El enorme mercado de la marihuana en Colombia, pese a ser un producto ilegal

El enorme mercado de la marihuana en Colombia, pese a ser un producto ilegal

Noviembre 15, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Hugo Mario Cárdenas López / Reportero de El País

En Colombia se distribuye una amplia gama de productos extraídos de la planta de cannabis. Por internet se comercializan ropa, yogures y ladrillos.

El anuncio hecho esta semana por el Gobierno Nacional, dando cuenta de que tiene listo el decreto que legaliza el uso medicinal y científico de la marihuana en Colombia, lo que hace en últimas es ponerle el código de barras a un mercado  gigante que mueve millones de pesos  cada año y al  que poco le queda de clandestino.

Por más que la legislación colombiana castiga con pena privativa de la libertad a quienes se involucren con cultivos ilícitos, en el país se vende una gama amplia de productos derivados de la marihuana como cremas, aceites, jabones, artículos eróticos, tortas, yogures, panes, bolsos, ladrillos para construcción, fibras y hasta ropa.

Ante esta avalancha generada por el dulce sabor de lo prohibido, la Ley 30 de 1986, que penaliza el porte, tráfico y consumo de drogas, quedó con tan pocos dientes frente al cannabis como la mezcla misma que utilizaban los abuelos de alcohol con marihuana para aliviar calambres o dolores musculares, o el tradicional ‘entierro’ por nueve días del aguardiente con marihuana, clavos y canela para sacarle el frío a los niños que mojaban la cama.

El de hoy es un comercio con proyección a futuro. De los brujos y chamanes que iban de casa en casa ofreciendo ungüentos mágicos se ha pasado a una industria gigante que encontró en la internet la mejor manera de promocionar la gama de productos desarrollados en laboratorios y que cada vez son más comunes en ruedas de negocios.

De ahí la expectativa que genera el anuncio del Gobierno para empresarios como Juan Pablo Guzmán, director de la empresa Sannabis, una de las muchas firmas que comercializa sus productos por internet y que tiene asiento y su laboratorio en el resguardo indígena de Toez, ubicado en Caloto (Cauca).

Pese a que vienen trabajando con base en la Sentencia 882 de la Corte Constitucional, que permite a los pueblos indígenas cultivar, transformar y comercializar productos que tiene como base la coca, la marihuana y la amapola, cree que el solo anuncio abre un mundo de posibilidades para tener el registro del Invima y poder exportar sus productos a aquellos países donde es permitido el uso medicinal de productos derivados del cannabis.

“Nosotros tranquilamente estamos generando dentro del cabildo, con el cultivo y la transformación de la marihuana, por lo menos empleo a cien familias; pero además de eso, tenemos otras personas que derivan su sustento de la comercialización de nuestros productos”, dice Guzmán, quien cree que esta decisión les permitirá obtener productos de mayor beneficio y mejor  calidad.

También la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, Acin, trascendió lo artesanal y ha logrado producir mediante laboratorio varios productos que se utilizan como medicamentos esenciales en la IPS indígena para la atención de sus pacientes.

Pero no todos ven con optimismo el anuncio de la legalización de la marihuana con fines medicinales. Los más escépticos son los campesinos cultivadores que han agregado una preocupación más a las muchas que han venido arrastrando en los últimos meses.

Marino Ovidio, coordinador del Plan de Vida del cabildo de Corinto, cree que la legalización solo favorece a cierto sector en occidente porque para los indígenas la marihuana es una planta medicinal tradicional que nunca ha sido ilegal. 

“El problema no es la marihuana sino el uso mercantilista que se le ha dado. Si la legalizan para occidente es porque detrás debe haber un negocio muy grande favoreciendo a alguien, que lógicamente no son los campesinos o comunidades pobres del Cauca. La gente cree que las comunidades de Corinto son las grandes productoras de cultivos ilícitos, pero la verdad es que el uso ilícito para el narcotráfico proviene de Cali y Medellín; eso no ha desaparecido”, asegura Ovidio, al señalar que siempre es el cultivador el que lleva las de perder.

