Donación y trasplante de órganos, una batalla contra el tiempo de los colombianos

Donación y trasplante de órganos, una batalla contra el tiempo de los colombianos

Abril 21, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Ángela María Collazos | Reportera de El País.
Donación y trasplante de órganos, una batalla contra el tiempo de los colombianos

Un 91,5 % de trasplantes fueron realizados con órganos de cadáveres. El 8,5% se realizaron con donantes vivos.

Miles de colombianos esperan un donante para seguir viviendo. La espera para un trasplante es con frecuencia una experiencia larga y llena de temor. La muerte les respira al lado.

Margarita Rodríguez nació por vez primera el 29 de septiembre de 1989. Tuvo el infortunio de venir al mundo con un solo riñón, razón por la cual las fiebres e infecciones eran recurrentes. Siendo una bebé, Margarita comenzaba un viacrucis que ni ella ni su madre se imaginaban.A los 8 años su riñón dejó de funcionar. Margarita, nacida en Belén de Hungría, Risaralda, debió someterse a procesos de diálisis cada tres días. Aquella máquina a la que se conectaba por cuatro horas para que filtrara su sangre y limpiara sus toxinas le mantenía la vida, pero le quitaba el aliento: “El cuerpo queda desgastado como si hubiera corrido una maratón”, cuenta.Hace quince años un médico le sugirió un trasplante de riñón. La esperanza comenzaba a brotar desde las pocas fuerzas que tenía. Tal propuesta implicó iniciar un proceso para el ingreso a una lista de espera. Margarita viajó a Medellín, la ciudad colombiana donde más se realizan trasplantes. Sin embargo, era rechazada: falta de donantes compatibles, infecciones o cálculos en la vejiga la hacían no apta para recibir un órgano por posibles complicaciones. En Bogotá, ciudad que está en el segundo lugar en operaciones de trasplantes, las cosas fueron igual.En su adolescencia se rebeló, se rehusó a seguir viajando, detestaba hacerse las diálisis. Pero su amor a la vida era más fuerte: en 2011 empezó el proceso de espera en Cali, que se encuentra en el tercer lugar en estos procedimientos. La espera la compartió con 259 pacientes más que requerían hasta el año pasado de un trasplante en la región. El 21 de enero de 2013, Gabriel Jaime Echeverri, médico especialista en cirugía de trasplante de la Fundación Valle del Lili le anunció que había un donante para ella. No había tiempo que perder, la operación debía practicarse de inmediato. Ese día, el último de una espera de quince años, Margarita volvió a nacer. El miércoles de la semana pasada, Pablo José, de 23 años, la misma edad que hoy tiene Margarita, pudo apenas ingresar a esa lista de espera. El tiempo promedio que puede esperar Pablo es de seis meses a 1 año, aunque ha habido casos de hasta 7 años. En su adolescencia le fue descubierta una diabetes que en menos de una década destruyó sus riñones, el páncreas y le dejó ciego. Hoy se somete a la temible diálisis y lucha contra ese cansancio que le produce para poder levantarse cada mañana a sobrevivir, a respirar. Su madre, doña Beatriz, dice que es muy distinto contarlo a vivirlo. “Mi niño era sano, gordito, el mejor de su curso, soñaba con ser médico, ahora se deprime, llora, mantiene encerrado, se alejó de sus amigos porque no puede tener una vida normal”, cuenta, “solo yo como madre y Dios sabemos cómo él y yo hemos sufrido por esto”.Pablo no pudo terminar el colegio. “Siempre nos tocaba salir a las carreras a urgencias por una cosa u otra”, dice Beatriz. Hace un año la madre de Pablo interpuso una tutela a su EPS para que le autorizaran los exámenes para iniciar el proceso de entrar a la lista de espera por trasplante de riñón y páncreas. Después de ganar la tutela, Pablo tuvo que someterse a durísimas pruebas clínicas. “Le hacían exámenes con tubos por el pene, por el ano, por la boca, por la nariz, para revisar cómo estaba cada órgano, eso lo desgastaba mucho; le hicieron cantidades de exámenes de sangre. Solo en exámenes perdimos un año”, dice Beatriz.La semana pasada Pablo se reunió con el médico para hablar de sus futuros trasplantes, pero la realidad lo aplastó: la realidad de un país en el que cada vez son más las personas que necesitan trasplantes y en la que cada vez hay menos personas dispuestas a donar. La lista de espera ha aumentado un 24 %, mientras el número de donantes ha descendido un 5 % (en 2012 en Colombia hubo 475 donantes, mientras que en 2011 fueron 501 donantes). El médico trató de explicarle eso a Pablo, trató de decirle que el final de Margarita y de las 1107 personas que el año pasado recibieron un órgano en Colombia es, como todo final feliz, un milagro.Mitos que acaban la ilusiónFueron 72 las personas que el año pasado perdieron la vida