En guerra contra sí mismos

Marzo 20, 2011 - 12:00 a.m. Por:
En guerra contra sí mismos

Descarnados testimonios de jóvenes con dismorfia, un trastorno psicológico que distorsiona su visión del cuerpo. Barbies que se sienten ‘chuckies’.

Jessica Luna llegó un día a la edad en que toda mujer se siente más bella, los 15. Pero en lugar de festejar la ‘presentación en sociedad’, empezó a escondérsele al mundo. Ella sufre “complejo del espejismo” o dismorfia, el mismo mal que padecía ‘El rey del pop’ Michael Jackson: ve en el espejo una imagen distorsionada de su aspecto físico.Así que a los 15, cuando las niñas se sienten mujercitas y sueñan con príncipes azules, ella se cortó el pelo tan corto como el de un hombrecito. Como era natural, le salió acné y su cuerpo empezó a ensancharse. Pero sentía que todos al mirarla, se burlaban. Su propio papá le decía “gorda” y criticaba su corte de pelo.Jessica empezó a rehuirle al espejo, a creer que no podía sentirse a gusto consigo misma, tal y como era. “Siento miedo al mirarme al espejo, sé que no me va a gustar lo que voy a ver. A veces evito mirarme y no lo consigo, porque mi ansiedad aumenta”, acepta.Hoy, a sus 24 años, cada enfrentamiento con su propia imagen es una agonía. El espejo le transmite un reflejo distorsionado de su físico, según le dicen, pero en la que ella cree, a su pesar. “Me veo la cara rara, la nariz torcida, los ojos inexpresivos, la boca pequeña, la piel con rojeces, el cuerpo deforme, ¡horrible!”.Ella lo explica fácilmente, pero no ha sido fácil lidiar con este trastorno psicológico que le diagnosticaron hace un año y del que no ha podido curarse: “La gente no entiende lo que veo, y yo no entiendo lo que ellos ven. No pueden comprenderme, ya que me ven atractiva, espectacular, y no ven nada de lo que yo veo en mi rostro y en mi cuerpo. A mis amigos y familiares les ha costado asimilar que tengo un problema y que me veo distorsionada. Piensan que soy vanidosa y que me gusta que me llenen de piropos”. Es que aunque esta enfermedad es tan común como la anorexia y la bulimia, es poco aceptada y menos conocida.A ella le cuesta creer que lo que ve en el espejo no existe. “Sé que no es real cuando después de un día malo, de verme deforme en el espejo, termino aceptándome un poco, poniendo fuerza de voluntad”.Su lucha contra su propio espejismo es constante. “He querido creer que no es real lo que veo. He intentado pensar que sólo soy yo la que veo eso, no los demás”.Hace un año, Jessica empezó una terapia con una psicóloga especializada en dismorfia. Dice que está enfrentando sus miedos, mientras vive una especie de terapia de choque. “Lo primero que hice fue tapar todos los espejos de mi casa, destapándolos sólo para arreglarme, para evitar hacer comprobaciones”. Pero eludir el espejo sólo hizo que su inseguridad aumentara. “Salir a la calle sin haberme mirado antes en el espejo, hacía que me preguntara: ¿Cómo me verán los demás? ¿Cómo estaré? ¡Todo el mundo me está mirando, seguro estoy horrible! Fue duro, pero empecé a adaptarme a no mirarme tanto en los espejos”.Iba firme en su tratamiento, pero circunstancias familiares la han hecho retroceder. “Hay días en los que me siento bien, por esforzarme y ver que sí sirve de algo mi esfuerzo y otros en los que sólo me deprimo, porque no me veo capaz de enfrentar mis miedos”.Hace unos días tuvo una crisis de ansiedad por no enfrentar uno de sus temores, que parece minúsculo para cualquier mortal, no para quien sufre dismorfia: “Cuando salgo a la calle, me despeina el viento y se me destapa la cara y creo que todo el mundo me ve horrible”. Su psicóloga le puso una prueba: que se apartara el flequillo de la cara y se parara en la entrada del hospital, donde todos la podían ver, para saber qué nivel de ansiedad alcanzaba y qué sentía. Jessica no pudo. Sintió físico terror.Por esas pequeñas batallas perdidas piensa que su problema no tiene solución. “A veces intento aceptar que soy fea y rara, para no estar mal, pero no lo consigo, porque no quiero ser así. La psicóloga me ha hecho entender muchas cosas de la enfermedad, pero los miedos me pueden, no me veo capaz de enfrentarme a ellos”.Su psicóloga le ha dicho que la enfermedad va a estar siempre, que sólo enfrentándola podrá “manejarla mejor”.No ha ido al quirófano, y no por falta de ganas, si por ella fuera se retocaría todo el cuerpo para sentirse mejor. Espera conseguir dinero para operarse los senos y la nariz.Hasta hace un mes llevaba un año sin salir a la calle. Le costó volver a hacerlo. Sólo cuando cree que se ve “medianamente normal”, sale. Dice que afortunadamente trabaja sola. Y por eso logra soportar sus complejos. Aún así muchas veces escapa de su oficina, siente que todos la miran y piensan cosas horribles de ella.A pesar de todo, Jessica tiene novio. Ni con él se siente cómoda. “Me siento incapaz de ir de paseo porque supone hacerme cola y no maquillarme, ni pensar en tener relaciones sexuales por el terror de que vea todos mis defectos”. Ya perdió muchas amigas, por no intentar explicar algo que “no van a entender”. Su mamá es la única que sigue a su lado. “Me dice: ‘Ojalá te pudiera