“El conflicto fue el que generó la ruptura en Corinto y con la presencia de las guerrillas en esta zona, llevamos 50 años con cero inversión del Estado; y de ser una despensa de productos de seguridad alimentaria para ciudades como Cali, ya nadie volvió y la gente se vio obligada a echar mano de los cultivos ilícitos porque no se puede dejar morir de hambre”, aseguró Ovidio.

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Aunque el Informe Anual sobre las Drogas que recientemente presentó Naciones Unidas habla del aumento de los cultivos de marihuana en los países productores, la realidad parecer ser otra en las montañas de Corinto.

Muchas de esas fincas donde de noche titilan las luces que convertían la cordillera en un pesebre gigante durante todo el año, se han ido apagando poco a poco ante la realidad de este negocio ilícito.

Abelardo* echó al suelo todos sus cultivos de pan coger hace cerca de cinco años y los remplazó por matas de marihuana y alcanzó una suerte de bonanza marimbera en la que llegó a vender hasta a un millón y medio de pesos la libra.

Sin embargo, explica en diálogo con El País, el negocio ha cambiado muchísimo desde cuando vinieron los ‘comerciantes’ de Cali y Medellín que patrocinaban “entables” completos y daban semillas, cable y bombillos para que los campesinos cultivaran marihuana con el compromiso de venderles la producción.

“Esto se acabó. Ahora le pagan a uno la libra de marihuana a $20.000 o $25.000 queda trabajando a pérdidas porque se le pagan $10.000 por libra al muchacho que poda los moños; descuéntele otros $5000 que toca pagarles a las Farc por cada libra que sale y al final se sale uno matando para ganarse menos de $5000 por libra porque de ahí toca comprar el abono; al final trabaja uno gratis para otro”, asegura.

De acuerdo con la medida que manejan los campesinos, un cultivo de marihuana de 200 matas les deja 25 libras de la yerba cada tres meses y medios, pero son muchos los cuidados que se deben tener para evitar que el hongo o las larvas la dañen.

“Como veo las cosas, dice otro campesino indígena que tiene sus tierras sembradas con marihuana de la variedad ‘Cripy’, eso legalizándolo no va a quedar ni a $10.000 la libra y ahí si no sabe uno qué camino tomar porque no hay opción rentable”.

La variedad conocida como ‘Cripy’, que ha dado tristemente a conocer al municipio de Corinto en el mundo, es el resultado de una manipulación genética para elevar los niveles de alcaloide y sus semillas fueron traídas y repartidas en el Cauca en su mayoría de Holanda, España y Estados Unidos con fines simplemente recreativos.

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La legalización de la marihuana en Colombia con fines medicinales y científicos centra de nuevo la discusión en si este es el primer paso para la legalización plena de la marihuana con fines recreativos.

Los que se oponen a esta medida insisten en que la marihuana es un alcaloide que afecta la salud y que genera más daños de los que la gente realmente dimensiona. Quienes comparten la decisión del Gobierno, destacan las bondades médicas y terapéuticas de la hierba.

En ese primer grupo se ubica las mismas Naciones Unidas, que en un informe asegura que “cada vez hay más pruebas de que es el momento de cambiar la percepción generalizada del cannabis como una droga ilícita sin consecuencias graves”.

Cosa distinta piensa Natalia Tangarife, una madre cuyo hijo padece de epilepsia refractaria, una enfermedad que ataca a unos 450.000 niños en Colombia  y que en el caso de su hijo llevaba a que convulsionara hasta 30 veces en un día. (Ver nota anexa).

Juan Carlos Gutiérrez, socio comercial de Sannabis, dijo que la dañina no es la marihuana sino el uso que se le da y que es hora de empezar a cambiar esa mentalidad.

“Lo que queremos es que la gente entienda que  esta no es la mata que mata, sino la mata que puede darnos una mejor calidad de vida y que la podemos trabajar lícitamente para bien de la humanidad”.

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