“El malestar de los campesinos es muy justificado”: exministro jorge Botero

Septiembre 08, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés | El País
“El malestar de los campesinos es muy  justificado”: exministro jorge Botero

Según el exministro Jorge Humberto Botero, en el país la pobreza urbana viene cayendo, pero la pobreza rural, que es mucho más aguda, está aumentando.

El exministro Jorge Humberto Botero, presidente de Fasecolda, reflexiona sobre el proceso de paz, el sistema de salud, el de pensiones, los TLC y la situación del agro.

Jorge Humberto Botero es antioqueño, abogado de la Universidad de Antioquia, con estudios de Ciencia Política en la Universidad de West Virginia. Tiene una larga y exitosa trayectoria en el sector bancario y su carrera ha transcurrido en parte en el ejercicio de su profesión, en la representación de intereses gremiales, la banca, la dirección de empresas y la publicación de columnas de opinión sobre temas económicos, sociales y políticos. Fue secretario jurídico del presidente Virgilio Barco y ejerció la cartera conjunta de Desarrollo y Comercio Exterior fusionadas por Álvaro Uribe. Aunque no estaba en sus planes, aceptó la Presidencia de Fasecolda, que agremia a las aseguradoras del país, y cuenta que está muy estimulado intelectualmente porque ciertos gremios se pueden mover en un punto de intersección entre los temas de interés privado y los de interés público y a él le fascina estar metido en la agenda pública, porque lo estrictamente privado no es tan apasionante.¿Por qué sostiene que la paz es un gran negocio para Colombia?Porque el conflicto es un gran lastre para el país, y nos hemos acostumbrado a él en razón de su duración. No lo percibimos porque es un conflicto virtual, que se da entre gente pobre. Por eso hay que trabajar mucho para persuadir a los colombianos de que ese es un negocio que vale la pena hacer. ¿Cómo cree que lo perciben los colombianos? Como una negociación entre dos grupos literal y físicamente enfrentados en una mesa en Cuba, cuando la realidad es que la delegación de la guerrilla está negociando con sus bases y la del gobierno está negociando a nombre nuestro, querámoslo o no. La opinión se crispa ante cada declaración de la guerrilla El discurso maximalista de las Farc que hay que contrarrestar es el de que la paz es el fin del conflicto social; no, la paz es el fin del conflicto armado, que es distinto. Como la sociedad es dinámica y conflictual, requiere democracia, de manera que aquí lo que hay que hacer es un ejercicio dialéctico con las Farc, pero creo que nos falta vigor intelectual para hacerlo. ¿A pesar de eso, cree que habrá humo blanco? Creo que el proceso va bien, que tenemos un equipo negociador de primera calidad y que a pesar de los discursos grandilocuentes de las Farc, que le quitan respaldo ante la opinión, también sé que cuando se ponen con juicio a negociar, negocian.¿Entonces dónde está el nudo?En la mecánica política y jurídica, porque se requieren tres leyes distintas: 1. Que la votación del referendo coincida con otro certamen electoral. 2. Una que convoque el Referendo. 3. Que desarrolle el Marco Jurídico para la Paz. También se necesitan dos eventos políticos: uno, que haya acuerdo en La Habana, porque este es parte del texto de la ley que convoca el Referendo, y dos, que la gente le diga sí al Referendo y que pasemos el umbral.¿Cómo trazar ese entramado?A través de una fuerza política gigantesca, que ojalá el gobierno tenga. Pero, si eso no se puede desarrollar antes del tercer domingo de mayo de 2014, que son las elecciones presidenciales, hay que tener un plan B.¿Que sería cuál?Un Referendo distinto, y es que el Acuerdo de Paz –que ya tendría que existir- se volviera referente, sin referendo, de la elección presidencial. Santos diría: “Reelíjanme porque yo voy a instrumentar este acuerdo”, sus adversarios dirían ¡no!, e iríamos a las urnas en esa disputa. ¿Y eso estaría mal?No, estaría bien porque esa es la democracia. No puede haber un hito político más importante que ese. Por eso es una insensatez que, ante la decisión del gobierno de abrir la posibilidad de hacer coincidir el referendo con un proceso electoral, digan que está politizando el proceso. Entonces, ¿para qué es la política?¿Habría entonces, un referendo no formal en las elecciones presidenciales, con qué fin?Para que si el candidato de la paz gana, en torno a ese acuerdo, pueda convocar a un referendo después. Pero habría el problema de qué pasaría entre la celebración del acuerdo y su puesta en marcha. Mientras tanto, ¿nos seguiríamos dando bala, o habría una tregua? Y, si hay tregua, ¿quién la vigila?¿Qué punto debatirán en la Convención Internacional de Seguros que realizará Fasecolda, en Cartagena, la próxima semana, sobre la Reforma a la Salud? El de la sostenibilidad, porque hoy estamos en la retórica de los derechos, y pasamos por alto el problema de cómo se va a pagar. Colombia paga por su salud menos que muchos países de la región, pero quiere tener salud de Primer Mundo. ¿Con qué recursos? ¿También exploran ustedes qué espacios habría para el sector privado?Se dice que la Salud no es un negocio porque es un bien público que hay que proveer, incluso a quienes no pueden pagarlo, y por eso hace parte del Estado Social de Derecho. Pero, que no sea un negocio no quiere decir que no puedan obtener un rendimiento los actores privados del sistema, que son esenciales.