El colombiano que se convirtió en 'ángel' de los refugiados sirios

El colombiano que se convirtió en 'ángel' de los refugiados sirios

Marzo 18, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Gustavo Molina - Semillero de Periodismo UAO / El País
Juan Manuel López Padilla Siria

El bogotano Juan Manuel López Padilla es el líder de casi 80 voluntarios de la ‘Fundación juventud con una misión’, que ayuda a inmigrantes de diversas naciones que llegan a la isla de Lesbos, en Grecia, huyendo de la violencia.

Redacción de El País

Al campamento de Moria, ubicado en la isla de Lesbos, en Grecia, llegan refugiados de Irán, Irak, Siria, entre otros países, buscando dejar atrás un pasado de sangre, violencia, sufrimiento y desesperanza, ocasionado, en su mayor parte, por los conflictos bélicos. El colombiano Juan Manuel López Padilla, de 28 años, como voluntario, busca ayudarles brindándoles lo que la guerra les ha arrebatado.

Antes de empezar su camino de ayuda humanitaria, estudió gastronomía en la prestigiosa escuela Mariano Moreno de su ciudad natal, Bogotá, y ejerció su carrera un año.

Poco después, se dio cuenta de que el destino no lo determinan las habilidades, sino las decisiones. Por eso, en octubre de 2011 quiso seguir su vocación cristiana: ayudar al prójimo. Y encontró el lugar perfecto, la Fundación Jeunesse en Mission (Juventud con una Misión), en Biarritz, Francia, donde realizó una capacitación y formación teológica durante seis meses.

Nunca le tuvo miedo al cambio. Así que decidió dejar de lado los prejuicios de la sociedad y seguir su pasión. “Al principio, mi familia no entendió por qué quería tomar ese camino. Me preguntaron qué quería hacer con mi vida, una pregunta normal porque esta sociedad está muy dependiente del dinero. En ese entonces, no tenía respuestas muy claras, pero ellos se han dado cuenta de que esto es lo que me gusta”.

Sin embargo, antes de llegar a Lesbos, tuvo que mostrar su valor y determinación. Siempre ligado a Juventud con una Misión, trabajó en varios países como Inglaterra, Holanda, Alemania, España, Suiza, Bélgica e Italia, repartiendo comida en las calles a quienes no tienen un hogar, ayudando a personas inmersas en el mundo de la prostitución y de las drogas, a niños de orfanatos, y además, como co-manager de estudios bíblicos internacionales.

De esta manera, llegó en 2016 a liderar el campamento de Moria que tiene casi 80 voluntarios de Juventud con una Misión al servicio de los refugiados. A pesar de su corta edad, demostró la valentía y el coraje necesarios para guiar e iluminar el camino de quienes más lo necesitan.

Siria Refugiados Moria

El campamento de Moria está rodeado por campos de olivos y se encuentra a pocos kilómetros del mar.

Redacción de El País

El campamento de Moria está rodeado por campos de olivos y se encuentra a pocos kilómetros del mar. Es un centro rodeado por una valla de espino y concertinas (alambrados de seguridad) de más de tres metros de alto. En la actualidad tiene una sobrepoblación de refugiados.
“El año pasado el número de refugiados creció y ahora tenemos más o menos 7000 personas en el campamento, el que, inicialmente, fue creado solo para 1800 inmigrantes. Ya podrán imaginarse las condiciones en las que viven”.

Nosotros distribuimos alimentación, damos alojamiento, agrega Juan Manuel. “Les decimos a las personas dónde pueden poner sus carpas para tener cierto control sobre la situación, porque no podemos decirles acomódense donde puedan, ya que así se empiezan a generar otros conflictos por las diferentes nacionalidades y creencias. Les brindamos ropa, primeros auxilios y los registramos para facilitar su salida a otro país”.

Juan Manuel fue el ganador del Premio Nacional de Voluntariado Juvenil en 2016 entregado por la institución Colombia Joven. “El deseo de seguir ayudando sigue”, dice.

