“Entidades del sector agrario se politizaron”: Juan Camilo Restrepo

“Entidades del sector agrario se politizaron”: Juan Camilo Restrepo

Junio 14, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés | El País
“Entidades del sector agrario se politizaron”: Juan Camilo Restrepo

Exministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo.

El exministro de Agricultura lanzó su libro sobre el agro y el posconflicto tras eventuales acuerdos en La Habana con las Farc. Dice que está en receso político y advierte que si hoy gana Zuluaga se dará una estocada a la paz.

Cuando me dirigía a entrevistar a Juan Camilo Restrepo (Ministro de Agricultura hasta hace poco) para hablar de política y de su nuevo libro La Cuestión Agraria. Tierra y posconflicto en Colombia, recordé una contundente columna de Enrique Santos Calderón -el gran gurú de Contraescape- escrita en 1997, cuando Restrepo era pre-candidato conservador y le ganó de mano la candidatura Andrés Pastrana. Todavía me sonaba el contundente perfil de Santos sobre ese paisa cincuentón, abogado y economista, tecnócrata moderno, con una bien probada vocación de servicio público, al que calificaba como el tipo de político que el país necesitaba con urgencia. >Encuentre aquí toda la información sobre las el Proceso de paz.“El mío es Juan Camilo”, se titulaba la columna y aquí transcribo algunos apartes sin mucho orden, ni concierto, porque vienen como anillo al dedo en momentos en que el Conservatismo pareciera resurgir de sus cenizas: “Cada vez que escucho a Juan Camilo en un foro o leo sus artículos, me seduce más su claridad conceptual y capacidad analítica. Le cabe el país en la cabeza y es además recursivo y ágil. Ha demostrado un espíritu polémico y dialéctico que no es común en personas que vienen de una trayectoria esencialmente técnica -Asesor de la Junta Monetaria, Superintendente Bancario, Presidente de Acerías Paz del Río, Ministro de Minas- que ha manejado con gran eficacia desde que entró de lleno a la política”… “Restrepo comenzó a llamarme la atención como fenómeno político durante su breve paso por el Senado donde se destacó por la seriedad de sus intervenciones, las mejor preparadas y documentadas y por la verticalidad de sus posiciones durante la crisis política del gobierno. Representa en cierto sentido la antítesis de la clase política que tanto descrédito le ha traído al Congreso. Un hombre de principios, sin pelos en la lengua, que tiene capacidad oratoria y no se deja manosear, como lo demostró en más de una ocasión en los debates parlamentarios”… “Detrás de un semblante más bien austero y recatado, subyacen una vivacidad y un ingenio antioqueño que saca a relucir cuando la discusión de pone buena. Y Juan Camilo es de los que no rehúyen la discusión. Le gusta confrontar posiciones y llamar las cosas por su nombre. En fin, si hoy fueran las elecciones presidenciales, ya saben para quién sería mi voto”. Pienso en eso mientras sube el ascensor. Y en la miopía del Partido Conservador. ¿Cómo vio la campaña, que hoy llega a segunda vuelta?Muy movida al final, cuando salieron a flote las suciedades de la política colombiana, o sea la guerra sucia que hay siempre en las campañas políticas, de aquí y de afuera. ¿Cree necesaria la reelección del Presidente Santos, y por qué? Sin duda alguna. Y a juzgar por las declaraciones, bandazos y poca preparación que se le nota en temas de paz al candidato Zuluaga, creo que la posibilidad de llegar a una paz negociada quedaría gravemente comprometida con un triunfo suyo.¿Conoce a Zuluaga?, ¿qué opinión le merece?Sí, lo conozco y me parece una persona correcta. Fue un buen Ministro de Hacienda, pero tal vez menos de lo que él ahora pretende haberlo sido. Y creo que frente a la posibilidad de redondear un proceso de paz, su elección sería fatal para el país debido a la gente que lo rodea, a la cual él le hace eco y que lo obliga a dar los numerosos bandazos de los últimos días, que muestran a alguien muy bisoño e improvisador frente al tema más importante, hoy, para los colombianos, que es la paz. Hay allí un claro manejo de la guardia pretoriana del uribismo y de Uribe mismo porque, aunque él dice que no lo van a manejar, uno sí lo ve a veces respondiendo como un lorito lo mismo que ha dicho Uribe la víspera.