Desmovilizado ahora es líder de la reintegración

Octubre 21, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País
Desmovilizado ahora es líder de la reintegración

Édinson Gómez habla de la panela y la mermelada de borojó, proyecto de 12 desmovilizados con el apoyo de la Agencia Colombiana para la Reintegración, ACR.

Édinson Gómez Zorrilla pasó más de la mitad de su vida en el ELN. Ahora ayuda a que otros excombatientes vuelvan a la vida civil.

Muchos años después de que su padre lo llevara a conocer al cura guerrillero Camilo Torres, en Buga, Édinson Gómez Zorrilla habría de recordar el día remoto en que decidió tomar el camino de las armas.

Frente al pelotón que lo capturó en Bolívar, Cauca, en mayo de 2009, rememoró cómo las ideas del religioso izquierdista calaron hondo en su mente infantil, abonada por su padre, un sindicalista curtido y militante del Frente Unido del Pueblo, fundado por el mítico sacerdote que se fue al monte. 

Esa y otras imágenes desfilaron por su mente mientras legalizaban su captura. Las de líder del consejo estudiantil en el Colegio Académico de Buga, la de joven militante urbano del Ejército de Liberación Nacional, ELN, y después como sindicalista de Emcali entre 1993 y 1999.

El álbum de la memoria le trajo uno a uno los rostros de sus compañeros activistas asesinados porque se oponían a la privatización de la empresa de servicios públicos. Y la noche cuando decidió dejar a sus padres, abandonar a su esposa,  desprenderse de sus dos hijos e internarse en la lucha armada con el ELN para eludir la persecución. Sintió el sabor a hiel de cuando sus padres tuvieron que emigrar a Cali, con una mano adelante y otra atrás, porque su casa fue allanada y les decomisaron su único activo,  una máquina de coser de su mamá, modista.  

La película de su vida fue interrumpida cuando el comandante del Ejército le dio a elegir:

– O se desmoviliza o se va a la cárcel.

– Me desmovilizo– contestó  Édinson– pero con una condición: que no me vayan a poner de sapo.

“Siempre me han respetado esa solicitud, jamás me han obligado a dar información”, dice este excombatiente en su pequeño cubículo del Centro Integral de Promoción de Derechos Sol de Oriente.

Ese es su cambuche ahora, desde donde   coordina el  apoyo jurídico y psicológico para la población desplazada y desmovilizada de   Comuneros I, en el Distrito de Aguablanca de Cali,   donde se concentra el 35 % de excombatientes como él.

El Centro funciona en la Institución Educativa Carlos Holguín Mallarino. La rectora, Sonia Viveros, dispuso de tres cubículos para que dos psicólogos de la Universidad Cooperativa y un abogado de la Universidad Libre, den orientación a esta población.

Édinson, armado solo de un computador que le regaló la Agencia Colombiana para la Reintegración, ACR, y unos muebles básicos, es un caso exitoso de desmovilización y reinserción en la vida civil.  “He cumplido mi compromiso de no volver a la confrontación armada y asumí el proceso de trabajar por la paz”, dice este hombre muy alto y delgado y de cabello prematuramente blanco, excomandante del ELN en los departamentos de Nariño y Cauca.

Como el conflicto empezó a migrar del campo a la ciudad, su trabajo social  tiene de  todo: desde superar  las fronteras invisibles, por ejemplo, para ayudar a que los niños no participen en la confrontación armada y caigan en las calles, como vio caer a tantos colombianos, de un lado y otro, en el monte. 

Hasta apoyar emprendimientos para desmovilizados que llegan a tocar puertas, pero no encuentran empleo. Uno de estos proyectos es  de la producción de panela,  yogurt y mermelada de borojó, productos derivados de ese fruto exótico del Pacífico.

“Todavía tenemos que alquilar el trapiche, porque no tenemos uno propio, pero creo que podemos reintegrar el tejido social a partir del borojó, un fruto nativo muy alimenticio, nutritivo, rico en fósforo”, explica mientras empuña orgulloso las muestras de  estos comestibles que ya cuentan con la certificación de la Universidad del Valle y son recomendados hasta para deportistas de alto rendimiento.

De proyecto en proyecto, no es gratuito que esté liderando la mesa de trabajo de todos los participantes en el proceso de reintegración. 

Édinson sonríe feliz. Está contento de tantos cambios y bendiciones en su vida. En 2014 ganó el premio de Vecino Calidoso, de  la Asesoría de Paz de la Alcaldía de Cali, y el 23 de septiembre pasado fue destacado entre 600 postulados, como uno de los 20 líderes en Colombia, por la Revista Semana y la Fundación Liderazgo y Democracia.

Justo cuando recibía este último premio por haber comprendido que podía hacer más por su país con el trabajo comunitario que con la lucha armada, en  La Habana, el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, jefe de las Farc, se estrechaban la mano y anunciaban que el acuerdo de paz ya buscaba su cauce final.