La vida en Lesbos

En la isla de Lesbos, de 86.436 habitantes, el problema va más allá de los refugiados, dado que su ingreso económico depende del turismo y a raíz de la crisis por los inmigrantes, según expertos, las tasas de visitantes han empezado a bajar. Por esto, Juan Manuel y su grupo de voluntarios procuran colaborar con los ciudadanos de este lugar.

“El turismo ha bajado en un 70 % desde 2015. Hay muchos negocios que se están cerrando, muchas familias que se están yendo. Nosotros les queremos ayudar en lo que más podamos”, comenta este amante del fútbol, del ajiaco y los asados.

Por eso, la organización benéfica trata de alojar a algunos refugiados en hoteles, casas y apartamentos de Lesbos para ayudar a quienes dependen de esta actividad. Además, las compras para abastecer el campamento las hacen en los negocios locales. Aparte, han ayudado a reconstruir algunos parques para los niños.

En Moria hay refugiados de 44 nacionalidades diferentes. Pero de donde provienen en mayor medida es de India, Afganistán, Turquía, Irán, Irak, Siria y gran parte de África. “Enviamos a los refugiados hacia Atenas. Es la primera parada que hacen, y luego, deben hacer otro proceso donde ellos van a poder seguir a otros países que son más estables económicamente”.

Este hombre paciente y de temperamento afable no vive en Moria, sino en Mitilene, población que está a 15 minutos en carro del campamento.
Su día empieza a las 6:45 a.m. y finaliza a las 11:00 p.m. A pesar del ajetreo diario, busca realizar actividades que disipen su mente, como leer, escribir, jugar al fútbol. En ocasiones cocina, “pero no mucho, porque mi trabajo es muy administrativo y no tengo tanto tiempo”.

A pesar de que no reside dentro del campamento, se mantiene informado de todos los sucesos y va a este dos veces por semana. Todo, porque debe coordinar a los voluntarios de la fundación. A ellos les brinda dos tipos de alojamiento: un barco donde se quedan quienes tienen pensado estar un corto tiempo y cuatro apartamentos arrendados para quienes permanecerán indefinidamente.

Las cicatrices de la muerte

Haber mirado de cerca a la muerte le dejó una marca que siempre llevará consigo: “En enero de 2017 en el campamento tres personas perdieron la vida. Estábamos en pleno invierno y los refugiados tenían mucho frío y solo podían comprar botellas de gas butano que prendían en la carpa donde estaban. Unos se quedaron dormidos con el fuego encendido, lo que hizo que al acabarse el oxígeno, no tuvieran forma de respirar”, rememora Juan.

Sin embargo, el suceso que más lo marcó fueron dos muertes durante una protesta en 2016. Mientras narraba esta historia, su voz grave adopta un matiz más frágil: “En esa ocasión, se desató un incendio por el que mucha gente quedó herida y un niño de 3 años y su abuela murieron.
Hay muchas otras historias que son muy complicadas, pero me marcan demasiado las que están relacionadas con los niños que llegan solos, sin ninguna otra esperanza, solo con el poco de dinero que les dejaron”.

Juan Manuel y su grupo de voluntarios no buscan fama, reconocimiento o dinero; todo lo hacen sin recibir nada a cambio. Lo que realmente esperan lograr es devolverles la vida a los refugiados que les fue robada y los sueños que les fueron pisoteados. La satisfacción de este equipo radica en devolverles a estas personas, a través de la fe, la esperanza por un mejor futuro.

Precisamente, gracias a su fe, ha logrado mantenerse firme en medio de las afugias. Y provenir de Colombia ha sido un punto a su favor. “El tema físico y mental es muy agotador. Ser colombiano me ha ayudado mucho, soy parte de un grupo que es muy berraco, trabajador y honesto. Muchas personas de otros países después de dos meses no pueden seguir. Nuestra fuerza y energía proviene de lo que Dios nos ha enseñado”.

