“En Colombia, el hombre no sabe hacer el amor”: creador del Icbf

Julio 15, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal | Redacción de El País

Como tributo al médico Antonio Ordóñez, se publica una entrevista inédita que el ex ministro de Salud había concedido solo pocos días antes de su muerte.

Hace unas semanas me llamó la atención una columna de Jorge Orlando Melo, en la que hablaba de un colombiano ejemplar que había arribado ya a su “décima década de vida”, pleno de lucidez y con sus cualidades intelectuales intactas: el médico Antonio Ordóñez Plaja, legendario ministro de Salud de Carlos Lleras, hijo de santandereano y catalana, nacido en Barcelona, el 13 de enero de 1919.Melo hacía a continuación un recuento de los méritos de este investigador, notable por sus inmensas contribuciones al bienestar de los colombianos en el área de la salud y concluía: “Le gustaba ir contra la corriente, contra lo establecido. En un acta de 1977 del Consejo de Unicef, cuando era su presidente, hay una frase que lo describe bien: “Las herejías de hoy serán las verdades del mañana”.“Al leer esta frase —añade Melo— pensé que era apropiado hacerle un homenaje a un colombiano al que deben mucho los niños, las mujeres, los viejos, y al que nadie conoce ya, que no tiene siquiera una biografía en Wikipedia. A mi amigo Antonio Ordóñez Plaja”.Y como yo ando siempre en busca de personajes destacados para mis entrevistas en este diario, logré que me recibiera una tarde entera, en la que hablamos de temas a tutiplén y en la que me hizo reír, una vez sí y otra también, con sus comentarios inteligentes, corrosivos y mordaces, que luego me emplazaba a no publicar, porque no quería herir a nadie.Antonio murió antes de que esta entrevista viera la luz y yo siento, como Jorge Orlando, que se la debo.Un hombre ejemplarSu hija, Beatriz Ordóñez Mallarino, recuerda las tardes en las que al llegar del colegio al consultorio de su padre, ella se sentaba a hacer tareas y a esperarlo para acompañarlo a visitar a los enfermos en sus casas. “Atendía a cualquier paciente que lo necesitara, sin importar si tenía medios económicos. Los oía con calma y cariño y les daba consejos. Algunos le pagaban con gallinas, otros con deliciosos mangos y algún otro con una bandeja llena de maíz pira, papas criollas y yuca frita. Mi mamá, Beatriz Mallarino, vivía pendiente de mi papá y de nosotros. Lo admiraba hasta la locura y estaba tan pendiente de su profesión, que ella también parecía médico. Recuerdo oírla recetarle por teléfono medicinas a familiares y amigos con la misma precisión con que lo habría hecho mi padre. Ella murió hace 26 años y su ausencia aún nos duele profundamente”.Ordóñez tenía una gran habilidad para trabajar en equipo, e impresionaban su profundo conocimiento del ser humano y su dedicación al trabajo. Durante su paso por el Ministerio de Salud conformó un equipo formidable que reunía en su casa del norte de Bogotá para trabajar, y que se autodenominaba ‘La Pesada’.Mantuvo hasta el final una impresionante lucidez. Leía de todo y a todas horas. Dejó una biblioteca de más de tres mil volúmenes. Sin embargo, como le pasó a Jorge Luis Borges, lentamente fue perdiendo la vista y durante los últimos años ya no podía leer bien, hasta que decidió comprar un computador de pantalla gigante al que le configuró una lupa digital que le permitía leer perfectamente y que se convirtió en su compañera inseparable.Adoraba la música de Dvörjak, Beethoven, Mozart, Satie, la brasilera, los blues, el jazz, las sardanas catalanas, las Zarzuelas. Vivía orgulloso de que una de sus nietas, Susana, soprano, casada con el director de Orquesta Carlos Federico Sepúlveda, hubiera grabado su concierto de grado en la Scholla Cantorum Basilensis, de Suiza. El día de su muerte se lo pusieron en la clínica y cada vez que se acababa, él hacía señales para que lo tocaran de nuevo.Un sobrino de Ordóñez Plaja definió de manera precisa y contundente al médico catalán, a Carmen su prima y a un hermano de ésta, fallecido prematuramente: “un buen trío: conspicuos los tres, originales, atractivos, inteligentes, cultos, seductores, míticos, difíciles… ¡maravillosos!”