El 'caimán', un sujetador de pelo que no luce bien en cocteles y ceremonias elegantes

El 'caimán', un sujetador de pelo que no luce bien en cocteles y ceremonias elegantes

Agosto 15, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Claudia L. Bedoya S.

¡Qué se vayan! ¡qué los quemen! ¡qué desaparezcan! O que simplemente no salgan de su hábitat natural: la peluquería. Estas son algunas de las súplicas que lanzan los asesores imagen con respecto al caimán, ese ‘lagarto’ que se pasa los días en la cabellera de las mujeres.

¡Qué se vayan! ¡qué los quemen! ¡qué desaparezcan! O que simplemente no salgan de su hábitat natural: la peluquería. Estas son algunas de las súplicas que lanzan los asesores imagen con respecto al caimán, ese ‘lagarto’ que se pasa los días en la cabellera de las mujeres.Sin embargo, el particular accesorio ha hecho de las suyas: para la muestra, el pasado 7 de agosto se dejó ver como el acompañante del peinado de Lina Moreno de Uribe, quien lució un recogido de media cola con una pieza de color café al final de la tarde. Aunque ella se robó las miradas por lucir excesivamente natural, en esta onda la acompañaron la nueva ministra de vivienda y ambiente Beatriz Uribe quien llevó un caimán plateado. Pero Moreno y Uribe no son las únicas que han sido ‘mordidas’ por la tentación de usar un caimán, pues figuras públicas como la política Noemí Sanín en sus días de campaña o la ex directora de planeación nacional Carolina Rentería, han salido a lucirlo. “Si en una persona del común el caimán lo vemos como un elemento no grato en el cabello, imagínese verlo en el pelo de una mujer que representa la imagen de la mujer colombiana”, opina Harry Torrado, asesor de imagen para Blond Peluquería. En opinión de la experta en etiqueta Diana Neira, el caimán salió de la peluquería, “donde tenía como función separar el cabello durante el secado, para reemplazar al clásico gancho o la pinza, y esto quiere decir que tiene un uso informal”.Precisamente por esa condición de informalidad, la personal shopper Consuelo Guzmán asegura que debe desterrarse “del ámbito laboral y de los eventos formales, porque es un accesorio de playa. No queda bien para una cita de trabajo o un evento que exige protocolo”. No obstante, reconoce que el caimán puede ser una buena herramienta cuando hace parte de un peinado diseñado. “El problema –agrega Guzmán – es cuando lo usamos porque no tuvimos tiempo de arreglarnos y además lo llevamos en tonos distintos al de nuestro pelo”.De ahí que puede reñir con un traje de diseñador, “un buen vestido nos da altura, nos da clase, pero el caimán da otra información y cambia lo que estamos tratando de transmitir”.Y es que salir a la calle con el pelo “enrollado en un caimán demuestra que una mujer no dedicó ni cinco segundos a revisar su presentación personal”, sentencia Harry Torrado, asesor de imagen para Blond Peluquería. Respecto al color, los asesores coinciden en que está fuera de tono usar caimanes del mismo color de nuestra ropa. Y aunque la excusa para usarlo sea que en el mercado hay variedad de colores, formas, tamaños e innovaciones (pues hay piezas con pequeños brillantes y otros más lanzado que imitan el logo de grandes firmas como Dior, Gucci o Versace), el material es clave. “El plástico es el más ordinario y el de menos presentación porque es igual al que usamos en la peluquería como herramienta de trabajo”, dice Harry Torrado.Diana Neira advierte que así el caimán sea el más bonito, importado y costoso de todos, siempre será un caimán. Con él sucede lo mismo que con las chanclas de caucho, “pueden tener perlas o brillantes y siempre serán simples chanclas de caucho”, dice.Si bien es preferible que el caimán se quede en la peluquería, sus fanáticas reservarlo para su uso en casa, en fines de semana o en contextos de confianza y máxima informalidad. La alternativa para recoger el cabello, según los expertos consultados, está en piezas sobrias como hebillas y bandas elásticas muy discretas, o unos palitos chinos que aportan un look mucho más contemporáneo.

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