¿Le aportará el apoyo de la izquierda, a Santos?Pues creo que como están las cosas, sus posibilidades de triunfo dependen en parte del apoyo que puedan movilizar esa izquierda, el sindicalismo, las centrales obreras, El Polo –salvo el Senador Robledo- la Marcha Patriótica, y los demás sectores de centro que están apoyando el proceso de paz con mucha determinación.María Cristina De la Torre le dijo a Robledo en su columna que ojalá no se tenga que arrepentir, por omisión, ante un posible triunfo de Zuluaga y, por consiguiente, del uribismo que él tanto ha combatido.Sí, la leí y me pareció magnífica. Pero es que ése es el talante de Robledo. El vive en el mundo del no, porque es incapaz de salir con algo propositivo. Cristina cuenta en ese artículo algo que es cierto: el senador Robledo no votó positivamente ni siquiera la Ley de Victimas y de Restitución de Tierras en el Congreso, y después uno de sus caballitos de batalla ha sido reprocharle al gobierno que no esté haciendo suficiente labor en ese sentido. Él es el tipo de persona que no vuelve en sí, sino en no.Cómo analiza el buen resultado conservador, a pesar de haber estado en la Unidad Nacional?Puede ser un comienzo, si lo manejan con seriedad y con altura, para que el Partido Conservador se empiece a desparlamentizar, es decir, que deje en claro que el conservatismo no son 30 ó 40 parlamentarios, sino dos millones -por lo menos- de los cuales entre un 80 % y un 90 % votaron de manera diferente a como habrían querido los senadores que adhirieron a Santos. Hay allí una posibilidad interesante, si la maneja bien el Partido Conservador en los años venideros.Pero si gana Zuluaga quedaría uncido, otra vez, a la carreta uribista...Claro, y ya vio usted que salieron a pedirle puestos por anticipado, según declaraciones de Ómar Yepes. ¿Usted renunció a la política activa?Por el momento estoy en un receso. No veo que haya espacios atrayentes, pero me parece interesante observar el manejo que se le dé a esos dos millones de votos conservadores, por encima de los intereses parlamentarios. Entonces, ¿deja una puerta abierta?Sí. Gane quien gane, ¿cómo ve a Uribe en el Congreso?Va a ser una situación inédita en Colombia. El grupo parlamentario de Uribe no tiene, salvo algunas excepciones, gran experiencia, ni gran vuelo, sino que él les dará órdenes para que voten de determinada manera. Si gana Santos, será una voz de oposición con 20 incondicionales, pero la pregunta que hay que hacer es: ¿Qué cambiaría esa voz de Uribe desde el Congreso, donde no va a tener mayorías?. Creo que él tiene que manejar su presencia allá con mucho cuidado porque se arriesga a que lo zarandeen feo, y él no está acostumbrado a eso.Se dice que el gobierno Santos no supo mostrar sus logros. Usted formó parte de él, desde Agricultura, ¿qué pasó?En gran parte al discurso de Uribe orientado sistemáticamente a deslustrar los logros de Santos. Es posible que haya habido fallas de comunicación, pero el expresidente no tiene empacho en llevarse la verdad por la calle de en medio para descalificar al actual gobierno, y eso es lo que preocupa del discurso de Zuluaga: que compra fácilmente el talante agresivo y ese discurso negativista que le ha montado Uribe a Santos, que a la larga es sencillamente demoledor.También las fanfarronadas de las Farc en La Habana, que desorientan y crean malestar dentro de las propias Fuerzas Armadas, ¿no cree?En su consuetudinaria rueda de prensa, después de cada reunión, las Farc salen a pontificar sobre lo divino y lo humano y aprovechan el pantallazo en los medios. A eso, desde luego, los enemigos del gobierno le echan mucha leña porque hace parte de la leyenda negra que han montado sobre las conversaciones de La Habana. Allí nunca se ha hablado de quitarles prebendas a los militares, ni de que los guerrilleros vayan a ser comandantes del ejército, ni ninguna de esas fantasías. Hace poco las Farc salieron a decir que iban a “cambiar la doctrina militar” y el uribismo, ni corto ni perezoso, aprovechó para acoger inmediatamente ese exabrupto como si fuera una verdad revelada, algo que se estuviera negociando. Las Farc pueden decir todo lo que quieran por fuera de los diálogos, pero nada que se salga de los cinco puntos acordados tiene validez.