"El aburrimiento es una enfermedad mental”: Climent

Noviembre 28, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Paola Guevara

Carlos Climent, psiquiatra.

El psiquiatra Carlos Climent presenta el libro ‘Los tiranos del alma’. A su salud... mental.

Carlos Climent no puede desprenderse de su condición de psiquiatra ni siquiera a la hora de hacer mercado. Cada vez que empuja desprevenido su carrito por La 14, debe detenerse varias veces, soltar las legumbres o devolver el pan al estante para atender las preguntas, las consultas y los comentarios de los lectores de su columna dominical en El País, que según explica ha sido su escuela para escribir. “Por la reacción de los lectores comencé a notar que yo usaba muchos términos científicos que podían dar lugar a confusiones entre la gente”, confiesa Climent. Por eso su nuevo libro, ‘Los tiranos del alma’, no está escrito para los académicos, y mucho menos para sus colegas psiquiatras. Es un libro dirigido a todos los lectores comunes y corrientes que quieren comprender en un lenguaje muy sencillo y lleno de ejemplos, las principales ‘trampas’ mentales que impiden tener una mejor salud mental, psíquica y emocional. Los comentarios que los lectores le hacen de viva voz, o por Internet, han sido de gran utilidad para aterrizar muchos conceptos y hacerlos digeribles para el gran público. El resultado es un libro valiente -hay qué decirlo- pues muchas de las ‘patologías’ que Climent describe en ‘Los tiranos del alma’ no aparecen en los compendios de psiquiatría, “incluso pueden irritar a mis colegas, pero no están basadas en teorías sino en la realidad”, explica. Hablamos con Climent, no desde un supermercado, pero sí desde su consultorio al oeste de la ciudad. Desde su ventana se observa el río, un símbolo del fluir, un símbolo del cambio, un río que se ha llevado consigo los secretos que ahora se convierten en libro.

Yo creo que fue un proceso. Fui resumiendo muchos de estos casos en mi columna de El País, y también me guié por las preguntas que me hacía la gente en la calle, o en Internet. Yo había escrito para mis colegas, no para el público en general, y realmente en esta fase de mi vida lo que me interesa es escribir para la gente, para ver si de alguna manera puedo servir, contribuir a la salud mental de los colombianos.

Los casos que elegí son la condensación de muchos casos. Los nombres usados son ficticios. Y las circunstancias son arregladas, para que no hubiera posibilidad de que alguien se sintiera identificado. Son casos sacados de la realidad de la consulta clínica, no tomados de los libros. Quería, precisamente, salirme de los textos, por eso este libro puede resultar algo molesto para mis colegas, pero realmente no está escrito para ellos.

Está escrito para la gente que no ha tenido la posibilidad de tomar unos cursos de trastornos mentales o de psicología. Y eso ha sido lo más difícil, porque a los médicos nos enseñan a hablar en confuso, en latín. De hecho, las fórmulas médicas no las entiende nadie, sólo las entienden los médicos. De eso se trata, al médico le gusta parecer siempre ‘muy misterioso’.

A los médicos nunca nos enseñaron a escribir. No hubo formación puntual en la escritura, y esa es una de las quejas que tengo yo con la academia. Yo creo que la labor más importante que uno puede hacer desde el punto de vista médico es educar a la gente. Mi padre, que era librero, decía que la gente se muere más por falta de información, que por falta de medicina y de intervención médica. Y es verdad. Eso aplica en salud mental continuamente. Cuánta gente sufre días, meses, años, décadas con una depresión. Y su familia dice “él es así, ha sido así toda la vida, cómo va a cambiar”. Y no, ese señor está deprimido, necesita atención. Otro tiene arranques de perturbación que van desde leves hasta gravísimos, hasta que un día se lanza por la ventana. Resulta que ese señor es bipolar, hace ciclos de manía y hace ciclos de depresión, y la familia piensa que hay que aguantárselo así, hasta que un día les toca llamar a la policía.

 

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