Esta energía es la que lo hace fuerte ante las dificultades. En Moria no solo debe afrontar problemas de protestas y sobrepoblación sino también los que surgen por personas que tratan de aprovecharse de la desgracia ajena: “Hay algunas secciones donde los refugiados no pueden acceder dado que hay mucha delincuencia. Existen muchos que se hacen pasar por refugiados y vienen por tráfico humano. Buscan gente que esté en dificultades para ofrecerles trabajo quién sabe dónde, y terminan en la prostitución”. Por situaciones como esta, tratan de que los menores de edad o mujeres que llegan solas, tengan una mayor atención.

Juventud con una Misión no es la única fundación presente en Moria. Hay otras como: I58, GEM, UNHCR, Remar. “Había más, pero desde que no llegaron más periodistas a hacer reportajes sobre los refugiados muchas se fueron. Al principio eran alrededor de diez organizaciones”.

El desencanto, la soledad, el dolor ajeno, el llanto y la impotencia aún lo afectan. Y el frío, la lejanía de los seres queridos, las diferencias culturales y de lenguaje son realidades que no puede dejar a un lado.
“Con el corazón en la mano y lágrimas en la cara, lo único que logra reconfortarme es saber que estos desterrados pueden estar en un mejor lugar con Dios en su mano”.

Lo dice con convencimiento, porque frente a él han pasado miles de historias de angustia, tristeza, sangre y muerte. No obstante, no pierde la esperanza y tampoco deja que la fe se escape. Pues todas estas personas que han pasado por su vida le han dejado una enseñanza. “La lección que he aprendido es que Dios se interesa en ayudar a todo el mundo, no solo a algunos. Ese fue el plan de la creación, que todos nos podamos ayudar para tener una mejor vida. Si yo puedo ayudar a los refugiados a que se den cuenta de que Dios quiere ayudarles, esa es la lección más grande”.

Fiel a sus creencias, este ángel colombiano de los refugiados en Moria, seguirá guiando el camino de quienes necesiten un destello de luz en sus vidas.

"Decidí dejar atrás las armas, la muerte, la violencia"
Juan Manuel López Padilla Siria

Rasha y Juan Manuel se han convertido en muy buenos amigos. El iraquí dice que no quiere regresar a su país. Actualmente está interesado en ayudar a otras personas y a conocer más de Dios.

Cortesía para El País

Esta historia aún no tiene un final feliz. ‘Rasha’, como prefiere que le llamen, tuvo un buen nivel de vida hasta que debió huir de la realidad de la guerra y de la muerte. Con 34 años, dejó atrás lo que más ama, sus dos hijos y con ellos, quedó parte de él en Kurdistán, Irak. En un cruce de caminos se topó con Juan Manuel López, ‘el ángel colombiano de los refugiados’, quien ha logrado devolverle poco a poco la esperanza.

¿Cómo era su vida en Irak?

Mi vida en Irak era magnífica. Tenía mi familia, trabajo estable, casa y carro. Trabajaba para el Ejército y ocupaba un buen cargo. Allá hay un grupo que defiende el país del terrorismo. Para aquel entonces, Isis estaba tomando más control del país y yo me uní a este grupo de defensa. Tomé el puesto de francotirador y cuando no estaba en ese trabajo, era guardaespaldas de un alto funcionario de mi país. El problema fue que al ser guardaespaldas de esta persona, Isis quería tener más información personal y primordial para ellos. Como yo la tenía, entonces empezaron a perseguirme.

¿Debió salir de su país por la persecución de Isis?

Siempre estuve marcado por la guerra. Mi padre fue un comandante, pero falleció en combate cuando yo tenía 9 años. Admiraba demasiado a mi papá, por eso me uní al Ejército, hasta que me enteré de que mi padre no trabajaba solo para este organismo. Esto me marcó mucho y llevó a mi familia al sufrimiento. Ahora no solo Isis me estaba buscando, sino el Ejército, para saldar cuentas que mi padre no pudo pagar.

¿Qué sucedió con su familia?

Al haber demostrado ser alguien confiable con las personas que trabajaba y haber podido ahorrar dinero, me dieron tiempo para dejar a mis dos hijos, de 5 y 7 años, con un amigo cercano y huir solo, a Europa. Tuve que dejarlos, prefiero que estén seguros, ya que no sabía los riesgos que podrían correr en el trayecto.

