El Palacio fue convertido en un horno crematorio: magistrado sobreviviente

El Palacio fue convertido en un horno crematorio: magistrado sobreviviente

Noviembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Jessica Villamil Muñoz | Reportera de El País
El Palacio fue convertido en un horno crematorio: magistrado sobreviviente

Nicolás Pájaro, sobreviviente de la toma del Palacio de Justicia en 1985.

Nicolás Pájaro, sobreviviente de la toma del Palacio de Justicia, dice que no callará más, que desprecia al M-19 y al expresidente Belisario Betancur.

Confiesa que guardó silencio por respeto a su familia, que temió por su vida, pero no puede callar más porque son muchas las cosas que se han tergiversado. Nicolás Pájaro Peñaranda es uno de los pocos sobrevivientes de la toma del Palacio de Justicia  que se ha negado a relatar ante la prensa cómo vivió el holocausto. Incluso, su silencio duró 23 años; hace siete contó por primera vez algunos detalles, pero ahora está decidido a hablar “por honor a la verdad”. Era magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia cuando un comando del M-19 entró al Palacio. Han pasado 30 años, pero el abogado cartagenero mantiene intactas las imágenes del horror que duró 28 horas. Cuenta que se resguardó en un baño y al segundo día lo sacaron en camilla con una herida de bala hasta la Casa del Florero. Evitó el traslado al Hospital Militar, porque asegura, lo hubieran desaparecido. Insiste que en la toma las balas salieron disparadas de las armas de la guerrilla, pero también de artefactos usados por  el Ejército. Aún así “la gente  hipócritamente dice que no sabe quién fue el responsable y por qué murieron tantas personas”.   ¿Cómo recibe el perdón que pidió el expresidente Belisario Betancur por lo ocurrido en el Palacio de Justicia hace 30 años? Creo que es un perdón que no puede recibirse bien, porque lo condicionó. Él  dice ‘si errores cometí, pido perdón’. No, él lo que  debe decir es: ‘Acepto que se cometieron errores y le pido perdón al pueblo colombiano y a las víctimas del Palacio de Justicia’. Cómo va a decir que no es  un error que se haya arrasado a la mitad de la Corte Suprema de Justicia, que  el Ejército haya matado a  muchas personas inocentes. Que eso lo hagan los guerrilleros que son los delincuentes, pero la Fuerza Pública no.   El presidente Belisario Betancur dijo que todo lo había dirigido  desde la Casa de Nariño y él era el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, entonces no puede condicionar el perdón. ¿Entonces, se trató más de un trámite, un perdón obligado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos? La de Belisario Betancur es una  solicitud de perdón mojigata, el Palacio  de Justicia fue convertido en un horno crematorio y los magistrados y muchas personas murieron calcinadas, de tal manera que hasta se acabaron las pruebas porque se convirtieron en ceniza. El perdón hay que darlo con  sinceridad, con valor civil, el pueblo colombiano no se puede dejar engatusar con palabras de esa naturaleza. Si la Corte Interamericana de Derechos Humanos le dijo al Estado  colombiano que tenía que pedir perdón es porque los agentes del Estado, en esa época dirigidos por el doctor Belisario, cometieron  atropellos, violaron Derechos Humanos y  delitos de lesa humanidad; no es una cosa caprichosa. Me parece muy bien que el presidente Juan Manuel Santos acceda a pedir perdón, aunque no tuvo injerencia  en esos asuntos, pero también debe pedir perdón el señor Belisario. No hacerlo, es una cobardía con la sociedad colombiana. Usted es una de las pocas víctimas que guardó silencio durante décadas ¿Por qué lo hizo? Yo tuve un proyecto de silencio porque  mi familia me pedía que no hablara, porque sentía  cierto temor porque había estado en peligro durante los hechos de la toma. Cuando me fueron a operar en la Caja Nacional de Previsión Social  un soldado entró al quirófano para sacarme, de haberlo logrado  tal vez me hubieran desaparecido o mis restos estarían dispersos en una caja de esas que están en poder de la Fiscalía, por eso  preferí guardar silencio. Pero al ver que en Colombia hay una tendencia al silencio y  un pacto de oídos sordos,  pensé que hay que hablar porque al pueblo  no se le puede engañar así como nos engañó   doña Noemí Sanín (ministra de Comunicaciones de la época) cuando puso a transmitir un partido de fútbol con argumentos infantiles, al decir que era para evitar un Bogotazo. El Bogotazo tenía que evitarlo el Presidente de la República, a quien el