¿Eso es un no, al monopolio estatal?Así es, queremos que se nos dé la certeza de que no regresaremos al mundo arcaico e ineficiente del Seguro Social. Tendrá que haber actores privados en la prestación de los servicios y en el movimiento de los recursos económicos de la Seguridad Social, que son gigantescos. Por otra parte, las actuales EPS han sido satanizadas…Me parece que con mucha razónNo todos los problemas obedecen a ineficiencia de las EPS. Hay problemas de flujo de fondos que no llegan, en ocasiones por problemas administrativos, o porque los recursos no alcanzan.¿No está olvidando el tema de la corrupción?No, pero la corrupción tendría que ser sistemática, generalizada y de unas magnitudes tales como para desequilibrar todo el sistema. La corrupción eficiente es la que no quiebra, la que no mata la gallina de los huevos de oro.¿Y qué quiere significar usted con “corrupción eficiente”?Que para poder robar bastante hay que robar poquito cada vez, y desde luego que estoy ironizando, pero lo cierto es que también hay una economía de la economía ilegal. La pregunta es si los episodios de corrupción son transversales al sistema, y yo creo que no, de tal manera que no podemos atribuir a los empresarios privados el colapso, porque hay problemas de diseño y de sostenibilidad financiera. Por eso tenemos que ver si lo que está planteando el gobierno funciona, o no. ¿Cómo sería la participación del sector privado?La pregunta es si habrá empresarios privados para manejar el sistema, ya que algunos de los más grandes y serios me han dicho que con ellos no cuenten.¿Qué razones dan?Que la ecuación no les da. Como las EPS se acaban por mandato legal, algunos de esos inversionistas podrían liquidarlas y crear una nueva entidad, pero, ¿y si no le jalan?¿Y por qué no? ¿Porque quieren seguir con las grotescas utilidades de antes?Habría que ver caso por caso, pero el hecho es que la tasa de interés del mercado, multiplicada por la cuota de riesgo que asumen al entrar en una actividad empresarial, les da los elementos de juicio para decidir si entran, o no, en determinado negocio.¿Qué son los Beneficios Económicos Periódicos, BEP?En 2005 se constató que hay muchos colombianos (y habrá muchos más en el futuro), en edad de pensión pero sin acceso a ella. La Constitución impide que haya pensiones inferiores al salario mínimo y ese es un inamovible. Teniendo en cuenta esos dos factores se creó un mecanismo para que los que están fuera de la Seguridad Social -ancianos y pobres- puedan acceder a un suplemento monetario inferior al salario mínimo. Un mecanismo de protección a la vejez, que ha estado hasta hoy en letra muerta.Pero entiendo que ustedes han visto allí un buen negocio. ¿Cómo funciona?Se trata de aunar fuerzas entre gobierno y sector privado, y en este último básicamente Asofondos y primordialmente, nosotros, dado que esos beneficios económicos periódicos se materializan en las llamadas Rentas Vitalicias. Una Renta Vitalicia es un producto típico del sector asegurador, que consiste en que, a cambio de un capital que recibe el asegurador, se compromete a dar una prestación periódica vitalicia a favor de una persona determinada.Usted es el padre de los TLC, a los que se les achaca gran parte de la culpa por la difícil situación de la industria y del agro, como lo estamos viendo en los paros. El punto de partida del malestar campesino es totalmente justificado. Y para que sus lectores profundicen más, les sugiero bajar de Internet el documento: Tendencia Económica131, de Fedesarrollo. Allí hay un capítulo sobre Pobreza en Colombia, donde se encontrarán con algo horripilante, y es que en el país la pobreza urbana viene cayendo, pero la pobreza rural, que es mucho más aguda, está aumentando. O sea que la gente del campo se está empobreciendo cada vez más. Los TLC son un chivo expiatorio. Los problemas son otros y el principal, que nadie dice, es el minifundio. Recuerda esos bellos versos de Aurelio Arturo: “”Colombia es un país donde el verde es de todos los colores”?, Hermoso, ése es el minifundio: bellísimo, pero solo a la vista.¿Qué ha fallado entonces?La estrategia equivocada que ha seguido Colombia en el campo es atiborrar con subsidios a todo el que llora, cuando la política tiene que ser de provisión de bienes públicos al agricultor. Por otra parte, se necesitan distritos de riego y producción de bienes públicos con enfoque territorial. La política de apoyar cultivos, no importa dónde, centrándonos en los productos, corresponde a una economía cerrada. Cuando hicimos el TLC sabíamos que la oferta agrícola de Colombia tenía que cambiar, porque había que fortalecer las competitividades que teníamos, e ir desmontado todo aquello en lo que no éramos competitivos. O sea que el programa de política interna implícito era una transformación del campo, pero nos quedamos con el absurdo de que una porción importante de los recursos que van al campo son los parafiscales de cada cultivo: café, leche, cacao, palma, etc, en una estrategia encaminada a perpetuar la oferta agrícola que tenemos, sin querer darnos cuenta de que esa estructura no es la óptima para una agricultura que debe prosperar.

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