.Murió como vivió: a su muy personal manera. Luchando y peleando contra normas absurdas y contra la deshumanización de la medicina. Tres días después de ser hospitalizado les dijo a los médicos que lo ayudaran a bien morir. Todo se hizo según su voluntad. Se despidió de su familia y de sus mejores amigos. Dijo cosas profundas. Todos cantaron una canción en catalán. Sus otros tres hijos, Antonio, Miguel y Juan Carlos, que viven en el extranjero, alcanzaron a llegar con sus esposas. Los esperó y, tres minutos después de llegar el último, murió. “Hasta el último momento, -dice Beatriz- protestó por el rechazo a la eutanasia en el país”.Yale y la AcademiaHernando Groot, médico epidemiólogo colombiano, es una autoridad mundial en enfermedades tropicales. Es secretario perpetuo de la Academia Nacional de Medicina y a sus 95 años recuerda la gran amistad que lo unió con Ordóñez Plaja, quien fue profesor visitante en la Universidad de Yale, donde él había estudiado a su vez. Groot fue uno de los fundadores de la Facultad de Artes y Ciencias de los Andes, a cuya dirección llegó posteriormente Ordóñez Plaja. Al lamentar la muerte de su amigo, Groot cuenta que compartían la opinión de que la universidad “debe formar personas que, como los hombres del Renacimiento, adquieran una visión ecuménica del mundo, no para ser diletantes, sino para formarse como seres integrales que abarquen las ciencias y las humanidades y, en general todos los asuntos del saber”.Gustavo Malagón, presidente de la Academia Nacional de Medicina, recuerda que Ordóñez impulsó, como ministro de Salud de Carlos Lleras, el Plan Nacional Hospitalario, aprobó la reforma de Corpal y la creación del primer Laboratorio Estatal de Genéricos. Lo propio hizo con el Programa Nacional de Planificación Familiar. Fundó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, y apoyó el fortalecimiento del Instituto Nacional de Salud.Fue asesor de la Organización Panamericana de la Salud y Presidente de Unicef. Asesor de Planeación Nacional y de Colciencias, profesor de la Universidad Javeriana y de los Andes y miembro de la Junta Administradora del Seguro Social. Realizó catorce cursos de postgrado y fue consultor para ONU, Usaid, Banco Mundial, OPS/OMS, Apha, y la Universidad de las Naciones Unidas. Fue codirector de la Fundación para la Promoción de la Ciencia y la Tecnología del Banco de la República, durante 20 años y miembro del Consejo Científico y Técnico del Instituto Nacional de Salud.Trabajo peripatéticoConsuelo Sarria, primera y única mujer que ha logrado ser presidenta del Consejo de Estado, tuvo durante décadas una gran amistad con Antonio Ordóñez, quien la nombró jefe de la oficina jurídica del Ministerio de Salud, cuando era su titular.“Todas sus decisiones y las de nivel directivo en el ministerio siempre fueron objeto de estudio previo por parte del equipo jurídico a mi cargo. Cuando Alfonso López Michelsen lo nombró director del Icbf, años después de que él mismo lo fundara, realizó una importante reestructuración del instituto a través de su organización por niveles y el cumplimiento de sus funciones a través de una apertura programática y funcional, que recogía las diferentes competencias. Su labor en este campo de la protección a la familia y a la niñez fue reconocida cuando lo nombraron Presidente de Unicef.La última entrevista ¿Cuáles son sus orígenes?Catalán y puertorriqueño, por mi madre. Los abuelos, cuando la colonia española se convirtió en gringa, la mandaron a España donde unos parientes. Años después, cuando quiso probar que era española, no la dejaron.