¿Cómo se contacta con sus hijos?

Por lo general, mediante Skype.

¿Cuándo se reencontrará con ellos?

Estoy a la espera de poder terminar mi proceso de identificación aquí en Grecia, que ya lleva más de un año, y así poder ir a algún país vecino donde haya más facilidad para que mis hijos se transporten y no corran tanto peligro. No tengo pensado volver a Irak.

¿Cómo fue su trayecto Irak-Grecia?

Mi camino empezó a pie de Irak a Turquía. En ese lugar hallé gente a la que tenía que pagarle para ir de ciudad en ciudad y luego el final fue la frontera con Grecia (Lesbos). Allí pasé un tiempo buscando la vía para ir de Turquía a Grecia. Finalmente, encontré a alguien que me llevó en la madrugada del 15 de diciembre del 2016 y me dejó solo en una playa y se marchó con el dinero que yo tenía para aquel entonces.

¿Cuánto tiempo demoró en total para llegar y cuánto dinero gastó?

Un mes duré en llegar a Grecia desde Irak. Gasté entre 4500 y 5000 euros.

¿Cómo ha influido en su vida el grupo de voluntarios liderado por Juan Manuel López?

Desde que encontré este grupo al haberme quedado solo aquí en Grecia, esta gente no me mirón con lástima y me ofrecieron su amistad. Gracias a ellos, he encontrado nuevamente paz y voluntad de vivir. En mí nació el ánimo de ayudar a la gente porque me demostraron que las personas buenas existen. Decidí que el dinero que tengo ahorrado, gran parte va destinado a mis hijos y la otra, para darles una esperanza a quienes están en una situación peor que la mía. Ayudo a pagar tratamientos médicos y a comprar comida para las familias. No quiero ir más lejos en Europa que Grecia, ya que en Lesbos he encontrado un grupo de personas que me inspira a ayudar y esto es lo que quiero seguir haciendo por el resto de mi vida, por eso decidí dejar atrás las armas, la muerte, la violencia, la indiferencia y la guerra.

Usted y Juan Manuel se volvieron amigos. ¿Cómo y por qué se dio esto?

La razón por la cual yo me siento bien con Juan es porque, mi padre, mi madre y mi hermano, están todos muertos. Yo dejé una familia en mi país y a la llegada a Grecia no conocía a nadie. La vida es muy difícil cuando estás solo y todos te miran raro en la calle. Cuando yo conocí a Juan, con una sonrisa y una mano abierta me saludó y se presentó no como alguien mejor que yo, sino como alguien con un corazón abierto.

Ahora por el tiempo que hemos pasado juntos, a veces felices, a veces tristes, Juan y los demás voluntarios son mis hermanos, mi familia.

En mi país la diferencia de edad es muy marcada. Si yo soy mayor que alguien más, no tengo que hablarle o ponerle atención. Por ejemplo, Juan tiene 28 años y yo soy mayor. Si él me habla mal o me pide ayuda, no le tengo por qué hablar y no le tengo por qué ayudar. Pero Juan y su grupo me enseñaron que todos somos iguales, que la edad o el sexo no importan. Que todos nos podemos ayudar, que si ellos me ayudan, no es porque ellos trabajen en eso, sino porque les nace querer ayudar.

Para ayudar no necesitas tener trabajo, pero sí amor por los demás. Mi mejor tiempo acá es con ellos, me siento bien, me aceptan, me quieren, me enseñan de amor no solo con la Biblia, sino a través de acciones y palabras.

¿Qué reflexión le deja todo esto?


Nací en una cultura musulmana y nunca me interesé en otras religiones, pero pasar tiempo aquí con este grupo me llevó a preguntarme más cuál es el puesto de Dios en mi vida. Me mostraron un camino, el cual seguramente Dios les habrá guiado. No sé qué me depara el futuro, pero sí sé que Dios existe y que lo quiero conocer.

