Gabo: la delgada línea entre ser escritor y periodista

Gabo: la delgada línea entre ser escritor y periodista

Abril 21, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Gabo: la delgada línea entre  ser escritor y periodista

Su paso por las revistas Cambio y Cambio México fue para él la oportunidad de fundar un medio influyente políticamente en compañía de periodistas de primera línea, y de cambiar su máquina de escribir por un Mac.

Del estudiante de derecho que quería escribir cuentos al periodista que engrandeció géneros como el reportaje y la crónica.

El asomo de Gabriel García Márquez al periodismo, actividad que él denominó como “el oficio más bello del mundo”, empezó en 1946 cuando fue redactor del diario El Universal en Cartagena. “A los 19 años, siendo el peor estudiante de derecho, empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso”, recordó durante su discurso ante la 52 Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, en Los Ángeles, en octubre 7 de 1996.En una nota publicada por el diario El País de España, Gabriel García Márquez contó que cuando ingresó a trabajar en El Universal lo primero que le pidieron fue escribir una noticia. La persona que lo contrató “la leyó y lo tachó todo, y fue escribiéndola él entre las líneas tachadas. En la segunda noticia volvió a repetir la misma operación. Las dos se publicaron sin firma, y yo pasé días estudiando por qué cambió cada cosa por otra, y cómo las escribió él. Después ya me fue tachando menos frases, hasta que un día ya no tachó más, y se supone que desde aquel momento yo ya era periodista”.De su primer trabajo se tiene como referencia que la primera vez que el nombre de Gabriel García Márquez se conoció fue el 21 de mayo de 1948, al publicar la columna ‘Punto y aparte’.Luego el joven periodista pasaría a la redacción de El Heraldo de Barranquilla donde en enero de 1950 empezó a publicar una columna denominada ‘La girafa’ y que firmaba bajo el seudónimo de ‘Septimus’. Cuatro años más tarde, García Márquez llegó a la redacción de El Espectador. Allí fue columnista de cine y luego se transformó en cronista y reportero. En su trayectoria también se cuenta su trabajo para la agencia cubana de noticias, Prensa Latina, en Bogotá, La Habana y Nueva York, estar a cargo de publicaciones como Momento, Venezuela Gráfica y colaborar en Elite. Hacia 1974 promovió la revista Alternativa, que se mantuvo vigente hasta 1980 con un perfil de izquierda; y en 1996 adquirió la revista Cambio. La periodista María Elvira Samper, quien compartió con el Nobel en el noticiero QAP y en la revista Cambio expresa que de ‘Gabo’ aprendió que “cualquier tema por insignificante que fuera es digno de ser tratado periodísticamente. Si uno mira todos sus artículos y columnas cualquier tema es susceptible de convertirse en una noticia de interés periodístico. Él como cronista nos mostró que el periodismo tiene linderos con la literatura”. Agrega que una de sus grandes lecciones es que “uno tiene que hacer para cualquier cosa, por pequeña que sea, investigar todo, agotar las fuentes, para poder llegar sino a la verdad, a una versión lo más cercana posible a la verdad”. Roberto Pombo recuerda que en los consejos de redacción ‘Gabo’ era el último en tomar la palabra y “siempre salía con una postura original periodística que dejada a todos deslumbrados. Él era un genio pero no se las daba de genio”. Aunque a García Márquez todos lo conocieron por su amplia producción literaria, él reconoce que siempre tuvo la duda de saber cuál era la diferencia entre la literatura y el periodismo y si él era escritor o reportero. Pero a la hora de escribir encontró refugio en géneros como la crónica y el reportaje uno de sus preferidos. “Mi problema original como periodista fue el mismo de escritor: cuál de los géneros me gustaba más, y terminé por escoger el reportaje, que me parece el más natural y útil del periodismo. El que puede llegar a ser no solo igual a la vida, sino más aún: mejor que la vida. Puede ser igual a un cuento o una novela con la única diferencia —sagrada e inviolable— de que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma”, expresó en 1998 al diario La Nación de Argentina.José Luis Novoa, asesor del libro ‘Gabo periodista’, publicado en 2012 manifiesta que el Nobel “le dedicó más tiempo a su obra de reportero que a la de escritor de no ficción, la que le dio fama mundial”. ‘Gabo’, alumno y maestroJosé Salgar, quien fuera su jefe de redacción y maestro en el diario El Espectador, recuerda que Gabo, “un joven flaco y paliducho vino desde la provincia a ponerle la magia del Caribe al periodismo que se estaba haciendo en la fría capital”. En una entrevista al diario El País de España recordó que “Gabo estaba resuelto a brillar en el periodismo. Yo le insistía en que había que torcerle el cuello al cisne, pero él terminó inyectándole cisne a algunas historias, como el ’Relato de un náufrago’”. Eso de torcerle el cuello al cisne era revelar la verdad por encima de todo y no dejarse guiar por lo superficial.Ya en las redacciones de QAP Noticias y la revista Cambio, él era el maestro y padre de los noveles periodistas, como lo recuerda la periodista María Elvira Samper. “Tuvo una gran cercanía con los periodistas, nunca creyó estar por encima de ellos. Él tenía la originalidad del escritor, del autor, del artista, que muchas veces no es el talento que tenemos los periodistas. Gabo tenía el talento de ver otras miradas y puntos de vista. Él se sentaba con los periodistas, los ayudaba, les miraba los textos, editaba y a veces se establecía una relación muy paternal, era como el gran maestro que contestaba y hacía preguntas. Además, siempre estimulaba a los periodistas a hacer bien su trabajo”.

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