presidente de la Corte Suprema de Justicia Alfonso Reyes le pidió que suspendiera el fuego porque era un asunto de vida o muerte, si él dijo eso era  porque el fuego del Ejército estaba  poniendo en peligro la vida de los magistrados. Ese proyecto de silencio también fue con su familia y amigos, o ¿habla a menudo con ellos de lo ocurrido, como hacen algunas personas a manera de catarsis? No he tenido necesidad de hacer terapia. La única terapia es decir la verdad porque  es un compromiso. He sido abogado, soy abogado, he sido vicepresidente del Consejo de Estado, magistrado durante mucho tiempo y soy amante de la verdad y de que la justicia funcione y se hagan las cosas como deben ser. Es cuestión de que el país tiene que salir de esa situación tan vergonzosa  que vivió con la toma del Palacio de Justicia y no  se puede hablar de retoma porque el Palacio fue incendiado, fue una destrucción. Muchas de las víctimas dicen que los impactó que al salir del Palacio la vida seguía como si nada. ¿A usted qué lo marcó? Policarpa Salavarrieta antes de ser fusilada dijo: ‘Pueblo indolente’. La movida de Noemí Sanín fue un acto de indolencia.  Y en general de todo el país, aquí a la gente no le duele nada mientras no se afecte directamente, no reacciona. Aquí días después de lo que pasó hicieron el Reinado de Belleza como si nada hubiera ocurrido, cuando la tragedia del Palacio de Justicia fue tanto o más grave que la tragedia del 9 de abril. ¿Luego de 30 años y tantos testimonios, fotografías, videos, porqué cree que  no se logra esclarecer la verdad? Hay una tendencia a los oídos sordos. Yo he declarado cómo fue la situación dentro del Palacio de Justicia. El Ejército entró con las tanquetas cascabeles y dispararon continuamente y bombardearon las oficinas de los magistrados, sobre todo, las que quedaban en el costado norte del Palacio; desde la calle estaban apostados francotiradores  de la Fuerza Pública  que  disparaban incesantemente contra las oficinas de los magistrados; se acercaban los helicópteros y disparaban miles de balas contra los despachos y todavía la gente  hipócritamente dice que no sabe quién fue el responsable y porqué murieron tantas personas. Yo narro los hechos y la deducción la debe hacer quien escucha. ¿Qué piensa de quienes vivieron ese momento, pero  hablan desde otra óptica y  aseguran que   el Ejército no tuvo nada qué ver en muertes y desapariciones en el Palacio? Creo que son afirmaciones irresponsables porque a todo el país le consta que el Ejército disparó un roquet contra la fachada del Palacio de Justicia, entró en una oficina de la Fiscalía del Consejo de Estado y murieron dos o tres funcionarios. ¿Ese crimen, de quién es culpa? Yo puedo atestiguar que el Ejército se tomó en las tres primeras horas la primera planta del Palacio  y allí estaban con tanquetas y miles de soldados con su armamento. Ahí estaban las secretarías de la Corte Suprema de Justicia  y del Consejo de Estado con su multitud de expedientes que luego se quemaron. ¿Cómo es posible eso? ¿Qué produjo el incendio? ¿el Ejército  entonces fue tan ineficiente que no pudo controlar la situación  con todo su arsenal y con toda su gente cuando los guerrilleros estaban arrinconados en el cuarto piso del edificio? Así las cosas, ¿por qué cree que las propias víctimas se niegan a aceptarlo? La gente no quiere hablar, no quiere oír. Aquí siempre ocurren los magnicidios, la verdad se sabe y también quiénes fueron los culpables, pero no quieren aceptar la verdad. Mataron a Jorge Eliécer Gaitán  a Luis Carlos Galán a Álvaro Gómez y pasan los años y siempre están conmemorando los magnicidios, pero no se aclara nada. Esta cuestión del Palacio de Justicia se vuelve cada año el reestreno de una película de terror. Si el M-19 no se hubiera tomado el Palacio de Justicia usted no habría recibido un balazo y su vida habría corrido riesgo,  ¿ya perdonó a esa guerrilla? Los del  M-19 actuaron como unos delincuentes, tenían que condenarlos y sin embargo muchos quedaron libres, intervinieron en política. En mi conciencia no siento odio por ellos, ni tampoco por el expresidente Belisario Betancur, ni por las Fuerzas Armadas. Si no tengo ni siquiera odio por el M-19, no tengo por qué perdonarlos, más bien siento desprecio. Los jueces tienen que condenarlos o perdonarlos. Pero los que dirigieron los operativos  tiene que pedir perdón a las víctimas y yo fui una víctima también porque a me atravesó una bala que todavía tengo adentro.

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