dar mis ojos, para que te vieras lo bella que eres realmente’. Seca mis lágrimas y me quita de la cabeza las ganas de desaparecer de este mundo”.Por una nariz”Llevaba tanto tiempo queriendo ser otra... envidiando a las demás chicas, sintiéndome tan inferior, viéndome tan fea, desproporcionada y poco sexy, que empecé a dejar de comer, a matarme en sesiones de gimnasio, a recortar fotos de modelos de las revistas que pasaban por mis manos. Inventaba excusas para no salir con mis amigos porque me sentía fea, bajaba poco a la piscina para que no vieran mi cuerpo. Un día decidí operarme mi horrible nariz, intentando gustarme más, pero es la peor solución que puedes tomar cuando tienes este problema. Si antes no me gustaba, hoy ¡me odio! Rehúyo a todo lo que me refleje. No puedo entrar a los probadores, ni mirar escaparates... ¡Odio mi nueva nariz! ¡Quiero la otra, la mía, la anterior! Mi pareja, con la que vivía hace siete años, se fue. Intento hacer las paces conmigo misma, luchar contra el sentimiento de culpa que me invade por la operación, recuperar mis amigos.A lo mejor tenía que sufrir esto para descubrir que la gente siempre ha pensado que soy encantadora, sexy y divertida. Empiezo a entender que la belleza no es sólo una nariz, una cara, que la belleza es un conjunto”.*Testimonio de Daniela, mujer diagnosticada con dismorfia.La joven sin senos“Tuve una paciente que sufría porque era muy delgada y tenía senos muy pequeños. Decía que al mirarse al espejo se sentía fea y menos atractiva que las otras niñas. Tenía 17 años. Era muy retraída y acomplejada. De hecho, venía sufriendo periodos depresivos profundos. Su socialización era casi nula. No tenía ni amigas, menos amigos. No salía con sus compañeros y en el colegio siempre estaba sola y triste. Iniciamos un apoyo psicoterapéutico cada dos días. Fue intensivo, porque intentó suicidarse en dos ocasiones. Sus padres se angustiaron mucho al darse cuenta de la profundidad del síndrome. La apoyaron en todo, incluso en pagarle la cirugía de aumento de senos”.*Testimonio suministrado por la psicóloga Martha Elena Osorio.“Quiero una nariz como la de Ricky Martin”Percibir que el cuerpo o una parte de él no está bien, cuando físicamente sí luce normal o muy bien, son la mejor señal de que se padece transtorno dismórfico corporal, un problema que hace parte de los llamados transtornos somatomorfos, los cuales incluyen, además, la somatización y la hipocondría. La psicóloga clínica y especialista en familia María Consuelo López, explica que el trastorno dismórfico corporal “es una alteración en la percepción de la imagen corporal”. La especialista recuerda el caso de un joven “que llegó a consulta con una nariz normal, acorde a su imagen corporal, pero él vivía deprimido, sentía que su nariz era muy grande, era tímido, retraído y tenía muy poca socialización. Siempre solicitaba cirugía, era valorado por otorrinos y los especialistas le explicaban que su nariz era acorde con su fisonomía, pues era alto y delgado. A pesar de recibir valoraciones de psicólogos y cirujanos, él insistía en que su nariz era muy grande”. “En casos como estos –agrega López– una intervención quirúrgica no soluciona el problema, porque se le puede hacer la cirugía al paciente y él puede seguir quejándose porque está inconforme. Es difícil que logre aceptar que quedó bien”. Pero algunos casos también se dan con algo de fanatismo, se sabe que a los consultorios llegan pacientes con revista en mano y exigiendo resultados o apariencias físicas iguales a las de un famoso. Un otorrino caleño recuerda a un paciente que le exigió quedar con una nariz como la de Ricky Martin. Otro término que también se menciona es la ‘dismorfofobia’ y se considera como el miedo a tener una alteración física.La mujer sin rostro“Hace tiempo tenía complejos, pero no me robaban el sueño, aunque me afectaban en bastantes cosas, pasó el tiempo y lo fui superando. Ahora ha vuelto y más fuerte. Pienso que es el fin, no quiero ser yo, no quiero estar en mí, maldigo haber nacido así, ¿cómo ocultar algo que es lo que debes mostrar? ¿Cómo oculto mi cara? Tengo que verme día tras día y desesperarme ante el espejo. No puedo hacer cosas que me gustan, como ir a la playa, amanecer con alguien, salir de fiesta por el simple hecho de que mi cara es espantosa, nunca podré llevar el cabello suelto, soy como una caricatura. Pienso que la única salvación es la cirugía y me la han negado, porque sólo tengo 20 años, pero vivir así me hace pasarlo tan mal, estoy en tratamiento, y no avanzo, solo empeoro, me dan ganas de no despertar, hasta que un día despierte y sea otra, a cualquier persona la veo mejor que yo, hasta a las mujeres de avanzada edad. No duermo, pierdo el apetito, me ataca la ansiedad y no tengo esperanzas, dicen que es dismorfia, pero creo que se equivocan.Yo creo que la realidad es lo que mis ojos ven y lo que no quieren ver ellos. Odio mi cara.Si hay gente en la misma situación o que ha pasado por algo así, me gustaría mucho contactarme con ellos, porque sé lo que están sintiendo”.Se identifica como pelusilla9

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