El talento con el que los caleños han deslumbrado al Papa

El talento con el que los caleños han deslumbrado al Papa

Septiembre 08, 2017 - 11:30 p.m. Por:
Redacción de El País 
Papa Francisco en Bogotá

La Fundación Estímulos realizó la presentación al Papa en las afueras de la Nunciatura Apostólica

Colprensa

El maestro Hardinson Castrillón, director de la Escuela de Música Desepaz, dice que haber tenido al papa Francisco a menos de cinco metros, atento, escuchando el coro de 36 niños que cantaba la canción ‘Un paso hacia la paz’, es quizá una de las experiencias más importantes de su vida.

Tuvo lugar la tarde de este jueves, en el Palacio de Nariño, en donde el Coro de Desepaz le rindió un homenaje a Francisco con aquella canción de Carlos Vives cuyo arreglo coral es del propio maestro Castrillón.
Pero no solo se trató del maestro, sino de los propios niños, de los cada uno de 36 chicos que estuvieron allí, presenciando la historia.

Varios lloraron, cuenta el maestro, algunos sencillamente no podían creerlo. “Cómo iba a ser de otro modo, si la mayoría de ellos ni siquiera habían volado en un avión y era la primera vez que se separaban de sus familias durante tres días. Y todo eso para ver a uno de los hombres más importantes del mundo, cómo iba a ser de otro modo”.

Ahora, de regreso a Cali y a la Comuna 21 en el oriente de la ciudad, una de las más violentas y más afectadas por la marginación, el maestro Hardinson piensa en lo que acaba de ocurrirle a cada uno de esos chicos y a él mismo.

“Todos ellos son adolescentes y niños que viven en condiciones de vulnerabilidad y este tipo de cosas terminan por cambiarle sus vidas. La Escuela de Música de Desepaz demuestra que está en el camino correcto, trabajando por estos niños en condiciones tan difíciles. Que conocieran al Papa y cantaran para él es un aliento de esperanza para seguir trabajando”.

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A través del teléfono Mery Benítez, madre de Sebastián, habla con tanta emoción como su hijo. Él hizo parte de las seis parejas de la organización Estímulos que viajaron hasta Bogotá para presentarle a Francisco una coreografía del bambuco ‘Nuestra Tierra’.

Cada uno de los doce asistentes son hombres y mujeres con discapacidades diversas, algunos con Síndrome de Down, otros con dificultades cognitivas, motoras, etc. Mery le pregunta a su hijo cómo se sintió y él contesta, con una emoción que aún no se extingue: “Mucha felicidad de estar en esta familia y con todos mis compañeros para bailar un bambuco”.

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Esta visita, dice Mery, es de algún modo la materialización del propósito de Estímulos, una organización que trabaja en Cali para ofrecerle oportunidades de vida a los jóvenes discapacitados. “Estímulos lo que hace es tratar de llevar felicidad a las vidas de todas estas personas que, como hijo, tienen problemas cognitivos. A través de sus programas lo que buscan es llevar el mensaje de que sí son capaces de hacer parte de la sociedad, de que ellos pueden tener una comunidad que sea destacada y visibilizada en todo el mundo”.

Doña Mery y su hijo Sebastián lo saben muy bien: haber danzado frente a una de las personalidades más notorias del mundo es la demostración de que, a pesar de todo, para ellos no hay límites, de que nunca habrá razones suficientes para rendirse.

Fue justo en medio de su presentación con sombreros y pañuelos rojos y pantalones de seda, que Francisco afirmó: “Necesitamos que esa vulnerabilidad sea respetada, acariciada, curada a la medida de lo posible y que de frutos para los demás".

Y antes de que el acto terminara el Papa le dijo a Andrea, una de las jóvenes bailarinas: “Te puedo hacer una pregunta?¿Quién es el único que no es vulnerable?". Dios, fue la contestación a unísono de los jóvenes que compartieron ese momento con Francisco.

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“Una cosa es contarlo, otra es vivirlo, me sentí demasiado emocionado a menos de medio metro del Papa, se siente su energía de paz”, dice Joaquín Labrada, director del grupo de danza Jocaycu, otro de los invitados de Cali para homenajear al Sumo Pontífice.

Jocaycu es un grupo de danzas folclóricas que nación en el barrio Cristobal Colón sin otra ambición que llevar cultura a los chicos de ese barrio.

Hoy pueden decir que los 60 niños y adolescentes se han inscrito en la historia y que, sin duda, el hecho de que hayan estado frente al máximo jerarca de la Iglesia Católica será contado durante muchos años más.
“Cuando lo vimos todos empezamos a derramar lágrimas, fue indescriptible”, dijo Didier Enríquez, uno de los bailarines.

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