"El drogadicto no es un enfermo terminal": terapista Miguel Bettin

"El drogadicto no es un enfermo terminal": terapista Miguel Bettin

Mayo 26, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Aura Mera y Beatriz López | Al Alimón

El terapista en rehabilitación de drogadictos Miguel Bettin sostiene que a la legalización de la droga debemos llegar a partir de un consenso mundial, lo cual incluye grandes inversiones en prevención e investigación y normas claras sobre su uso.

Miguel Bettin, uno de los más prestigiosos terapistas del país en rehabilitación de drogadictos, ganador del premio Reina Sofía de España al mejor programa de prevención de la droga, y director de la Fundación CreSer, con sede en Bogotá, es partidario de la legalización de la droga en Colombia. Sostiene que el país se volvió consumidor en las últimas tres décadas, critica a Gustavo Petro, alcalde de Bogotá, por su equivocada teoría de rehabilitar al drogadicto indigente con tranquilizantes o metadona y sostiene que el columnista Héctor Abad banaliza el uso de la marihuana.Colombia consume hoy el 13 % de cocaína más que el promedio mundial, y en éxtasis o drogas de diseño, el 50 % más que el promedio mundial. Antes exportábamos la droga, ahora la consumimos. ¿A qué hora nos convertimos en un país consumidor?Si bien había un consumo de sustancias durante la década de los 60, ligado al movimiento mundial hippie y asociado a una propuesta política de transformación de la sociedad, fue en los 70 cuando se empezó a desbordar el consumo en Colombia. Se dio más fuerte, desritualizado, y sobre todo de cocaína, uso muy ligado al alcohol y con el único fin de drogarse. Era previsible que la gran oferta de drogas como marihuana, cocaína y bazuco, entre otras, terminara por tentar a nuestros jóvenes de antes y de ahora.Más de 1 millón 114.000 colombianos, entre los 18 y 24 años han consumido droga alucinógena. Antes consumían en mayor grado los hombres, ahora van a la par con las mujeres. ¿Cuál es el detonante que nos está convirtiendo en una sociedad adicta como la de Estados Unidos y Europa?Colombia, pese a ser el mayor exportador de cocaína en el mundo y de ser un gran productor y exportador de otras drogas, los consumidores y las personas enfermas de drogadicción teniendo tanta oferta en las calles, al pie de colegios y universidades, es casi milagroso que no tenga la misma proporción de consumidores que Estados Unidos o Europa. Los adictos no son más, debido quizás, a la configuración y dinámica de la familia colombiana, donde los padres y especialmente las madres, se involucran activamente en la vida y desarrollo de sus hijos y son afectuosos. Esto constituye en un factor de protección.Según encuesta reciente, los adictos de estratos 5 y 6 consumen drogas como la cocaína, el éxtasis y la heroína, y los más bajos, marihuana, bazuco y bóxer. ¿Hay un fenómeno de clases? El consumo de drogas es generalizado en todas las clases sociales, es obvio que por los altos costos de sustancias como el éxtasis esta se consuma más en círculos sociales altos, y el bóxer se use en clases económicas deprimidas. El bazuco, percibido como droga poco atractiva, asociada a indigencia y criminalidad, llegó a ser consumida por personas de círculos socioeconómicos altos. Eso sí, es un fenómeno más urbano que rural. La sustancia sicoactiva para los campesinos es el alcohol, incluso en zonas donde se cultiva la coca. Cerca de 7 millones de colombianos consumen alcohol, y 3.3 millones son fumadores adictos. ¿Cómo cambiar el chip de un problema cultural?El carácter legal del alcohol no lo hace menos dañino. Tiene un alto poder adictivo y es el causante de muchas muertes y fenómenos de violencia en el país. No se trata de acabar con una cultura tan arraigada, pero hay que luchar con su uso abusivo y evitar que se promocione como generador de características de comportamientos que conducen al éxito: publicidad engañosa para los adolescentes.¿Es partidario de la legalización de la droga? Las drogas tienen que legalizarse desde todo punto de vista. La prohibición genera ciertos niveles de criminalidad que desaparecerían con la legalización. Pero también, la legalización es el punto de llegada, no es el punto de partida. A la legalización debemos llegar a partir de un consenso mundial, lo cual incluye grandes inversiones en prevención e investigación y normas claras sobre el uso. La legalización no evita que las drogas sigan generando adicción.Por otro lado, el manejo de un problema de tal envergadura en un país protagonista de este flagelo, requeriría la creación de una Agencia Antidrogas, o de un Ministerio encargado de atender el problema en todas las etapas: producción, comercio o tráfico, consumo y prevención, y atención y rehabilitación de adictos y víctimas. Colombia ha sido negligente en el abordaje de este problema. ¿Cree en la teoría de la molécula que induce al individuo a la drogadicción?En las últimas décadas con los avances en neuropsicología hemos aprendido mucho acerca de la adicción y de su abordaje, lo que ha hecho que los tratamientos sean basados en evidencia científica, realizados técnicamente, con procedimientos eficaces, con lo