En materia de paz, Santos no ha pasado de la demagogia

Agosto 06, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Luis Carlos Avellaneda, senador de la República

La política del gobierno del presidente Juan Manuel Santos, en materia de seguridad, no es distinta en su concepción a la Política de Seguridad Democrática del gobierno de Álvaro Uribe: un enfoque eminentemente militarista, centrado en resultados cuantitativos, dirigida a asegurar la confianza de los inversionistas extranjeros y sin ningún enfoque real en materia de seguridad social, más allá del más raso asistencialismo. No en vano uno de los compromisos de campaña de Santos fue cuidar el “huevito de la seguridad” de su antecesor.En este sentido, el discurso de Santos en materia de política de paz no ha pasado de unas aparentemente buenas intenciones, me refiero al Marco Jurídico para la Paz, a la Ley de Víctimas y a sus referencias sobre tener en su bolsillo “la llave”. En la práctica, el enfoque militarista continúa colateralmente violando el Derecho Internacional Humanitario, violando derechos fundamentales de la población, entre ellos, la relación esencial que deben mantener las comunidades rurales con el territorio y manteniendo al margen las posibilidades de abordar el problema desde una perspectiva política, que permita construir escenarios de participación de la sociedad en general y superar la exclusión política y económica que hace origen al conflicto armado.De lo anterior es claro ejemplo el reciente episodio del norte del Cauca, donde los fines militares se empeñan en pasar por encima de los derechos constitucionales reconocidos a las comunidades indígenas o el reciente fallo de la Corte Constitucional, en el que ordena al Ministerio de Defensa devolver seis hectáreas de tierra a la comunidad Jiw en el Guaviare, que están siendo ocupadas por una base militar. De manera que la política de seguridad, o mejor, la política de paz del gobierno Santos, ha estado marcada por la ambigüedad entre la demagogia de la paz y el enfoque militar-guerrerista que heredó de Uribe y que se empeña en mantener para la complacencia de la oligarquía ultraconservadora y del capital extranjero.

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