Fuertes declaraciones del ex magistrado Jaime Arrubla

Abril 05, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Miguel André Garrido y Alejandra Bonilla - Colprensa I El País
Fuertes declaraciones del ex magistrado Jaime Arrubla

Jaime Arrubla, ex magistrado.

El saliente magistrado Jaime Arrubla, de la Corte Suprema de Justicia, habló de los momentos difíciles que vivió la justicia durante el pasado gobierno.

Tras terminar su periodo como magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Jaime Arrubla retomará su labor de litigante y seguirá dando clases de derecho.Este antioqueño deja la Corte con la satisfacción de haber materializado un sueño que tenía desde que era estudiante, que al hacerlo realidad lo obligó a afrontar situaciones tan complicadas como el espionaje, las ‘chuzadas’, y los ataques a la independencia judicial. ¿Qué representaron para usted estos ocho años en la Corte Suprema? Fueron muy intensos. En lo jurídico fue una labor muy fuerte para poner al día la Sala de Casación Civil. Tenía siete años de atrasos y cuando entré con el equipo a la Sala hicimos unos planes que nos permitieron, sin aumentar un centavo ni el personal, ponerla al día. Eso le granjeó a la Sala el premio de excelencia a la Justicia en los años 2004, 2005 y 2006, que me tocó recibir de manos del señor Presidente de ese entonces. Del mismo presidente Álvaro Uribe con quien hubo el llamado choque de trenes entre la Corte y el Ejecutivo… En el plano de la Corte como poder público, que mantiene el equilibrio de la democracia, también nos tocó un periodo pletórico de cosas complicadas, difíciles. Nos tocó entrar a discutir desde muy pronto, desde el 2006, cuando era presidente Yesid Ramírez, unas reformas que venían con iniciativa del Ejecutivo, algunas contrarias. Eso ocasionó traumatismos y ahí fue el choque Uribe-Ramírez a raíz de una entrevista que le hicieron al doctor Yesid. ¿Después de ese choque qué situaciones sobrevinieron para la Corte? Vino una época de mucha convulsión, de ataques. En otro periodo se cristalizaron las interceptaciones, los intentos por crear una súper-corte, los problemas que ocasionó la parapolítica, los ataques queriendo interpretar que eso era a favor de la guerrilla, como si se tuviera una tendencia política. ¿Cómo manejó la Corte esos rumores de que estaban confabulando? No sabíamos de donde venían esos rumores. Aparecían publicaciones, una foto de una ida de los magistrados a Neiva, escándalos de algunos magistrados del Consejo Superior de la Judicatura con el señor italiano (Giorgio Sale): una serie de cosas que ahora uno ve que eso era orquestado, ahora es que uno ve que sí había un propósito de difamar a la Corte, de calificarla de tener intereses políticos. Eso sí, como dije muchas veces, no se arrodilla ni amilana ante nadie, porque si no, no seria una Corte Suprema. ¿Cómo empezaron a darse cuenta de que los estaban ‘chuzando’? Personalmente, porque un amigo me avisó que una periodista le había llevado el texto de una conversación nuestra por teléfono y que a ella se la habían pasado. Me dijo: “No creo que yo sea chuzado, sino usted”. Yo dije: “No me queda ni la menor duda”. Además, empezó a pasar que lo decíamos en Sala Plena se filtraba y nos dimos cuenta que había interceptaciones y después descubrimos que había grabadoras. ¿Sintieron en algún momento temor de que se cerrara la Corte Suprema de Justicia? No. Quien cierre una Corte hace un golpe de Estado porque en el Estado son tres ramas del poder público y una de ellas es la jurisdiccional. No creo que aquí a alguien le diera por cerrar la Corte. Si esa idea de pronto asomó en Colombia, no tuvo eco. ¿Con la elección de Juan Manuel Santos bajaron las presiones? De entrada. Yo era el presidente de la Corte cuando él fue elegido y lo primero que hizo fue manifestar su deseo de armonizar, como manda la Constitución. Puede haber diferencias, pero deben ser dialogadas, sin agresividades. Era pasar la página de una época que no es la