cual muchos tratamientos anteriores han empezado a desaparecer. Hoy sabemos con claridad que un adicto a las drogas no es un enfermo terminal, al cual solo hay que darle paliativos y calmantes para sobrellevar sus últimos días. No. La drogodependencia es una enfermedad neurosicológica que tiene tratamiento médico y altos índices de recuperación. El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, considera que hay que proveer a los drogadictos de su dosis mínima para evitar la compra ilegal de la droga. ¿Está de acuerdo con esa teoría?Resulta inquietante que se usen como única instancia de ‘tratamiento’ a un adicto a las drogas, estrategias de disminución de riesgo y de minimización del daño, como la de prescribirles desde una camioneta, tranquilizantes o metadona, sin seguimiento sistemático alguno, con el único fin de evitar que sean un problema para la sociedad. Un verdadero tratamiento motiva al drogadicto indigente a tratarse porque sabe que está enfermo, pero también que puede curarse, recibir alimentación, dormida, atención siquiátrica, sicológica y medicinas. Hay que suministrarle medicamento que requiere en condiciones controladas, advertirle que no se puede sobredosificar, brindarle sicoterapia, educarlo y prepararlo para reinsertarse socialmente. No se le considera un paria de no retorno que hay que mantener ahí, paliándose con su dolor síquico, porque supuestamente el libre albedrío es lo que lo lleva a tener esa vida y no es la enfermedad misma lo que lo tiene hundido en la desesperanza. ¿Cómo analiza la acción policiva ordenada por Santos contra las llamadas ‘ollas’ para erradicar el microtráfico? Tal intervención no puede ser únicamente policiva. Las ‘ollas’ no son teatros de guerra. Allí viven niños y familias enteras. El Bronx de Bogotá es una manifestación social de la desidia de los últimos gobiernos frente al problema de consumo y abuso de drogas, el resultado de la ausencia de una política estatal frente al comercio interno de drogas y de tratamiento para los adictos.Estos lugares son sobreestigmatizados y aunque se han convertido en la máxima expresión de pauperización y de ignominia, no es cierto que los adictos a las drogas se reducen a estos sectores, ahí están los que son adictos y pobres, pero los adictos también pilotean aviones, realizan cirugías, toman decisiones jurídicas, son maestros y padres.Referirnos a las ‘ollas’ distrae la atención y nos confunde sobre las verdaderas dimensiones del problema. Creer que la violencia en la ciudad se terminará porque se intenvendrán las ollas, es a todas luces un equívoco. Una buena parte de comercio de drogas hoy se da a domicilio o en las puertas de los colegios.¿Hay quienes piensan que la marihuana solo permea a los débiles?Algunas personas queriendo aparecer de ultraprogresistas ponen a las drogas como sustancias inocuas, cuando no es cierto, y consideran a los drogadictos como seres débiles, limitados, menos inteligentes y menos lúcidos.¿A quién ataca, específicamente?Las drogas producen dependencia en cualquier ser humano, de cualquier raza, condición económica, contextura física, credo o nivel intelectual. Es triste, por ejemplo, leer a un columnista de El Espectador, hijo de ese importante intelectual Héctor Abad, luchador por la salud, menospreciando el riesgo del consumo de drogas, o bien, estimulando el consumo de las mismas, como si no hubiere peligro alguno. En la columna de hace unos días expresaba que ante la alarma de su hermana porque sus hijos estaban consumiendo mucha marihuana, le dijo: “dejálos”. Concluye entonces que sus sobrinos hoy son exitosos matemáticos y médicos y que siguen consumiendo marihuana, como él, que es un reconocido escritor. Esos mensajes son muy confusos para los jóvenes El hecho de que no un gran porcentaje de quienes prueban drogas desarrollen una adicción, no quiere decir que estas no son adictivas y causantes de sufrimiento y muertes prematuras, o dé para insinuar que quienes desarrollen la adicción son menos fuertes. Es tan grave banalizar este tema como moralizarlo. ¿Qué elementos son claves para la curación: religión, espiritualidad, terapia siquiátrica, la familia?Las drogas no son un tema moral, son un tema de salud pues algunas personas padecen adicción. Las drogas o sustancias sicoactivas no son buenas ni malas, son las drogas. El abordaje de este tema debe ser multidisciplinar. La sola información sobre los daños que ocasiona el consumo de drogas no es suficiente para prevenir su abuso. Es necesario que los programas de prevención del uso, abuso y dependencia de drogas se articulen a los currículos escolares y que ello genere escuelas de padres, encaminado todo esto a formar a los jóvenes para la vida y no exclusivamente para volverlos expertos en informática, derecho o economía sino en personas que además de resolver ecuaciones algebraicas, puedan resolver ecuaciones de amor y desamor, que sepan lidiar sus tristezas y frustraciones, en jóvenes alfabetizados emocionalmente.Es decir, ciudadanos que hagan canción de la melancolía y no agresión por aburrimiento, poesía del dolor y no autoagresión por el fracaso.

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