El año de Silvia Tcherassi

Enero 11, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de Colprensa
El año de Silvia Tcherassi

Silvia Tcherassi, diseñadora colombiana.

La diseñadora barranquillera tiene dos grandes proyectos para febrero y marzo.

Silvia Tcherassi pasó fin de año en Cartagena y está encantada con la ciudad y con su hotel en el centro amurallado que se ha convertido en su nueva casa. Este parece ser un gran momento en su vida y se confirma cuando habla de su trabajo, al que considera su hobby, y al referirse a su familia, pues tiene a un esposo al que califica como “maravilloso” y unos hijos a los que considera “un dúo perfecto”.Y aunque no podría pedir más, la vida le seguirá sonriendo: tiene grandes proyectos para el 2011, entre ellos una página para vender por Internet, posicionar su marca en Estados Unidos y Latinoamérica, además ya puede vislumbrar que tiene asegurada la continuidad de su firma, a través de sus herederos.Asegura que el 2010 fue un año maravilloso, excelente en la culminación pues se cerraron negociaciones. Así que este año, aparte de la colección otoño invierno en la que está trabajando actualmente, tiene dos proyectos novedosos ligados con la moda, para febrero y marzo. “Sigo con las extensiones de marca, así como hice con el hotel, este año tengo dos a nivel internacional para el mercado de Estados Unidos y América Latina, es un desarrollo del universo Silvia Tcherassi”, asegura ella.Mirando hacia atrás, considera que el salto cuántico de su vida fue cuando desfiló, como invitada, en la semana de la moda italiana. “Fui la primera colombiana y latinoamericana en estar ahí, ese fue un salto grande, después de eso haber desfilado en la semana de la moda francesa en París, la medalla de oro y las letras que se le otorga a pocos diseñadores en el mundo por el gobierno francés, eso fue increíble”.También se enorgullece de ser la primera diseñadora latinoamericana en lograr un hotel en Cartagena con un concepto tan global como se ve en Europa. “Armani tiene su hotel, igual que Versace, este hotel en Cartagena dinamizó el mercado, el ambiente, fue un proyecto piloto concentrado en la moda y lo logramos con el hotel, el spa y el restaurante abierto”.Confiesa que desde que pensó en el hotel, pensó en la Ciudad Heroica. “Las barranquilleras siempre veníamos, acá me reconecto, vienen a mi cabeza tantos recuerdos de la infancia y siempre dije, cuando tenía en mente el proyecto del hotel, que ninguna ciudad mejor que Cartagena, además en el sitio que estamos somos una ventana al mundo, Colombia es un país nuevo, diferente, el hotel se abrió en el momento perfecto”.Noches de CartagenaAsegura que el primer vínculo con la ciudad fue la tienda en la mejor esquina de Cartagena, y ahora el hotel, que se ha convertido en su casa. “Me encanta porque se ha vuelto punto de referencia, pasan los turistas, los cartageneros, y quieren conocerlo, se toman fotos, es parte de lo que es la ciudad”.De ahí que escogiera la ciudad amurallada para pasar el fin de año por segunda vez. “Como vivo en Miami paso la Navidad con mis hijos y mi esposo en Medellín”, cuenta. A propósito de su esposo, Mauricio Espinosa, Silvia dice que no es muy amigo de figurar en los medios, pero la apoya todo el tiempo: “Me encanta por dejarme ser. Aunque trabajamos juntos, pues se encarga del mercado internacional desde Estados Unidos, no está todo el día tras de mí, hay hombres que no te dejan ser, pero él me ha dejado”.Es una madre feliz de dos adolescentes. El mayor es Mauricio, de 17, “se gradúa este año y va a tomar las riendas en cuanto a los negocios”.La otra es Sofía, de 13 años. “Mide 1.72, es una mujer maravillosa, tiene un sentido de la moda, del color, es una niña muy especial que va a seguir los pasos míos”. Entonces Silvia rememora cuando tenía ocho años y acompañaba a su mamá en su negocio de moda. “Mis recuerdos son un taller, con telas, con hilos, soy de una familia de artistas, mi hermana, mi primo”. Tampoco olvida su primer desfile. “Fue en Medellín, una plataforma increíble, ya vendía mi ropa en todo el país, pero no había hecho nunca un desfile, la cosa normalmente es al revés. Le dije a Alicia Mejía que quería desfilar sola, que tenía un desfile espectacular. En esa feria trajeron a Lola Gavarrón, una periodista de moda, ella vio todos los desfiles, y cuando se acabó el mío, se paró y le dijo a todos los periodistas que en diez años iba a estar desfilando en Europa. Cuando efectivamente eso sucedió, la llamé y me acompañó, fue un apoyo grandísimo”. Pese a sus numerosos triunfos, admite que es una perfeccionista: “Edito mucho, de 200 cosas salen 100”. Tiene prendas infaltables en sus colecciones, como la camisa blanca y el abrigo que se amarra adelante en la cintura, y que se saca para la primavera y el otoño.Reconoce que le encanta vestirse con sus diseños, sobre todo para los eventos en la noche, pero si ve algo que le seduce lo compra: “Admiro a Alber Elbaz para Lanvin; Miuccia Prada porque es conceptual; Balenciaga, me fascina; y Tom Ford, por quien siento gran respeto”.También se denomina fan de lo étnico, “de hecho llevé las mochilas wayuu a la máxima expresión del lujo, hemos vendido 2.500 en un año alrededor del mundo. Lauren Davis, la esposa de Andrés Santodomingo, me dio una mochila para intervenir que tenía 5.500 cristales de swarovski y se subastó por US$8.000, entonces pensé que eso no podía dejarse así, teníamos que seguir dándole trabajo a nuestros indígenas”.

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