¿Por qué las Farc le dan estocadas al proceso de paz, un día sí y otro también? En Cuba las conversaciones se desarrollan confidencialmente hasta el mediodía, cuando salen las Farc a dar sus ruedas de prensa para hablar, ‘urbi et orbi’, sobre todos los temas, la gran mayoría de los cuales no han sido objeto ni siquiera de conversaciones, porque quieren desatrasarse de décadas de ostracismo. Crean entonces la percepción equivocada de que todo eso que dicen ya ha sido aceptado por el gobierno. Nada más lejos de la verdad. Es falso de toda falsedad que se hayan acordado puntos diferentes a los que están escritos y firmados y que hacen parte, como un anexo, del libro que se está publicando para que haya claridad al respecto y para que los colombianos sepan que no se ha acordado nada secreto y que todo se someterá a la ratificación popular, antes de hacerse efectivo en la legislación colombiana. Desafortunadamente sobre este tema se ha hablado con irresponsable ligereza en esta campaña electoral.Ahora hablemos de su libro: La Cuestión Agraria. Tierra y posconflicto en Colombia. ¿Es verdad que ciertas políticas agrarias importantes se han desacelerado últimamente? Sí, durante los primeros años de la administración Santos hubo un gran auge y un gran compromiso político para avanzar, en general, en todas las políticas agrarias, muchas inéditas en el país. Pero vemos con preocupación que en el último año ha habido una desaceleración muy grande en algunas entidades claves del sector agropecuario que se politizaron, como el Incoder, a tal punto que se les puso freno de mano a políticas clave como la formalización de la propiedad agraria, y a la marcha de 1700 procesos que habíamos desenterrado para recuperar baldíos, y para conformar un banco de tierras con las cuales ejecutar, entre otras cosas, los acuerdos de La Habana.Bueno, el Ministro Lizarralde representa grandes feudos y enormes cultivos como los de palma. ¿El diablo haciendo hostias?Sí, y tuvo un episodio muy desafortunado que no se puede asordinar, y es que presentó el proyecto de ley más efímero que se conoce en la historia legislativa del país, sobre baldíos. Duró un día en el Congreso y desde la propia Casa de Nariño le dieron la orden de retirarlo porque no estaba orientado a sentar las bases de una gran política agraria modernista, sino a darle la bendición y a sanear apropiaciones indebidas de baldíos que se habían presentado.¿Fue un proyecto inconsulto?Yo entiendo que lo fue y que cuando se enteraron en Palacio vieron que era un torpedo, entre otras cosas, contra las negociaciones de La Habana y le ordenaron sobre la marcha que lo retirara.El libro es muy interesante e ilustrativo. Para tocar sólo unos puntos más, ¿qué ha pasado, por ejemplo, en el difícil camino de restituir tierras usurpadas, en un país feudal y godo recalcitrante como éste?Nunca hubo aquí una política de Restitución de Tierras, fue el gobierno Santos el que la echó a andar, junto con la Ley de Víctimas. Recuperar una tierra tomaba entre 15 y 20 años, por los caminos ordinarios de la jurisdicción, que era lo único que había. Con esta ley, quien haya sido despojado ilegalmente de sus tierras en los últimos 20 años, puede recuperarla en cuestión de 9 a 12 meses. Es un proceso jurídico muy novedoso y delicado sobre el cual los jueces agrarios que se crearon, dicen la última palabra. No se trata de que las solicitudes de restitución de tierras entren por la ventanilla de una oficina y salgan por otra al día siguiente, devolviéndolas. Es un proceso abreviado, en el cual, quien crea tener mayor derecho que el reclamante puede hacerse parte en el proceso y es el juez el que debe decidir.

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