Columna: ¿Dónde están los papás?

Marzo 04, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Norma Lucía Bermúdez*| Especial para El País.

El Estado, la academia, los investigadores, la sociedad miran a la mujer. ¿Y los señores?

Por estos días, hay una importante y justificada ola de preocupación por la niñez de este país. Hasta se ven secciones fijas sobre el tema en noticieros de televisión, el medio más reacio y superficial para hablar de lo social. Sin embargo, hay algunos aspectos que asombran, pues el tratamiento del tema tiene, en casi todos los casos, un sesgo bastante machista. Al hablar de la planificación familiar, de la crianza de la niñez, de sus cuidados, de las violencias y abandonos que sufren niños y niñas, el periodismo, el sector académico e incluso algunas organizaciones de derechos humanos, levantan su vista y enfocan a las madres.Desde los programas para prevenir embarazos tempranos, no mencionan ni se dirigen a los hombres adolescentes, pasando por los programas de lactancia, desarrollo y crecimiento, que solo convocan mujeres, hasta las investigaciones acerca de las familias, recaen en las mujeres. Es más: cuando intentamos construir políticas públicas para el avance de los derechos de las mujeres, los políticos de todos los partidos y todos los niveles nos corrigen “de mujer y familia”. Esta visión tan antigua, que descarga todo el peso del control poblacional, el mantenimiento y calidad del cuidado de la vida en las mujeres, tiene un doble efecto perverso: Por un lado, no permite concebir horizontes vitales para las mujeres diferentes a la maternidad, con lo que se instala un torniquete hacia ellas. Se les presiona y entrena para ser madres, se les regalan bebés que lloran, hacen chichí y popó y se les pregunta cuándo van a tener hijos. En la adolescencia se les enseña a evitar los hijos o se intenta postergar los embarazos. Y cuando son madres se les viene el mundo encima: Se alquila habitación a persona sin hijos, se ofertan empleos y becas preferiblemente para mujeres jóvenes sin hijos, se les castiga por descuido, negligencia y maltrato a los hijos e hijas. No se valora ni acompaña la maternidad como un valioso rol social. La contracara de este sesgo es la ausencia casi total de los hombres y los padres en este importante rol. Nadie se pregunta de quién son los hijos de las madres adolescentes, cómo conciben su cuerpo, su sexualidad, su proyecto de vida. No se ofertan métodos anticonceptivos diferentes al preservativo, al que muchos tienen verdadera alergia. No hay políticas públicas de autocuidado y enseñanza del cuidado para hombres. No se enseña la paternidad amorosa, social, colectiva. En la mayoría de establecimientos de salud, ni siquiera se permite que el padre asista al parto. De manera que la tarea es urgente: desde el Estado, el sector académico, las organizaciones sociales, nos corresponde promover la valoración y acompañamiento de la crianza compartida, amorosa y llena de oportunidades, en la que participen tanto hombres como mujeres. Si seguimos evadiendo la tarea, no nos extrañemos de que sigan apareciendo madres solas y espíritus santos, protagonizando las tragedias, en lugar de padres de carne y hueso acunando la vida.* Integrante del Centro de Estudios de Género de la Universidad del Valle y activista.

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