El infierno asiático, así son las cárceles en China

El infierno asiático, así son las cárceles en China

Febrero 28, 2017 - 11:47 p.m. Por:
Elpais.com.co
cárcel prisionero

Ismael Enrique Arciniegas, el colombiano que fue ejecutado este lunes, había pedido auxilio a los consulados de Colombia en Beijín y Guangzhou desde su detención en 2010.

Archivo Colprensa

La mayor parte de la comunicación que Ismael Enrique Arciniegas pudo sostener con su hijo desde la cárcel, fue a través de mensajes cifrados que le enviaba a través del abogado de un preso filipino que hablaba en español.

Fue así como le contó de las condiciones en las que se encontraba: atado a la cama, con una cadena de 16 eslabones y una letrina que le vaciaban cada dos días.

Desde el 2010, Arciniegas permaneció recluido en la prisión de Guangzhou, un centro de reclusión donde los días se repiten miserables, en condiciones que ya han sido dadas a conocer por familiares de otros colombianos presos.

Así se ha sabido de las horas de trabajo con pagos ridículos a los que son sometidos los internos y de la mala alimentación que les dan. De la forma en que les niegan el sol o el agua. O de las decisiones fundamentales en el encierro: con lo que los presos ganan tienen que elegir entre comprar crema dental o papel higiénico. La situación no es muy distinta en las demás prisiones asiáticas.

Andrés Felipe Duque Jiménez, un llanero que el pasado 4 de noviembre estaba en las Ferias de Dagua vendiendo carne asada, estuvo recluido en la cárcel Fuchú, en Tokio, y lo recordaba así: “La celda es de dos por dos. Ahí tenés el ‘toilet’ y una llave que te da un litro de agua al día: si la gastó, chao.  A las seis suena la diana. A las 7:45 a.m. usted tiene que estar sentado para un conteo. La comida la pasan en una bandeja. A las doce le dan a uno media hora para ponerse de pie, porque el resto del día hay que permanecer en flor de loto. Y si se para, ¡pin!, entra un guardia y le da un garrotazo o se lo llevan de castigo. “Todo lo controlan con cámaras…” Duque Jiménez estuvo en Fuchú.

En el 2015, cuando escribió el reportaje ‘Esclavitud o muerte: así es el infierno de los capturados en China por narcotráfico’, el periodista de este diario, Yefferson Ospina, habló con Danny Cancian, un ingeniero neozelandés que pagó cuatro años en Dongguan, la prisión china que más ciudadanos extranjeros alberga; entonces Cian le contó que las jornadas laborales en la cárcel eran de 12 horas, con 20 minutos de descanso para cada comida. Que los guardas golpeaban a quienes hablaban entre sí y que durante el tiempo de trabajo, los reclusos solo podían ir al baño dos veces.

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