Su proceso de reinserción demoró cuatro años. Pero, ¿cómo cambiar de forma de vida después  de 35 años en  la subversión? 

“Comprendí que la gente está cansada de la guerra, que no queremos poner más muertos, sino que lleguemos a una reconciliación; pedimos a gritos que cesen los odios, llevamos 60 años en esta lucha y siempre el más perjudicado es el pueblo, el más pobre, porque los hijos de los ricos no van  al Ejército ni a la guerrilla”,  argumenta con su  rostro desarmado de expresiones beligerantes; con  ademanes suaves, lejanos de   cualquier acto de guerra; con su lenguaje y tono de voz conciliador, que silencia cualquier eco de  fusiles que aún retumbe en el país.

Está convencido de que fue la falta de oportunidades la que  hizo que tantos pobres engrosaran tantos frentes subversivos. Y él ha visto muchos. Como aquel  muchacho que él incorporó a sus filas en Nariño, fue a cumplir una misión, pero  quiso acortar camino y voló en pedazos al caer en  una mina antipersona. “Fue muy doloroso ir a recogerlo y entregárselo a la familia”, recuerda.

Nos dio mucha alegría el anuncio del acuerdo, nos abrazamos con Alejo Vargas (politólogo) y el general (Jorge Enrique) Mora –su otrora enemigo– y se escuchó un aplauso al  saber que la paz está  más cerca”.

También lo hizo desistir de la guerra la confrontación que se desató entre las Farc y el ELN por el control del negocio de la cocaína y la marihuana. La diferencia era que el ELN estaba de acuerdo con el impuesto a las drogas, pero lo reinvertía en obras para la comunidad. Las Farc no compartían esta visión. Como también les disgustó un gesto de paz del ELN, de  entregar a dos policías en 2006, tras acordar desminar el municipio de Samaniego. 

Muchos muchachos le dijeron a Édinson: ‘Viejito, no vamos a pelear más porque allí está mi hermano, mi primo’, cuenta. “Llegamos a un acuerdo de respetarnos y eso sí fue una bofetada para las comandancias de ambos grupos”, explica ahora.    

Incluso, en ese proceso de volver a vivir en comunidad y ayudar a otros a retomar su vida, se reencontró con una funcionaria del Dane que le contó que un comandante de un frente del ELN la retuvo con 25 personas más en Barbacoas, Nariño, cuando hacían un censo,  que les quitó la papelería y los llevó en una lancha selva adentro.

 –Muy bien. Ese comandante era yo–, recuerda que le dijo.

“Después hicimos una ceremonia de reconciliación, en la que le pedí perdón al Padre Celestial, a mi familia, a la sociedad, al país, a ella y salimos abrazándonos”, confiesa el hombre, a  quien muchos exguerrilleros lo buscan para que los ayude en su  reintegración, empezando por hallar empleo. “Sigo siendo como un papá para ellos”, declara.

A él lo mueve el deseo de que tengan las mismas oportunidades que tuvo él con los reintegradores. “A todos les agradezco, pero la que más me ha empujado es Rocío Gutiérrez, a ella todos mis respetos y mi corazón”,  dice Édinson, que ahora goza de ir a la finca –para la cual la ACR le dio una despulpadora de café–, con ellos, su hermano y su hijo menor.

En Aguablanca  veo muchas carencias, pero quisiera saciar ya el hambre de los niños  desnutridos. Mi proyecto más inmediato es crear un comedor comunitario”, Édinson Gómez, facilitador de paz.

Ese reencuentro con su familia fue lo más valioso para él: volver a abrazar a sus  hijos mayores siete años después de  no verlos; estar ahora al frente de la crianza  de su hijo menor,  que tuvo con su excompañera en el ELN;  e intentar rehacer su hogar con su esposa, asilada en Argentina.

Momento inolvidable fue cuando sus padres, a quienes no veía hacía doce años, fueron a visitarlo al Batallón de Popayán,  donde estuvo mientras se tramitaba su desmovilización. El sabor del sudado de pollo que tanto le gusta y que hacía años no probaba lo conectó de nuevo con el calor de hogar.

Por todas estas experiencias, invita a todos los colombianos a  ser más participativos del proceso del posconflicto y tengamos  la certeza de que se va a decir la verdad. “Porque hay gente que no fue al monte, pero participaron con dinero a grupos armados y lo tienen escondidito. Saber toda la verdad es un requisito para que haya verdadera reconciliación”, insiste.

Edinson piensa como los 10 mil actores del conflicto que se armaron de valor para  deponer las armas y tomar la opción del trabajo: “Aspiramos a que esto no se vuelva a repetir. Ojalá podamos entrar a un país con justicia social, donde podamos vivir todos con dignidad y  espacios democráticos”. Es decir, que los de la estirpe de los desmovilizados, los reintegrados, los desvinculados, merecen una segunda oportunidad sobre la tierra.

Otros proyectos

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad