El hombre que cuidó al hijo de Clara Rojas en la selva e inspiró Operación E

El hombre que cuidó al hijo de Clara Rojas en la selva e inspiró Operación E

Marzo 24, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
El hombre que cuidó al hijo de Clara Rojas en la selva e inspiró Operación E

José Crisanto Gómez, el campesino que cuidó al hijo de Clara Rojas en la selva.

Años después, José Crisanto Gómez es todo, menos un héroe. El hombre que inspiró la polémica película Operación E vive escondido.

En una foto subida por la bella Martina García a su cuenta de Twitter, el hombre se ve allí, al extremo izquierdo de la actriz, junto a los protagonistas de Operación E. Al fondo hay un telón del festival de cine de Cartagena y el elenco de la película posa vestido para esa ciudad: mangas cortas, vestidos vaporosos, atajos contra el calor. El hombre no. José Crisanto Gómez lleva pantalón de paño, camisa de puños cerrados, lapicero asomado en el bolsillo y unos lentes tan oscuros que más parecen el artilugio de un espía que el accesorio de un actor.Por esos días –finales de febrero- el hombre acompañaba de un lado a otro la promoción de la película: Bogotá, Cartagena, España. En 2010 él había escrito un libro sobre la historia de un campesino que por encargo de la guerrilla debió cuidar un bebé moribundo. El libro se llama El Hijo de la Selva. El campesino de la historia es él. El bebé es el hijo de Clara Rojas. Y el libro es la base de Operación E, una película que antes de estrenarse en Colombia, intentó ser censurada por la madre de Emmanuel. Invitado por la producción, José Crisanto fue de aquí para allá hablando del drama que intenta reflejar el largometraje y cuya veracidad cuestiona Clara: la vida de un tipo que, acorralado por las Farc, se encarga de un bebé enfermo en la miseria del campo.¿Cómo fueron esos primeros días del niño en su casa? En el libro hay algunos detalles, pero en el fondo se intuye un drama mayor: en ese tiempo usted se ganaba la vida raspando hoja de coca y tenía siete bocas para alimentar. En algún momento dice que no alcanzaba ni a llevar una panela a su casa...Fue muy difícil. Para la comida del niño, me tocaba compartirle el biberón de la hija que tenía más o menos su misma edad. No había cómo comprar pañales desechables entonces tocaba hacerlos con tela, con trapos.Antes de ser Emmanuel, cuando usted lo lleva a un hospital de San José del Guaviare y lo registra como hijo de una sobrina suya para que lo atiendan, al niño lo llamaban Pegui ¿Por qué?Los hombres que me lo entregaron, así dijeron que se llamaba. Creo que fue por un muñeco de la televisión. Yo vivía a orillas del río Inírida, en el caserío La Paz. Ellos llegaron en una lancha voladora preguntando por mi suegro. El niño tenía el brazo partido y una gasa en la cara que le tapaba una llaga. Dijeron que lo había picado un pito y que necesitaban algo para eso y que le sobaran el brazo. Yo no reparé en el nombre. ¿Qué tanto sufría el niño? Mucho. Pero mis hijos lo rodearon desde primer momento, le daban de lo que comían y él se entretenía con ellos. Él era de tez blanca, crespito, muy bonito, siempre con una sonrisa; se atacaba de risa cuando los niños jugaban con un gato pequeño. Le estaba empezando a salir un dientecito. Con el bracito así como lo tenía, intentaba gatear.Un campesino asustadoEn el libro, José Crisanto es un campesino asustado. Una vez, cuando aún no se llamaba Emmanuel, el niño tuvo una fiebre muy fea. El viejo Ramón, curandero y suegro de Crisanto -la verdadera razón por la cual las Farc les entregó el bebé- diagnosticó paludismo confesando que sus bebedizos no podrían salvarlo. José Crisanto, entonces, suponiendo lo que le harían si el niño no sobrevivía, vendió a Chachaco, un marrano con vocación de perro que sus hijos tenían por mascota. Con eso compró la medicina y lo salvó. Emmanuel, pues, también le debe la vida a un cerdo. Aquello, contado en el libro como anécdota, es una de las paradojas que ocurren en ese país del que a veces tan poco se sabe: el sacrificio de un marrano evitó una tragedia. Algo de ese país aparece en Operación E.En la película, una de las escenas centrales es la fuga de Crisanto y su familia. El 23 de mayo del 2005, un comandante de las milicias de las Farc llegó a su casa. Pero no para buscar a Emmanuel, sino a sus otros hijos, con la intención de llevarlos a una reunión de adoctrinamiento. El más grande de los chicos tenía 9. José Crisanto encaró al guerrillero: “Piense lo que quiera, pero son mis hijos y yo estoy en todo mi deber de ver qué les conviene y qué no”, escribió al recordar ese episodio. Días después, aquella osadía pondría su nombre en la lista negra de un frente guerrillero que desconocía que él se encargaba de cuidar al Niño de la Selva. Ese es el momento en que usted decide huir. Junta 500.000 pesos, paga una lancha y se va río abajo. ¿No era más fácil entregar al niño que haber hecho todo eso, arriesgando la vida de toda su familia? ¿Por qué no entregó ese niño, por qué se expuso a todo eso?Yo solo pensaba en salir de allí, salvar la vida de ellos. Le había dicho a Lili, mi esposa, que si me pasaba algo buscara a la familia que me quedaba en La Macarena, para que vieran por los niños. ¿Dejar a Emmanuel? ¿Y con quién? El frente que me amenazó se disputaba el control de la zona con el frente que me lo entregó.