Cúcuta, sitiada por la crisis

Cúcuta, sitiada por la crisis

Agosto 01, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Unidad de Crónicas y Reportajes

Un periodista de El país recorrió varias poblaciones de la zona de frontera y cuenta la forma cómo les ha afectado la crisis entre Colombia y Venezuela. Historias de vida de personas que se mantienen en medio de una pelea que no tiene que ver con ellos.

En el Puente Internacional Simón Bolívar, en la zona conocida en Cúcuta como La Parada, antes de atravesar el puente y llegar a San Antonio del Táchira, en Venezuela, se ven hombres y mujeres sentados en pleno mediodía, sin mucho qué hacer. Algunos son pimpineros, otros son mototaxistas, otros maneros que cambian bolívares por pesos, otros tenderos o vendedores de materiales de construcción. Se les ve con caras largas, preocupados, tristes. La razón, argumentan, es que el tráfico de personas que van y vienen en la zona ha disminuido considerablemente después del rompimiento de las relaciones entre los dos gobiernos y la caída del bolívar.“El ejemplo de esta realidad está frente a sus ojos, en la carretera. Hasta hace un mes las colas de carros que entraban y salían de la frontera eran eternas. Ahora mire, el tráfico está suave. Los negocios están muy solos”, me dice Xiomara M, una mujer que se dedica a cambiar pesos por bolívares. Ella trabajaba hace año y medio con dos millones de bolívares para el cambio y en jornadas de cinco turnos. Ahora trabaja con 200.000 bolívares para el cambio, en jornadas de dos turnos. No es necesario más. “La solución a esto es que los gobiernos dejen de pelear tanto”, dijo, aunque reconoció que “en Venezuela hay guerrilla. Si Chávez no tiene nada qué esconder, ¿por qué no permite que entren los organismos internacionales para que miren?”.María Isabel Lozano, por su lado, vende chuspas de agua, en La parada. Hasta hace unos días, antes del rompimiento de las relaciones con Venezuela, vendía sesenta diarias. Ahora no llega a veinte. “El rompimiento de las relaciones nos está dañando a todos. Desde los comerciantes de estrato 6, hasta nosotros, los de estrato 1”, comentó. Lo mismo le pasa a Leyla Caicedo, que vende caldos de costilla y empanadas de arroz en la Cafetería El Paisa. Ella con regularidad vendía treinta caldos de costilla en una mañana a $3.000. Ahora, no llega a cinco. De las 700 empanadas de arroz que vendía antes, ahora llega a 300. “El venezolano ya casi no viene por el bolívar tan bajo”, dice. La misma historia se repite en la Ferretería Topacio, de Luis Angarita. De los $40 millones de ganancias que obtenía hace dos años al mes, ahora sólo llega a $10. El decreto de la exoneración del IVA, por cierto, aún no la está aplicando él ni ninguno de los comerciantes de la frontera. Argumentaron que del decreto, aunque lo conocen, no saben cómo deben aplicarlo para no verse perjudicados.Por los lados de Venezuela el asunto es parecido. En Ureña, una población que está a un paso de Cúcuta, el Alcalde, Nelson Becerra Torres, dice que en la región se han dejado de recibir millones de dólares “y Bogotá y Medellín eran grandes proveedores para nosotros en repuestos e insumos. Esas relaciones, que generaban riqueza, se rompieron”, acepta el hombre que lleva puesta una camisa roja chavista y en su escritorio tiene esculturas de Fidel Castro, Bolívar y Chávez. Y en San Antonio del Táchira los vendedores de electrodomésticos como H (pidió reserva de su nombre) dicen que sus ventas se han visto reducidas considerablemente. “Eso en parte es por culpa de los medios, que dicen que en la frontera hay un ambiente de guerra y de movilización de tropas, versiones que son falsas y que hacen que los clientes no lleguen. Y claro, nos preocupa la medida que tomó el Gobierno de Colombia de rebajar el IVA, porque nuestros clientes se podrían ir para Cúcuta atraídos por los precios bajos”. Pero hasta el viernes el IVA lo seguían cobrando los comerciantes de Cúcuta, argumentando que no tenían conocimiento del decreto, ni de cómo aplicarlo. Sólo hasta las 4:oo p.m, en la Avenida Quinta, en el centro, en el Almacén Panamá Electronics pusieron un cartel que decía: lleve sus electrodomésticos sin IVA. Algunos clientes entraron a preguntar, pero nadie salió con cajas o bolsas de compra en sus manos. Es cierto. En Cúcuta, el dinero es escaso y el comercio, solitario.Lejanos de la prosperidadEn Cúcuta circula una carta titulada “En Norte de Santander quedamos lejanos de la Prosperidad Democrática”. Allí, en tres páginas, representantes de gremios económicos de la región anuncian que el conflicto entre los gobiernos de Colombia y Venezuela y la disminución del poder adquisitivo de los venezolanos, debido a la caída del bolívar (1 bolívar se cambia a 0.22 centavos), desencadenó lo que ellos llaman “un desastre económico”, una calamidad social para el departamento y su capital.La lista de razones para argumentar tal afirmación es extensa: el desempleo en Cúcuta pasó del 10,6% en mayo de 2009, al 13,2% en mayo de 2010. Eso quiere decir que 49.000 cucuteños más están desempleados, algo así como ver al estadio Pascual Guerrero repleto, incluso con sobrecupo, lleno de hombres y mujeres que no tienen en dónde trabajar. Esto generó que el subempleo pasara del 33,1% en mayo de 2009, al 34,2% en mayo de 2010. Es decir: 7.000 ciudadanos de Cúcuta, los necesarios para llenar casi en siete ocasiones el Teatro Municipal Enrique Buenaventura en Cali, ingresaron al subempleo. Hasta mayo de este año se había incrementado en un 12% el cierre de empresas en la ciudad, comparando el mismo periodo del año anterior. Entre esas empresas que cerraron hay 40 que se dedicaban a la comercialización de arcilla y que ante su liquidación, despidieron a 3.000 empleados.Las exportaciones de Norte Santander hacia Venezuela han disminuido en un 93,99%. Hay productos como las carnes, las legumbres, las hortalizas y los tubérculos, que ni siquiera registran exportaciones hacia el país de Hugo Chávez. La cifra es cero. Y recursos como la madera y el carbón vegetal disminuyeron sus actividades comerciales con Venezuela en un 97,41%.La carta, el lamento, continúa. El gremio hotelero también se ha visto afectado. Hasta abril de este año, la ocupación hotelera en Cúcuta registraba un 37,9%, 19,9% menos que el año anterior. El mercado inmobiliario se ha reducido en un 30% y la construcción redujo su actividad a la mitad. En este gremio se han perdido 3.487 empleos directos. Y, para colmo, el sector del calzado está quebrado; Venezuela, además, tiene deudas con los empresarios del Norte de Santander por un monto de 81 millones de dólares que no han sido cancelados. Los pagos han sido restringidos sin explicaciones. La carta está firmada con fecha del pasado 16 de julio, en una semana de festejos en la región: el centenario de creación del Departamento de Norte de Santander. Pero de fiestas es lo último que se habla en esta zona en donde escasea el dinero.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad