Así se extinguen 74 años de historia de El Liberal

Abril 01, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Andrea Barrero, enviada especial de El País

El diario de más arraigo en Popayán, y en el Cauca, está a punto de cerrar. La crisis económica golpeó su estructura física y humana. Crónica de su noticia.

Popayán. Centro histórico. En las calles se esparce como el viento los rumores de que El Liberal, el diario que ha acompañado durante 74 años a los payaneses, pronto podrá dejar de circular. Parece un secreto a voces, una noticia anunciada. Un titular impensable, una realidad evidente.“Lo han dicho en la radio”, “eso dicen, qué tristeza”. Es lo que vendedores informales y ciudadanos del común conocen sobre un hecho que aún no se confirma, pero que es latente: que el diario liberal apague sus computadores y cierre sus puertas, esta vez, por tiempo indefinido.Hoy, el periódico con más historia de la capital del Cauca, ese que para la gran mayoría se convirtió en un referente del acontecer regional y nacional, se extingue poco a poco. Está viviendo su propio vía crucis. Está “en cuidados intensivos”, murmuran. Pero no es rumor. Las declaraciones del Grupo Editorial Galvis, socio mayoritario de El Liberal, en donde confirma que no aportará más recursos porque en los últimos 27 años se han generado pérdidas, sembró incertidumbre en empleados, periodistas, lectores. Aún no es claro el futuro del diario, pero está en proceso de liquidación. Esa es la verdad.El Liberal. Carrera 3 No. 2-60. Adentro, en la Redacción, hay silencio. El sonido de los teclados es casi imperceptible. Pero ahí están. Hay concentración. Todo parece marchar con normalidad.“Aquí nos acostumbramos a llegar hacia las 7:30 a.m. Es un medio en el que se construye vida. Somos una familia, nuestro círculo social somos nosotros mismos. Salimos a almorzar media hora, de resto aquí permanecemos”, reseña, con tono suave y pausado, una de las reporteras del diario, que prefirió omitir su nombre.De repente, surge la pregunta que tanto miedo genera. Mira la pantalla de su computador y vuelve sobre el tema: “Si se cierra, también se cierra una esperanza de informar de manera seria...”Pero su frase se interrumpe. Su voz se resquebraja, una lágrima se asoma “...Más que preocuparnos por quedar sin trabajo, nos preocupa que se cierre un periódico de tanta tradición”. Logra terminar su idea.El Liberal. Pasillos. La aparente tranquilidad del pasado jueves de trabajo es interrumpido, una, dos, tres, cuatro... veces, por un estruendo que no es cotidiano. Están desarmando las máquinas de la antigua rotativa, que durante muchos años imprimió de tinta los ejemplares de El Liberal hasta el año 2006, cuando se decidió hacer el proceso de impresión en La Tarde, de Pereira. Hoy sólo sirve como chatarra. Ese fue el precio de su venta.Lo de la venta de la rotativa, ya inservible, parece ser un augurio de que pronto, quizá, ya nada quedará en aquella estructura del barrio La Pamba, donde arduas jornadas de trabajo saciaron los ánimos de quienes a diario viven -y otros ya vivieron- a la orden de la noticia, en busca de la información.Poco a poco va quedando vacía la casa de El Liberal. Su planta, de 38 empleados, en menos de tres días se ha reducido. Ya liquidaron cuatro trabajadores de circulación y publicidad. En la redacción, de ocho periodistas y dos reporteros gráficos, hoy se cuentan dos menos. Habrá que esperar, qué pasará esta semana.Entonces, no todo marcha con normalidad. De hecho, algunos periodistas cuentan que, aunque la responsabilidad y el rigor de trabajo es el mismo, se llega un poco más tarde al diario. “Ya no hay el mismo ánimo”, coinciden en decir varios.Se cierra la puerta, se calla una voz13 de marzo de 1938. Cuando Alfonso López Pumarejo era el presidente de los colombianos, los payaneses conocieron por primera vez, a tinta roja, el papel periódico que más tarde continuaría arraigado a su tradición.Desde el terremoto que sacudió a la ciudad, en marzo de 1983, el cubrimiento de la emblemática Semana Mayor, hasta las noticias que más impacto han generado en el país, como la muerte de ‘Alfonso Cano’, han pasado por sus páginas.“Donde hemos tenido que ir, hemos ido. El diario está asociado con Popayán. Siento que la noticia es noticia porque está en El Liberal”, afirma Laurentino Tello, jefe de Redacción y quien ejerce, además, algunas funciones de director.Mientras tanto, al fondo, detrás de su silla, se asoma un cuadro inclinado con un ejemplar a blanco y negro de esa casa periodística, como una señal de que algo parece estar cayendo. “Aquí hay nostalgia”, recalca Tello.Don Ulman Calero, comenzó como armador del periódico y hoy está a cargo del diseño, diagramación y del retoque de las fotografías. Agacha su cabeza y luego, altivo, dice que en septiembre cumpliría 11 años en la empresa, pero “ya no los cumplo”, remata, con evidente tristeza. A El Liberal le debe su carrera, lo que sabe, parte de lo que tiene. El gerente, Felipe Iván Peralta, confiesa que ha sentido impotencia, nostalgia y que le surgen ganas de salir adelante. “Ojalá encontremos un socio que nos pueda apoyar y más compromiso de la ciudad”, dice. Explica que todavía no hay una decisión sobre el cierre del diario y que habrá que esperar la salida o determinación de la próxima Asamblea de socios, a mediados de abril. Por ahora, la Gerencia sigue haciendo un control de costos y gastos. El Liberal, con menos empleados, sigue circulando. Aprovecha para revelar otra situación: “Ya no hay un sentir de la ciudad, de la gente que dice querer a El Liberal. Ya no le duele a Popayán”. De cerrarse, agrega, “se pierde todo, su historia, la única voz pública reconocida, creíble”.Los teléfonos en El Liberal ahora están sonando con más frecuencia. Otro de los periodistas cuenta que lo que más abruma por estos días son las preguntas detrás de ese auricular -muchas sin respuesta- que hacen tantos lectores, tantos ciudadanos. Suena un celular. Esta vez la llamada es para Laurentino Tello. Al otro lado parecen cuestionarle sobre lo mismo. Él responde, como lo ha hecho otras veces: “Hasta el último día estaré al frente del cañón”.Así, como si fuera el último día, se trabaja en El Liberal. Los periodistas, con más sosiego, pero con la misma tristeza, se preguntan de nuevo: “¿Nos tomaremos hoy nuestro último café en la Redacción?”.

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