¿Por qué?Porque todo el que hubiera estado allá en esa época era considerado gringo y no podía añadir otra nacionalidad. Es que ese tema de los colonialismos y las inmigraciones da para todos los excesos. Recuerde que aquí, durante la segunda Guerra Mundial nosotros le hicimos una guerra absurda a una de las mejores colonias que ha tenido Colombia: la alemana, que nos había traído tecnología y que había fundado Scadta, que también se la robaron los amigos del norte, dizque porque iban a bombardear el Canal de Panamá ¡Hágame el favor! Y como si fuera poco, mandamos a los alemanes a un campo de concentración en Fusagasugá.¿Por qué hemos sido tan anti extranjeros en Colombia? Porque en esa época el profesor Luis López de Mesa, que tenía mucho poder y mucha influencia era antijudío y bastante xenófobo. Ante el gran éxodo de la posguerra, él no quería que al país vinieran judíos. Esos son nuestros grandes hombres.¿Y usted qué opina de esa actitud?Totalmente parroquial, para decirlo suavemente. La verdad es que nosotros nacimos para colonia, primero de España y ahora, de los gringos. Y, de contera, nos quedaron todos los resabios de la Colonia en el tema de la tierra. No hemos podido recuperarla para los despojados, porque ha habido fuerzas muy poderosas que se han opuesto ferozmente toda la vida. No lo lograron dos de los mejores presidentes que ha tenido Colombia, Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Pumarejo. Usted hizo mucha labor: entre otros, creó el Instituto Nacional de Salud, cuando fue ministro de Lleras. Sí, aprovechamos unas facultades extraordinarias que le dieron a Carlos Lleras para hacer reformas en el sector salud. Teníamos no sólo el Instituto Samper Martínez y el Instituto Finlay haciendo vacunas, sino otros tres o cuatro, triplicando esfuerzos y presupuestos, para hacer casi lo mismo. Propuse reunirlos en un Instituto Nacional de Salud, como los hay en los países avanzados. Nos dio luz verde. Un día que fue al Ministerio quise leerle el proyecto y me dijo: “No tengo necesidad de leerlo, yo en ustedes confío, ¿dónde firmo?”. Y lo firmó sin leerlo, porque sabía que nosotros ¡no le íbamos a meter micos! Usted también creó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, bajo la llamada Ley Cecilia. Había un grupo que quería que Cecilia De la Fuente de Lleras presidiera una entidad que no era legal. Yo había nombrado un ángel guardián en el Ministerio de Salud: Consuelo Sarria. Recién posesionado me dijeron que si nombraba a esa muchachita, la rosca de viejos corrompidos que había allá me tumbaría y yo dije: ¡pues que me tumben!Ella dictaminó que no era legal la entidad y como Cecilia quería trabajar por la niñez yo propuse crear el Icbf con el niño como su objetivo primordial, pero no en forma aislada sino integral, es decir que contemplara el bienestar de la familia. Es un milagro que no hayan logrado acabar con el Instituto. Una vez salió del ministerio se fue como profesor visitante a la Universidad de Yale. ¿Qué hizo?Me fui a su Instituto para la Salud Pública y las Enfermedades Tropicales. Les daba conferencias a los muchachos pero no les podía dar créditos por no ser miembro del ‘staff’. Entonces organizamos un grupo que iba todos los jueves a pasar la tarde conmigo y hacíamos seminarios. Les enseñaba sobre todo el manejo de situaciones y cómo eran las condiciones de vida en el trópico.Abordábamos los estudios sobre la lepra, que es de difícil contagio pero se creía lo contrario. Era la época en que Agua de Dios estaba llena de personas con la enfermedad, en una especie de gueto infame. En cambio había cien mil tuberculosos tosiendo y repartiendo bacilos en los cines, en los buses, en los trenes, tan campantes. Esos son los absurdos nuestros.¿Cómo recuerda a Carlos Lleras?Era una persona increíble. Yo nunca tuve ni un sí, ni un no, con él. Era un gran estadista y un mal político, que había resuelto combatir frontalmente la corrupción, no como Turbay, que opinaba que había que llevarla a sus “justas proporciones”. Risa. La única vez que lo vi sulfurarse, fue por una llamada telefónica en que le informaban que la guerrilla había matado una decena de soldados. Tenía un temperamento fuerte, pero era fácil trabajar con él porque aunque dominaba todos los temas, sabía delegar y confiaba en la gente.