En el Ejército el que no esté a gusto se tiene que ir: general Alberto Mejía

Enero 04, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Miguel André Garrido Ávila | Colprensa
En el Ejército el que no esté a gusto se tiene que ir: general Alberto Mejía

General Alberto José Mejía, comandante del Ejército Nacional de Colombia.

El general Alberto José Mejía, comandante del Ejército, habló sobre los diálogos con la guerrilla en Cuba, sobre lo que viene para los militares en el posconflicto y la actual situación del país.

El general Alberto José Mejía, como comandante del Ejército Nacional es el responsable de enfrentar desde esa fuerza el conflicto interno en el país, y todo en el marco del proceso de paz que se adelanta en la Habana. A ese reto se suma el de no dejarse permear por los llamados de muchos sectores (de derecha) desde donde no se cree en el proceso de paz con las Farc y se habla de afectaciones y debilitamiento en  las Fuerzas Militares. El oficial habló con Colprensa sobre los diálogos con la guerrilla en Cuba, sobre lo que viene para un ejército en posconflicto, y de la manera como se preparan para enfrentar las posibles disidencias de la guerrilla, que se calcula podrían ser de un 20 % del total de subversivos en armas. También,  sin titubeos, rechaza las voces que piden que el Ejército se convierta en el palo en la rueda de los diálogos de paz.  ¿Cómo ha sido este 2015?  Ha sido un año muy importante, un año en el cual continuamos en el plan de guerra ‘Espada de honor’ que se divide en un esfuerzo armado y otro no armado.  ¿Ha habido cambios o nuevos objetivos? Este plan tuvo una adaptación especial que  se enfoca en un esfuerzo muy grande contra nuevos factores de criminalidad como la minería ilegal, el contrabando, el narcotráfico, la extorsión y el secuestro, etc. En ese sentido, en algunas zonas del país hemos llegado para, en vez de bombardear un campamento, arrancar miles de hectáreas de coca, destruir minas ilegales y destruir el articulado de su red de extorsión.  Este plan  nos permite actuar de manera diferenciada y accionar de manera distinta en las regiones en las que hay ELN, Farc, y otras en las que las bandas criminales, etc, además hay regiones en las que hay de todo.  ¿Cómo está hoy ‘Espada de honor’?  Hace cuatro años se hizo por primera vez ‘Espada de honor I’, debido a que el narcotráfico y los frentes guerrilleros; entre otros, empezaron a crecer. Por eso se dispuso un plan para que ese vector del delito fuera en descenso, y el plan generó buenos resultados. Hace poco más de una década hablábamos de 22 mil guerrilleros de las Farc en armas, hoy hay menos de 6000. Al ELN lo redujimos de 5000 a menos de 1400.   ¿Cuál ha sido el papel de las Fuerzas Militares frente al proceso de paz? Hemos brindado un apoyo total al Gobierno Nacional. Lo que hemos venido haciendo es una muestra de férrea disciplina institucional, además de máxima comprensión democrática. ¿ Hay enemigos de la paz? Hay personas que se atreven a recomendar que no apoyemos, que no participemos en el proceso de paz; y que seamos el palo en la rueda. Eso sería una mentalidad golpista, y eso no existe en el Ejército de Colombia. Nosotros tenemos como máxima premisa estratégica que este proceso pueda llegar a un buen término y que no se vaya a dañar por culpa del Ejército. Podrán señalar a cualquier otra institución o personas, pero no a los soldados colombianos. Los soldados son los que más sufren las barbaridades de la guerra.  Entonces, usted descarta divisiones internas en las Fuerzas Militares por cuenta de los diálogos de paz…  En el Ejército sí hay divisiones, y son ocho; cada una de entre 25 mil y 35 mil hombres, y son para el combate. Somos un solo cuerpo, una sola voluntad, una sola Doctrina. La organización monolítica y cerrada no permite divisiones. El que no esté a gusto se tiene que ir, el que no crea en lo que estamos haciendo no tiene cabida en la Institución. Así de fácil y así de sencillo. ¿Cree que se va a firmar la paz con las Farc? Nosotros hace unos años estábamos convencidos de que la paz era una quimera, y lo creíamos porque conocemos a profundidad a este enemigo. Hoy los logros son tan grandes y los acuerdos tienen tanta profundidad estratégica que, sin adelantarme a lo que pueda ocurrir, están dadas unas mejores condiciones para que el proceso pueda ser exitoso. ¿Cómo se imagina  Colombia en 2016, tras una eventual firma de diálogos con las Farc? Son muchas cosas, y no puedo responder en blanco y negro. Pero le