"Consumir no es un crimen y la adicción no es un delito": Juan Manuel Santos

"Consumir no es un crimen y la adicción no es un delito": Juan Manuel Santos

Abril 25, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Argemiro Piñeros, enviado especial de Colprensa

El presidente de la República, Juan Manuel Santos.

El Presidente entregó un balance de lo logrado en la Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU. "No se puede aplicar un criterio en suelo propio y exigir uno más riguroso para los demás", dijo.

Colombia puede reclamar que se le reconozca protagonismo en la intención de darle un giro a la política mundial de lucha contra las drogas y al logro de los primeros avances que en ese sentido se alcanzaron en la Sesión Especial de la Asamblea General de la ONU que se realizó esta semana en Estados Unidos.

En ese país, el más enfático en las políticas represivas, el ministro de Justicia colombiano Yesid Reyes; la canciller María Ángela Holguín y el presidente Juan Manuel Santos sembraron un mensaje nuevo: considerar de manera prioritaria las políticas de salud pública, antes que las estrategias policiales y militares.

La tesis fue respaldada por los mandatarios Ollanta Humala, de Perú, y Evo Morales, de Bolivia, pero menos acogida por naciones consumidoras. Aunque reconoce que falta mucho por lograr en este campo,  Santos cree que allí se dieron pasos fundamentales.

Usted planteó en la cumbre que los acuerdos de paz también tendrían un enfoque de desarrollo sostenible. ¿Cómo será en Colombia?

Los acuerdos de paz en el mundo antes solo se referían a temas como la dejación de armas, la reincorporación de los excombatientes a la sociedad y su participación en política. Ahora, por primera vez, estamos tocando el desarrollo rural integral, la erradicación voluntaria de cultivos ilícitos y proyectos productivos alternativos. Todo eso significa trabajar por el desarrollo sostenible: mayor bienestar para la población más vulnerable y  mejor protección del medio ambiente.

También dijo que espera que las guerrillas ayuden a la erradicación de cultivos ilícitos en el país. ¿Cómo se tiene previsto eso?

En el punto sobre las drogas, que ya se acordó, las Farc se comprometen a contribuir de manera efectiva, mediante acciones prácticas, con la solución al problema de las drogas ilícitas y a terminar cualquier relación que hayan tenido con ese fenómeno. Algo sin precedentes. Y se habla de adelantar un programa de erradicación y sustitución de esos cultivos con la participación directa de las comunidades. Es lograr compromisos de sustitución voluntaria. Y si alguien incumple, el Gobierno procederá a la erradicación manual. Otro punto importante es avanzar con el desminado humanitario. Las Farc se comprometieron a suministrar información para contribuir al desminado y ya comenzamos con proyectos piloto.

Y la teoría del respeto a los derechos humanos en la lucha contra las drogas. ¿Por qué?

Porque las convenciones de drogas no se pueden aplicar dejando en segundo plano las que garantizan y protegen los derechos humanos. Por eso hemos pedido que no haya pena de muerte para los delitos relacionados con las drogas y que, mientras se llega a un consenso, al menos haya una moratoria en su aplicación en los países que todavía la tienen. Y hemos propuesto que se privilegie la salud sobre el castigo en el caso de los consumidores de drogas. Consumir no es un crimen y la adicción no es un delito, sino una enfermedad. Por eso el consumo debe tratarse desde la  salud pública y no desde la política criminal.

¿Es suficiente que haya una visión más flexible en cada país al cumplir las convenciones contra las drogas?

Aceptar que los países tenemos un grado de autonomía y flexibilidad en la interpretación y aplicación de las convenciones de drogas, porque cada uno tiene circunstancias y problemas diferentes, es un avance muy importante de esta sesión especial de la Asamblea General de la ONU. Pienso que ahora debemos avanzar en hacer estudio y seguimiento a cómo les va a los diferentes países con el esquema que apliquen gracias a esta autonomía. ¿Son eficaces los que tienen políticas más restrictivas? ¿Sí ha bajado el consumo y golpeado el negocio? ¿O están funcionando mejor esquemas de mercados regulados, como en Uruguay? Solo conociendo las ventajas y desventajas en cada caso, podrá la comunidad internacional tomar decisiones más informadas.

¿Entonces el  consumo no debe ser tratado con  política  de represión judicial?

Definitivamente. Como dije en la ONU, si uno le pregunta a cualquier madre si quiere que su hijo adicto pague cárcel por cinco años o que sea atendido en un servicio de salud para procurar su rehabilitación, todas van a responder que prefieren el tratamiento. No solo porque son las madres, sino porque es lógico. El consumidor de drogas pone en riesgo su salud, como el de tabaco o de alcohol, y, si es adicto, el riesgo es mucho mayor. La solución no es la cárcel,  es trabajar en la prevención del consumo y la adicción y en la rehabilitación de los adictos para minimizar el daño. 

¿Cree que fue bien entendido su ejemplo de que es difícil explicar al campesino colombiano que su cultivo es un delito, mientras que en estados de EE. UU. el mismo cultivo es legal?

Es un ejemplo contundente y es real. Estados Unidos es el mayor consumidor de drogas del mundo y uno de los mayores productores de marihuana. En estados como Colorado o Washington, la marihuana se puede cultivar, vender y consumir libremente. Lo que pedimos al mundo es coherencia. No se puede aplicar un criterio en suelo propio y exigir uno más riguroso para los demás.

¿Sí se avanzó en esta Cumbre para enfrentar el narcotráfico?

Sí. No todo lo que hubiéramos deseado, pero hay que valorar los pasos dados, pues las reuniones previas sobre drogas se limitaban a ratificar la estrategia de siempre y esta marcó el inicio de una transformación que hay que continuar. Ahora se acepta la flexibilidad en la aplicación de las convenciones de drogas, el principio de la proporcionalidad de  penas y la necesidad de enfocarnos en reducir el riesgo y los daños del consumo. Son virajes en la dirección correcta.

¿Qué le quedó faltando a la cumbre para enfrentar a las redes del narcotráfico?

Tenemos que priorizar el combate a los eslabones fuertes de la cadena del narcotráfico, como las mafias, los que venden las armas y los insumos químicos, los lavadores de activos, en lugar de perseguir, como se viene haciendo, a los eslabones débiles: los campesinos o los consumidores, que lo que necesitan es apoyo y oportunidades. A las mafias hay que quitarles esas exorbitantes sumas de dinero que consiguen y que no se quedan en los países productores. Hay que golpearlas donde más les duele.

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