en Colombia esperando que el donante que requerían apareciera. Según el Instituto Nacional de Salud 15 personas mueren trimestralmente esperando un donante.De acuerdo con el médico Gabriel Echeverri, docente de la Universidad Icesi, para él y para quienes trabajan en torno a los trasplantes es muy angustiante ver sus pacientes morir por la indolencia de una sociedad egoísta.La falta de sensibilización y de una cultura de la donación se deben probablemente a los mitos y tabúes que giran en torno a este tema. “Primero, es muy difícil que al momento de la muerte los familiares acepten donar los órganos de su ser querido por el dolor y la negación del fallecimiento”, dice Echeverri. Por otro lado, muchos medios de comunicación amarillistas se encargan de vender la imagen de los trasplantes como un negocio. “La gente cree que existe el tráfico de órganos y el turismo de trasplante. Hace diez años unos extranjeros lograron entrar a la lista de espera al interponer una tutela, pero eso no ha vuelto a pasar. La ley es clara al decir que el trasplante a extranjeros está prohibido”, asevera. Manuel Arboleda, presidente de la Fundación Colombiana de Pre y Trasplantados, quien se benefició de un trasplante de riñón después de seis meses en lista de espera, dice que la gente todavía cree que “les van a echar escopolamina y van a aparecer en una bañera con hielo sin riñones y con remiendos de cirugía. Eso es imposible. Pasar un órgano a otro cuerpo requiere de un proceso delicado en el que hay tiempos muy cortos”, precisa Arboleda. Por su parte, el coordinador de la Red Regional de Donación y Trasplantes, Germán Arana, admite que hay gente que no soporta pensar que el corazón de un familiar estará dentro del cuerpo de un extraño. “También creen que el cadaver lo van a desmembrar. Y es que mientras a uno no le falte un riñón o el corazón no le preocupa quienes padecen esto. No saben qué es pasar años esperando un órgano. Son pacientes muertos en vida porque viven con el temor de pensar a qué hora se mueren sin encontrar un donante”.Arana lamenta que en una ciudad con un potencial tan grande de donantes (Cali tuvo 1819 muertes violentas en 2012), solo haya habido 48 donantes el año pasado. No obstante, el médico Gabriel Echeverri se pregunta qué esperanza hay si tan solo la semana pasada una mujer a quien se le había trasplantado hace cinco años un riñón, que se supone entendía qué es estar entre la vida y la muerte, no quiso donar órganos de su hijo con muerte cerebral a alguien que los necesitaba. Echeverri dice que “no tiene sentido que un cuerpo vaya a podrirse en un ataúd si uno puede hacer que la vida trascienda dejando un pedacito de uno en el mundo y beneficiar a alguien”. La médico coordinador de trasplantes de la Fundación Valle del Lili, Fátima Jurado, dice que donar es un gesto humanitario, un gesto de amor por el otro y es una cuestión de responsabilidad social frente a un hermano enfermo”.Finalmente, Arana concluye que donar un órgano es mágico. “Las personas que no tienen riñones, por ejemplo, son de color terroso, respiran con dificultad y comen con restricciones. Si usted les pone un riñón, uno solo, en tres días el cambio es drástico. Recuperan completamente su calidad de vida, recuperan la vida”.Esta podría ser la suerte de Fernando Barrios, a quien hace dos años le dejaron de funcionar sus riñones, si encontrara un donante que le permitiera ver crecer a su bebé de seis meses y dejar de usar esa máquina de diálisis a la que se conecta toda las noches. Tal vez así sea la única manera de que él mismo pueda levantarse por un vaso de agua en las mañanas, y no tener que pedírselo a su mujer.Cómo donarExisten varias formas de ser donante de órganos. La primera opción es ser donante vivo en caso de que un familiar necesite con urgencia un trasplante. La segunda, es que en vida, la persona autorice retirar sus órganos cuando fallezca. Para ello el donante debe comunicar su decisión a la familia, la que deberá autorizar el procedimiento en caso de muerte cerebral (cuando el paciente fallece pero su corazón sigue latiendo) el trasplante. Otra es a través de la página www.ins.gov.co y obtener el carné que lo acredite como donante. O inscribirse en la línea 018000113400. También se puede autenticar un documento en una notaría o dejar firmado un documento privado donde se manifieste la decisión. De un solo donante puede extraerse: corazón, pulmones, hígado, riñones, páncreas, laringe, intestinos o tejidos como piel, huesos, ligamentos, córneas y placenta. No existe ninguna restricción o límite de edad para donar. Solo pacientes con cáncer y hepatitis activos, y enfermos con VIH no pueden hacerlo.

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