¿Cómo vio la película? ¿Qué opina de ella?Es satisfactorio que una parte de la vida de uno se lleve al cine, aunque no sea todo exacto porque meter cuatro años de sufrimientos en 90 minutos es imposible. Sobre todo es la satisfacción de que se cuente la historia de millones de campesinos: lo que pasa allá en esas partes lejanas, donde hay que vivir bajo la imposición de quienes tienen las armas para poder respirar. Muchos creen equivocadamente que quienes viven en zonas guerrilleras, son auxiliadores. Esa es una manera infortunada de pensar.¿Qué piensa de la polémica que se desató en torno a Operación E?No solo el secuestro y el homicidio vulneran los derechos. También lo hace tratar de imponer la ley del silencio. Si la historia hubiera sido contada desde el otro lado, nada de esto habría pasado.¿A usted le compraron los derechos del libro que escribió?No. La película no está totalmente basada en el libro, tiene mucha ficción. Lo que me dieron fue algo para que participara en la promoción y esa plata ya se acabó pagando deudas de arriendo y mercado. Me dieron la mitad cuando viajé a España, que fueron 3 millones 300. Luego me dieron otra parte aquí en Colombia. En total fue como 6 millones 600. En la situación en que estaba, fue como una gota de agua en el desierto.Un hombre con discurso elaboradoEn la vida real, José Crisanto no habla como un campesino. Ni tampoco es el campesino de la película. Es un hombre que habla de leyes, de la Constitución, que tiene un discurso elaborado. Muy elaborado. Después del 2005, cuando firma la custodia del niño al Icbf y cuando el Icbf determina que el niño es ese niño, el hombre terminó en la cárcel sindicado de rebelión, secuestro, fraude procesal y falso testimonio. Absuelto por un juez, José Crisanto recuperó la libertad hace once meses. Once meses en los que ha recibido amenazas por donde ha ido: algunos tildándolo de guerrillero; otros, llamándolo traicionero. Aceptar promocionar la película, dice, fue un salvavidas: la plata del libro que escribió en el encierro se la gastó en abogados y todavía no ha podido encontrar trabajo. Ahora, mientras responde al otro lado del teléfono, permanece escondido en algún lugar donde el frío baja en espirales de neblina. Aparecer en una foto usando gafas de espía tal vez no sea una coincidencia. ¿Su proceso judicial está cerrado?Yo salí absuelto por un juez especializado del Meta. Esa resolución absolutoria la apela la Fiscalía y la apela la señora Clara Rojas. Al apelarla eso pasará al Tribunal. Pero es muy claro que la Fiscalía, en esos cuatro años que me mantuvo privado de la libertad, nunca pudo probar, ni de manera documental ni testimonial, eso por lo que me acusaban. Fue un proceso basado en solo supuestos.Pero lo acusaron de delitos muy graves. ¿Si le vuelven a abrir proceso cree que podría regresar a la cárcel?Tendrían que haber argumentos muy sólidos y en cuatro años no hubo ni la más mínima prueba. Tuve que pelear más de un año para que se enviara una comisión de inteligencia allá donde vivía, para que indagaran con la gente, con quienes me conocían, para que corroboraran quién era yo. Y esa gente estaba impresionada de saber cómo, por hacer un favor, yo había terminado en estas condiciones. Yo nunca he tenido qué temer, he contado la verdad, toda la realidad de lo que me ha pasado.IncertidumbreEn el teléfono, José Crisanto parece un hombre triste. Al fondo uno de sus siete hijos llora. Los niños viven con él desde que Lili, la hija del curandero, se los entregó y se fue con otro. Eso pasó después de los cuatro años de cárcel. Días después de salir del encierro ella le dio su sentencia: me voy, ahí quedan los chinos. José Crisanto dice que en parte todo tiene que ver con Emmanuel. Porque Lili nunca estuvo de acuerdo en que se metieran en tantos problemas. Y eso es lo que ha tenido José Crisanto. La veracidad de su historia sigue siendo puesta en duda por unos y otros. Quien más lo ha hecho ha sido la propia Clara, que nunca ha querido entrar en contacto con él. Hablando de aquello, José Crisanto resulta un poco como el tipo del libro, como el de la película: un hombre que a veces, pese a su aparente fortaleza, no sabe a dónde ir. ¿Hoy qué piensa de Clara?Es una persona que respeto, a la que le tocó vivir una situación muy difícil, con secuelas muy complejas de superar.¿Si pudiera hacerlo, qué le diría hoy?Le preguntaría por qué apeló mi libertad. Cuando fue liberada fue llamada a declarar ante la Fiscalía y en ese momento dijo que nunca me había visto en un campamento de la guerrilla o como mandadero de la guerrilla. ¿Sabe qué le diría? Le preguntaría qué va a decirle al niño si un día le pregunta si hizo algo por la persona que contribuyó a salvarle la vida.

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