mejor para la historia democrática colombiana. Y ahora ¿cómo analiza esos hechos en perspectiva, cuando ya se sabe de la responsabilidad del DAS? He sido muy prudente por dos razones. Una porque la investigación la adelanta la Fiscalía y hay que permitir que actúe. Dos, en materia de responsabilidades, están los principios de presunción de inocencia y del debido proceso. Analizando los resultados y sin hacer conjeturas: no hay la menor duda de que personal del DAS estuvo involucrado. También hay evidencia muy clara de que personal de la Uiaf estuvo involucrado en la entrega de información financiera de los magistrados. Es evidente que eso no es competencia ni del DAS ni la Uiaf, que están para defender el Estado, no para atacarlo. ¿Qué espera de este caso? Que las investigaciones concluyan, que absuelvan a los inocentes y se identifiquen las responsabilidades penales de los culpables. Indiscutiblemente, este caso fue un ataque a la democracia, a la administración de Justicia. No hay duda de que aquí está involucrada la ‘parapolítica’. Es un mal momento que vivió la historia colombiana. ¿Es víctima en alguno de los procesos que se llevan por ‘chuzadas’? No he pedido reconocimiento como víctima, pero en el informe que da el proceso hacen una lista de víctimas y obviamente aparezco porque los celulares nuestros, como los de los hijos aparecen a nombre mío, todos estaban ‘chuzados’. Es decir, las llamadas de adolescentes de mi familia quedaron registradas. ¿A qué conducía ‘chuzar’ los teléfonos? No conversamos asuntos de sala por teléfono. Uno habla con los amigos, con la familia, de pronto lo que podían era coger a alguien desubicado en alguna labor sentimental non sancta (risas). Eso es amedrentar, intimidar. ¿Qué significa que Santos haya reabierto el Ministerio de Justicia y adelante un proceso de reforma? Que de nuevo la Justicia está en el centro de las políticas públicas y eso hay que rescatarlo. ¡Estuvimos ocho años en el ostracismo! El gran error de este país fue suprimir el Ministerio de Justicia, nos quedamos sin políticas públicas en materia de justicia, eso se volvió un apéndice del Interior y todas las reformas que salían eran políticas. Se ha dicho que las AUC metieron plata para escoger a Mario Iguarán como fiscal, ¿qué pasó en esa ocasión? Fue una elección rápida. Por esos días jamás oí de ninguna presión sobre magistrados. Personalmente no me llamó nadie a insinuarme nada, de ser así lo habría denunciado. Tiempo después empezó a circular un anónimo; a mi modo de ver, porque conozco la Corte y a los compañeros, es un anónimo mal intencionado que hace parte de toda la estratagema para desacreditar a la Corte. Si el señor Mancuso mandó plata, como dice, se quedó en el camino porque a la Corte, ni a leguas se aproximó. ¿Sale con miedo de la Corte? No. En la Corte la Policía me brindó una excelente seguridad y ahora que me retiro sigo con ella, mientras tenga ese nivel de riesgo. Nos amenazaron varias veces, incluso de bandas peligrosas. ¿Por qué un abogado se mete en el ‘chicarrón’ de ser magistrado cuando seguramente gana muchísimo menos que litigando? Esa pregunta se la hacen los amigos y la familia de uno, pero afortunadamente yo no me lo he hecho porque sí lo tenía muy claro. Cuando estudié derecho, soñé con ser magistrado de la Corte. Para mí era un anhelo y me costó mucho. Salud, lejanía con la familia, dinero. Tuve que vender cosas para terminar el periodo. Uno sale más empobrecido luego de ser magistrado. ¿Por qué tuvo que vender pertenencias para continuar? Porque como uno viene con un tren de vida… el sueldo no le alcanza, hay que ajustar con los ahorros y cuando se acaban hay que vender. No es que el sueldo sea malo, sino que uno tiene un estándar de vida que no quiere quitárselo a los hijos. Les gusta viajar, tener sus clubes sociales y todo eso. Pero salgo satisfecho, la vida del hombre no es para hacer dinero, sino para materializar las ilusiones.

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