¿Recuerda alguna anécdota simpática de Lleras?Yo fui amigo de Gustavo Matamoros quien era jefe de la Casa Militar, al que le gustaba decir, en confianza, que cuando Lleras bajaba de la Casa Privada a las oficinas de Palacio y pasaba por una escalera donde había un gran cuadro del Sagrado Corazón de Jesús decía: “Sagrado Corazón de Jesús, confía en mí”. Risa.Además trabajó con el presidente Alfonso López Michelsen. ¿Cómo lo recuerda?Era un tipo inteligentísimo. Un día me llamó y me dijo: Tengo un problema en el Icbf, y es que voy a sacar a Roberto Rueda y a María Elena de Crovo, pero Cecilia (Caballero, la esposa) no acepta ningún candidato en la Dirección, distinto a ti. Yo estaba de asesor del Banco de la República y ganaba un buen sueldo. Aceptar significaba desmejorar mi salario y que mi pensión se fuera al carajo. Sin embargo, decidí encargarme por unos meses, para solucionarle el problema. Hicimos una cosa muy importante que fue obligar a todas las empresas con más de 10 empleados, a dar el 5% de los salarios para hacer hogares infantiles. Usted ha tenido preocupaciones específicas por el tema de la niñez, la tercera edad y la mujer. ¿Por qué ha sido tan feminista?Siempre he considerado que aún hoy en vastos sectores, la mujer es tratada como un trapo. Con mucha discriminación, injusticia y falta de respeto, porque aún algunos piensan que la mujer es para que se ocupe de las cosas del hogar y nada más. A eso añádale el tema del maltrato intrafamiliar y la insatisfacción sexual, porque aquí el hombre no sabe hacer el amor, debido a que casi siempre ha aprendido con prostitutas. El colombiano hace el amor, se voltea y se duerme. Como yo hacía medicina social, cuando me llegaba una paciente por primera vez, conversaba mucho con ella para entender la naturaleza de sus problemas y al final le preguntaba cómo le iba sexualmente con su esposo. “Bien”, contestaba la mayoría de ellas. Pero, ¿usted tiene orgasmos? ¿“Eso qué es”? Me contestaban. ¡Imagínese! Si fuéramos un país lógico y justo, se investigaría mucho más al respecto para tratar de sacar a la mujer de ese maltrato que todavía existe, a pesar de que en algunos pocos sectores las cosas hayan mejorado. También hizo usted una investigación importante sobre la estatura de los colombianos, en la que demostró que en el siglo pasado crecimos siete centímetros.El estudio, para el Banco Mundial, lo hice con Doris Polanía, una economista muy valiosa e inteligente. Demostró que en las regiones donde aumentaba la estatura era porque la gente comía mejor, como sucedía en los departamentos de bonanza cafetera. El resultado es que, como en cien años hubo bonanzas más o menos largas en todo el país, la estatura mejoró. En la costa era todavía mejor, porque a nivel del mar la gente chupa yodo en el aire y la estatura es mayor. Sin embargo, nunca recibí ni una crítica, ni un elogio, ni ningún tipo de comentario sobre ese trabajo. Usted fue cercano a Juan Luis Londoño, cuya idea de la Ley 100 parecía estupenda en el papel, ¿qué cree que pasó para que hubiéramos llegado al actual desastre de la Salud?No quiero opinar ahora sobre el tema. Sólo le cuento que a Juan Luis le dije: su proyecto tiene algunas propuestas buenas, pero usted lo acaba en el primer párrafo, cuando dice que las EPS serán entidades con ánimo de lucro. Ahí las mata, porque les da permiso para hacer plata con la salud de la gente, y los dueños se van a volver millonarios. Me contestó que yo era muy pesimista.¿Me dicen que es usted anti-uribista, por qué?Uribe es Uribe, sigue siéndolo y quiere volver al poder. ¿Es un dictador, no?¿Qué piensa de la muerte, le teme?No, uno no le teme a la muerte cuando tiene una enfermedad incurable a la que cada rato se le añaden otras dolencias. A lo único que aspiro es a que sea sin tortura.

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