongos. Fueron ellos quienes decidieron darle un valor agregado al producto ya que, además de consumirlo, decidieron cultivarlo y comercializarlo. Las capacitaciones teóricas y prácticas en las instalaciones de la UAO fueron lideradas por la Fundación Propal.

El  proyecto busca ayudar a las mujeres cabeza de familia de El Guabal para que tengan un ingreso adicional como Flor Zamira Silva, quien tiene tres hijos y trabaja esporádicamente vendiendo pomadas por las calles de la vereda. Sin embargo, esto no es suficiente para cubrir todas las necesidades del hogar. “El cultivo de hongos  es una muy buena opción, nosotras queremos trabajar para mejorar la calidad de vida en nuestros hogares. La Fundación Propal y la Universidad nos han brindado todo el apoyo. Es un buen negocio”, explica Flor Zamira.

El Pleurotus Ostreatus ya se está cultivando en una  microestación que se construyó en la vereda y estará listo en febrero del 2017. 

El hongo probablemente  se comercializará como ingrediente de antipasto y para agregar a las ensaladas. Su valor aproximado estará cerca de los  $5000 la libra. Las expectativas son altas en la comunidad.

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