Gabo: un hombre tan hábil para la literatura, como para la ternura

Gabo: un hombre tan hábil para la literatura, como para la ternura

Abril 19, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Gabo: un hombre tan hábil para la literatura, como para la ternura

La periodista barranquillera Nilva Sofía Rodríguez en su encuentro con el Nobel, en 1993.

La periodista Nilva Sofía Rodríguez, de Barranquilla, narra el singular encuentro que tuvo con el Nobel en 1993. Él fue quien hizo las preguntas aquella vez.

Esa noche de sábado, en 1993, los periodistas que estábamos en el parqueadero del estadio Romelio Martínez, de Barranquilla, esperábamos expectantes la presentación de la Orquesta de la Luz, la agrupación japonesa de salsa que revolucionaba al mundo.Ya habían pasado varios teloneros, entre ellos El Checo Acosta, cuando, de pronto, la atención de todos se centró en una algarabía que provenía de la entrada de la KZ. Al voltear a ver, la sorpresa de la vida: llegaban Gabo, su mujer Mercedes Barcha; el político Fuad Char, su esposa y varios acompañantes. Todos quedamos asombrados por la inesperada presencia del Nobel y, por supuesto, todos los periodistas quisimos ir a buscar la entrevista con él. Pero enseguida sus acompañantes nos frenaron: “No, olvídense, a él le da rabia que lo entrevisten en un evento al que solo viene a disfrutar”.Decidimos, entonces, ubicarnos a su alrededor, haciéndole una ronda, periodistas y curiosos. Estaba ya sentado riéndose con Fuad Char cuando fijó su mirada en alguien en particular. La llamó con la mano. Miré de un lado a otro par ver de quién se trataba. Cuando insistió con su mano, me di cuenta: ¡Me estaba llamando a mí! Un poco asustada, me acerqué. Lo primero que me dijo fue: ¿Qué tanto me miras? Le respondí: lo mismo que todos aquí, lo miro porque lo admiro. Estoy feliz de verlo.-Ven acá, quédate aquí conmigo, me dijo con ternura. Me acomodé a su lado, en cuclillas, y fue él quien empezó a entrevistarme. No sé por qué llamé su atención, solo recuerdo que debí tener una cara de boba, de anonadada, por tan increíble invitación. - ¿Qué edad tienes tú?- 23- ¿Y qué haces aquí?- Soy periodista- Ñeeeerrrcoles, la embarré.- Ay, no, no, maestro, no se preocupe, no lo voy a entrevistar.- Bueno, ¡no me entrevistes! ¿Y en dónde trabajas?- En el diario La Libertad.- Yo conozco a don Roberto (dueño y director de ese periódico, especializado en crónica judicial). - ¿Y qué haces allá?-Soy periodista cultural y de la página social. Y a propósito, maestro, ¿como vé las posibilidades de un Nobel para otro colombiano? ¿Mutis lo ganará algún día?- Ojalá se lo ganara, yo le tengo un gran aprecio, es mi gran amigo. Bueno, pero ¿qué edad me dijiste que tienes?- 23 maestro. - A esa edad yo ya escribía editoriales.- Guaaooooo.- En ese tiempo apenas me ganaba diez centavos por cada editorial.- Ay, eso no ha cambiado, estamos muy mal pagos todavía.Luego de reír por mi respuesta, me dijo: - ¿Y tú tienes novio?- Cómo le parece maestro que en este mismo instante, en la iglesia San Francisco se está casando quien fue mi novio por siete años, Leonardo Toledo Herrera.- ¡Cómo va a ser! Si la noticia está allá, no acá...- Pero mire cómo es Dios de maravilloso y perfecto: permitió que este día yo lo recordara no como el día en que se me casó el novio de toda la vida sino como el día en que conocí a Gabriel García Márquez y tuve la oportunidad de conversar con él. Y se quedó mirándome con esa ternura que jamás olvidaré.Quédate aquí a mi lado, me insistió. Y como buen periodista, quiso seguir indagando sobre mi situación.-¿Y por qué dejaste a tu novio de siete años?, me preguntó.Como me sentía abrumada por su presencia y por la emoción, le conté el porqué, una cuestión muy personal.Enseguida, pidió que le pasara mi libreta de notas, en la que yo iba escribiendo todo cuanto conversábamos porque esa noche yo no llevé mi grabadora. Y escribió: “Para Nilva, la que no quiso” (haciendo referencia a que no quise casarme con mi ex novio). Y estampó su autógrafo.Lo más curioso del asunto es que el fotógrafo que me acompañaba esa noche, Rodolfo Mejía, no estaba en esos mágicos momentos conmigo, porque se había ido a cubrir una pelea al otro lado del estadio.Gracias a Dios uno de los colegas le avisó, él llegó corriendo y me tomó las dos mejores fotos de mi vida. Fueron 20 minutos maravillosos, en los que, contrario a lo que he escuchado de colegas que aseguran que él no era jocoso en su diario vivir, yo me encontré con un hombre agradable, muy humano, sencillo, tierno, tranquilo, que me hizo reír mucho con sus bromas en medio de las preguntas.Al día siguiente, escribí un artículo con un tono muy personal que, incluso, despertó la burla de colegas de otro periódico de Barranquilla. Pero no me importó. Haber hecho tan personalizada la nota fue mi propósito, porque yo fui, esa noche, la única periodista que habló con él, pues apenas terminó de hablar conmigo estuvo tomándose fotos con muchas otras personas, pero no habló con nadie más. El artículo lo titulé ‘Encuentro con Gabo, el hombre’, lo escribí en dos cuartillas perfectamente cálidas sobre lo que pasó entre él y yo.La nota que me dedicó ‘Para Nilva, la que no quiso’ y las fotos a su lado las enmarqué, en tamaño mediano. Hoy cuelgan en el comedor de mi casa. Si fuera por mi mamá, su otra gran admiradora, la hubiera mandado a reproducir en tamaño pared. ¡Gracias por todo, maestro!PerfilNombre: Nilva Sofía Rodríguez Pastor.Profesión: Comunicadora Social - Periodista.Estudios: Universidad Autónoma del Caribe, Barranquilla.Graduación: 1991.Trayectoria: reportera en los periódicos Diario del Caribe, La Libertad y El Heraldo, de la capital del Atlántico. Y corresponsal del diario El Tiempo, en La Guajira. Directora de Noticias RCN Radio, en La Guajira. Jefe de Comunicaciones de CorpoGuajira.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad