Cantadoras de alabado despidieron al Joe Arroyo

Julio 28, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Gala Marcela Peña, el heraldo, especial para el país
Cantadoras de alabado despidieron al Joe Arroyo

Con gritos, palmas, cantos, pancartas y hasta carátulas de sus más recordados discos cientos de seguidores del Joe, llegaron hasta la Catedral Metropolitana en Barranquilla donde se encuentran sus restos mortales en cámara ardiente para darle un último adiós.

Un grupo de cantadoras de alabado despidió a uno de los grandes ídolos de la música colombiana: Joe Arroyo. Amigos y seguidores le dieron el último adiós.

ni el sofocante calor, ni las colas de una, dos y hasta tres horas, ni la edad, impidieron ayer a personas del común, a los de a pie, los que bailaron apretados y sueltos las canciones del Joe, las que lo vitorearon y le dieron la gloria en cada uno de los escenarios donde se presentó, dar el último adiós a su ídolo.Como si el dolor fuera propio, por la partida de alguien muy cercano, los colores que predominaron, adentro y afuera de la Catedral Metropolitana María Reina de Barranquilla, fueron el negro, el blanco, el beige, el gris y el morado. Y aunque el encuentro con el hijo adoptivo de ‘La Arenosa’ a ratos parecía un Carnaval en esos en los que tantas veces cantó El Joe, y en el atrio retumbaban los parlantes con su música, las lágrimas saltaban y daban muestra del sentimiento de aprecio que todo un pueblo le profesaba y que evidentemente no esperaba una despedida tan temprana.Sus seguidores sabían que ya no iban a poder verlo en el próximo Festival de Orquestas; la de ayer era la despedida final.Como tantos que desfilaron frente al féretro del cantante, el cual cubrían las banderas de Barranquilla y de la organización de autores y compositores Sayco Acinpro, Edi Morón, un hombre cincuentón y espigado, no aguantó su llanto, luego de hablar en voz baja con el que yacía dentro del cajón. “Le pedí que me guardara un espacio en el cielo, y le agradecí porque disfruté mucho con su música, porque fue un hombre del pueblo”, dijo con voz entrecortada.Tampoco los pasos cortos que revelaban sus 88 años, impidieron a Dora Pérez, viuda de Cueto, quien vestía de blanco y negro, llegar cerca del Joe y lo primero que le preguntó era que por qué se había ido tan temprano. “Dios le ha debido dar más larga vida, porque él tenía mucho que dar, cantaba muy lindo”, dijo con sentimiento. Además lo visitó porque era paisano bolivarense.Con el mismo pesar habló Nicanor del Portillo, un pensionado quien luego de vivir 45 años en Los Ángeles, regresó a su ciudad natal. Junto al féretro le agradeció al artista su música. “Me hizo bailar y me alegró la vida. Joe: que Dios te acompañe y te tenga en el cielo y lástima que se haya acordado tan pronto de tí”, dijo, mirando al firmamento.La fila era a ratos interrumpida para dar paso al grupo de Cantadoras de Alabado, que llegaron de Bogotá enviadas por el Ministerio de Cultura.Con su potente voz, Olga Perea, dejaba salir una plegaria: “Eoooo, mi negro que ya partió, el negro ya descansó”, y que repetían las cuatro mujeres y dos hombres que hacían parte del cortejo, que daba vueltas alrededor del cajón. Sus voces rendían un tributo al sentir del pueblo afrodescendiente de Colombia, que con la partida del Joe también despidió a uno de sus más destacados exponentes.Al renovarse la romería, John, un hombre de 35 años, se acercó con la carátula del disco de Los Latin Brothers, una de las agrupaciones donde el Joe inició su carrera artística. “Lo quería ver para decirle que lo quería mucho y que siempre vivirá en nuestros recuerdos”, dijo.Las horas pasaban y la romería aumentaba a medida que se acercaba la hora del funeral y a sus seguidores se les agotaba el tiempo para la despedida.Al final nadie se atreve a especular cuántas personas pasaron al lado del cuerpo del cantante, pero fueron miles.Seguidores, fanáticos, conocidos, amigos, vecinos de otros tiempos, artistas que tocaron junto a él, desconocidos o simples curiosos; barranquilleros, cartageneros, costeños y de otras geografías, todos dentro y fuera de la Catedral, no se cansaron de despedir al Joe con un grito que todavía retumba: ‘En Barranquilla me quedo’.

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