puedo decir que nosotros vemos distintos escenarios. Una cosa es el escenario con o sin el ELN, otro con disidencias, etc. Hay múltiples escenarios y tenemos una planificación  para atender cada contexto. ¿Cuántos guerrilleros podrían quedarse en armas; es decir, irse al ELN o a las bandas criminales? Yo no tengo ese cálculo, no existe una fórmula matemática para ello, pero expertos en el tema consideran que en conflictos de baja intensidad en el mundo el 20 % de estas organizaciones se convierten en disidencias. Yo espero, por el bien de la Patria, que este número en el caso de las Farc sea mucho menor, pues eso significaría un 20 % de seis mil hombres que pueden tener las Farc.  ¿Cómo recibió la decisión de la Fiscalía de poder bombardear bandas criminales? Este es un propósito muy importante del Gobierno Nacional. Por su accionar, las bandas criminales se han convertido en grupos de delincuencia organizada que rayan en pequeños ejércitos para oprimir regiones. El Estado se ha mirado al espejo y entiende que no puede tener sus capacidades dispuestas, pero no utilizarlas contra este tipo de enemigos. Es fundamental que se creen las condiciones y el marco jurídico para poder atacar estos problemas en el marco del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Es muy importante que autoridades de la talla del Fiscal General de la Nación estén preocupadas y estén diseñando normas y directivas que protejan el accionar y el uso de la fuerza contra estos generadores de violencia. Con esto nos sentimos muy respaldados. ¿Están maniatados para atacar a las bandas criminales, buscan ustedes que se le suelten las amarras? Este es un tema jurídico. Mire, ubíquese en Norte de Antioquia, o en el bajo Cauca, donde existen Farc, ELN y bacrim. A las Farc y al ELN los podemos atacar bajo el manto del DIH y podemos emplear todo el poder de combate; mientras con las bandas criminales, que actúan de la misma manera que la guerrilla, con fusiles y camuflados, no lo podemos hacer pues están cubiertos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, y en este caso no se puede usar toda la capacidad militar. Un soldado en el campo de combate no distingue, en medio del fuego, quién es el que le dispara. En este caso estamos en una zona gris que nos pone en riesgo jurídico. ¿Cómo reciben la Justicia Transicional para militares? La Justicia Transicional es muy importante llegando al fin del conflicto. Nosotros estamos convencidos de que quedar por fuera de esta Justicia sería un error histórico. Estamos muy reconocidos de tener el apoyo del Presidente. Este es un salto para caer en la piscina del DIH. Para nosotros es un imperativo que cuando alguna persona nuestra cometa un error, sea juzgada en el marco de su actuar, y nuestro marco es el DIH. Una emboscada es vista de una manera desde los Derechos Humanos, y de otra desde el DIH. En el primer caso la emboscada es una masacre, en el segundo, es un acto protegido por el DIH.  ¿Qué les dice a quienes consideran que por la Justicia Transicional los militares son tratados con el mismo rasero de los guerrilleros? Nosotros no lo vemos así. Lo que vemos es que hay una Justicia Especial para la paz, una justicia que tiene toda una protección desde su legitimidad nacional e internacional, y dentro de dicho sistema existe un subsistema para el Ejército y otro para la guerrilla.  Entiendo que haya personas que no quieran comprender esto, pero es muy diferente darles amnistía a unos guerrilleros, mientras que en el subsistema de militares no está esa posibilidad. Son diferentes, aunque sí hay vasos comunicantes. ¿Si las Farc se van del escenario, cuál es el enemigo que queda? Tenemos que ser cuidadosos con las explicaciones que le damos al país. La firma del acuerdo de paz, si se da el 23 de marzo, no implica que ese día por obra y gracias del Espíritu Santo el cielo sea rosa y al país llegue la paz. El narcotráfico va a seguir creciendo, la minería ilegal seguirá, las bandas criminales estarán tratando de exportar más cocaína; el ELN, si no entra al proceso, va a tratar de atacar al pueblo y tratará de mantener sus capacidades terroristas y su estructura, las disidencias querrán llegar a las estructuras ilegales. Por eso se necesita un Ejército organizado y bien entrenado, flexible para atender todo el crimen y sus diferentes formas. No nos va a volver a pasar lo de hace unos 15 años, cuando no vimos rápido que la guerra de guerrilla pasaba a una de movimientos.

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