Un informe de la Comisión Europea da cuenta de que han llegado 3449 personas a Grecia desde Turquía entre diciembre y febrero, comparadas con las 200.000 que recibió en el mismo periodo de 2017.

Un problema difícil de resolver

A pesar de que en 2017 se firmó un acuerdo entre la Unión Europea y Turquía para frenar la llegada de migrantes a las costas griegas, sigue la crisis de refugiados, dado que más de 14.000 personas están a la espera de una respuesta del gobierno griego para determinar su futuro.

Una de las principales razones por la cual Grecia se ha convertido en un punto estratégico para la llegada de refugiados es porque ha sido históricamente la puerta de Occidente a Oriente y es para muchos el primer país de la Unión Europea al que pueden acceder, según Mauricio Jaramillo, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

Además, Grecia hace parte del acuerdo Schengen, lo que significa que es uno de los 26 países europeos que han abolido los controles fronterizos.
De la misma manera, Jaramillo explica que las costas de Grecia son muy apetecidas al igual que las de Italia por la gente que llega de tres puntos: Oriente Medio, es decir, son personas que huyen de Siria, que salieron en su momento por los recrudecimientos bélicos de Israel y Palestina. El otro punto es el África Subsahariana: mucha gente que viene del África negra. El otro punto es Magreb (norte africano). Esto ha hecho que Grecia haya enfrentado una llegada inédita de refugiados”, recalca el docente.

Otra de las razones es la proyección del Estado Islámico en países como Nigeria, Chad, Camerún, Malí, Guinea, Burkina Faso, que ha provocado la salida de miles de personas huyendo de la violencia. A esto se suma gente de la otra Europa que trata de llegar a Europa Occidental por la vía de Grecia, agrega Jaramillo.

Son tres tipos de migrantes: unos son los que huyen de la violencia; otros, por razones económicas que atraviesan sus naciones y unos más son los perseguidos políticos.

El refugiado llega al país que puede, siendo en este caso Grecia. Luego de esto, empieza un proceso que se debería tardar un mes (pero se han visto casos que tardan más de un año). Posteriormente, es enviado a otro país y el gobierno griego es el que decide su estatus final: a qué nación va a ir.

Las condiciones humanas para los refugiados son críticas dada la sobrepoblación que hay dentro de los campamentos en Grecia. El gobierno griego no cumple los procesos como debería ser y hay 14.371 personas esperando la resolución de su situación.

Francisco Zappalá, doctor en filosofía, abogado y director del Departamento de Ciencia Jurídica y Política de la Universidad Javeriana Cali comenta que hay muchas ONG, como la Cruz Roja que apoyan a los estados con todo lo que tiene que ver con los requerimientos de las necesidades básicas de los refugiados. Además de eso, desde el punto de vista jurídico, algunos países europeos están obligados a conceder el asilo por motivos políticos si estos inmigrantes demuestran algunas de las condiciones específicas para obtenerlo. “Por lo menos, haber sido perseguido por motivos políticos o raciales”.

De otro lado, un problema que se ha presentado en la isla de Lesbos por cuenta de la sobrepoblación de refugiados son las bajas tasas de turismo, que han disminuido entre un 70 % y un 80 % según datos de la asociación de hoteleros. “Esto significa una afectación a los intereses económicos de la isla. Además, que los refugiados, en algunos casos, pueden generar condiciones de microcriminalidad en una isla muy pequeña”, comenta Zappalá.

De acuerdo con este profesional, las posibles soluciones para el grave problema de sobrepoblación de refugiados en Grecia hay varias alternativas: “prohibir con la fuerza la inmigración de estas personas o establecer nuevos centros de refugiados. Trasladar a estos inmigrantes a otros lugares en la misma Grecia o en la Unión Europea. Pero esto tiene un alto costo por asuntos de traslados y demás.

La otra posible alternativa y es un poco más drástica y que no guardaría relación con lo que buscan organismos de Derechos Humanos, advierte Zappalá, sería regresarlos a sus países de origen por la fuerza. “El problema es muy difícil de resolver”, concluye.

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