Así es Ofelia Romero, fundadora del Círculo de periodistas de Bogotá

Así es Ofelia Romero, fundadora del Círculo de periodistas de Bogotá

Abril 08, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal | Redacción de El País
Así es Ofelia Romero, fundadora del Círculo de periodistas de Bogotá

Ofelia Romero de Willis, una de las fundadoras del CPB

Ofelia Romero de Willis, una de las fundadoras del CPB, recuerda cómo se abrió paso en un oficio de hombres. Memorias de una pionera.

Hace 31 años, cuando Ofelia Romero de Wills le propuso a la Junta Directiva de Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, la creación del Premio ‘de los Periodistas para Periodistas’ en la Noche de los Mejores, estaba lejos de imaginar que un día sería ella la galardonada, y con justicia, porque lleva más de 50 años batallando por el gremio. Y no sólo eso, Ofelia es responsable, con mujeres como Esmeralda Arboleda de Uribe, Josefina Valencia de Hubach, Bertha Hernández de Ospina Pérez, María Currea de Aya y tantas otras “Policarpas”, pertenecientes a diferentes movimientos y partidos políticos, que se la jugaron en jornadas inolvidables, de haber conseguido el derecho femenino al voto, la inclusión de la mujer en el ejercicio político y la defensa de sus derechos civiles. Otras, de las nuevas generaciones, que siguieron su ejemplo, están hoy en las universidades, en el Congreso de la República, en los ministerios, en la empresa privada y en las corporaciones públicas. Y muchas se la siguen jugando por la reivindicación total de las mujeres en un país de corte machista, que todavía las discrimina en materia salarial e incurre en la práctica vergonzosa de la violencia contra la mujer.A Ofelia le gustaba estudiar, y, en una época en que las mujeres ni soñaban en hacer carreras universitarias, ella hizo un máster en matemáticas y física en la Escuela Normal Superior y un posgrado en la Universidad de Boston. Por circunstancias de la vida, (enviudó jovencísima) su norte lo encontró en el periodismo. Trabajó en medios emblemáticos del país como El Tiempo y el Espectador, en las revistas Cromos, Semana, Nueva Frontera, y Diners, en Radio Sutatenza y Caracol, y fue columnista aguda e incisiva. Hoy, a sus 90 años, Ofelia disfruta de sus siete nietos, hijos de Patricio y Margarita, espera la llegada de su segundo biznieto, y sigue trabajando por la causa femenina. Sin duda, un ejemplo a seguir.¿Cuál es su columnista preferido?Daniel Samper Pizano. Daniel hijo me gusta y me parece muy gracioso, pero tengo que hacer un esfuerzo para leerlo porque la letra es muy chiquita. ¿Cuántos nietos tiene?Siete y un biznieto. Ahorita Margarita va a tener otro y me iré a Miami a conocerlo, apenas nazca. De Patricio tengo dos, de Silvia Dávila y dos de Adriana Santos. Ellos están en Miami, donde se han amañado muchísimo.¿Cómo eran las primeras épocas del CPB cuando estaban periodistas como Lucio Duzán, Alfonso Castillo Gómez, Enrique y Hernando Santos Castillo, José Salgar, Julio Abril, Federico Rivas Aldana, Emilia Pardo Umaña, Ricardo Ortiz McCormick, Nicolás Mora Dávila y tantos otros grandes periodistas colombianos?El CPB tuvo mucha fuerza cuando se fundó porque ahí estaban los importantes. Un total de 30 periodistas de los cinco diarios capitalinos conformó el grupo de los fundadores. Después como que se fue desdibujando. Recuerdo que yo estaba en Cromos donde también trabajaba Jorge Cavarico, que se la pasaba en el CPB. Muchas veces me dijo que fuéramos, pero yo me negaba porque no me quería meter en eso. Después entré y le trabajé bastante. Le propuse a la Junta Directiva crear el Premio CPB, de Periodistas para Periodistas, como dice el lema. La Junta aceptó y me encargó su realización. Patricio, mi hijo y su primera señora Silvia Dávila trabajaban en RTI y me ayudaron mucho. No era algo fácil de realizar porque el gremio ha sido tradicionalmente desunido. Cada uno va por su lado. El CPB ayuda un poco, agremia, pero la verdad es que nos vemos es cuando hay fiestas.Sé que usted no estudió periodismo.No, yo estudié matemáticas y física porque tenía mucha facilidad.¿Heredada?No. Sólo había cuatro carreras: matemáticas y física, historia, ciencias naturales y lenguas. Para mí lo más fácil era matemáticas que no había que estudiar mucho y me metí a la Normal Superior. También estudié inglés en el Centro Colombo Americano y un día el director del Centro me preguntó si quería irme a estudiar a la Universidad de Boston. Desde luego –dije- ¡encantada! El profesor José Francisco Socarrás, que era mi jefe en la Normal, dio las mejores referencias y me fui en el curso de esa misma semana. Fue una experiencia interesante pero dura. Yo estaba muy joven y no estaba acostumbrada a estar sola, y mucho menos en el extranjero. En esa época muy pocas mujeres estudiaban afuera.¿Sus papás la escoltaron, cual Guardia Pretoriana a Boston?No, fíjese que me fui sola y en medio de todo fue una aventura. Yo llegué a Nueva York, de donde cogí el tren para ir a Boston y un tipo muy bien plantado -bien chirriado- se sentó al lado y estuvimos conversando todo el tiempo, en español. La mamá era de Panamá. Ya en Boston, me ayudó con la maleta y luego a encontrar los dormitorios de la Universidad. El tipo, que me pareció queridísimo, me invitó a salir, pero las compañeras del dormitorio me dijeron que no me convenía, sin conocerlo. Sin embargo, salimos pero yo no quise ir a bailar y hasta allí llegó la cosa porque yo estaba de novia de Gustavo Wills. Un noviazgo que duró como seis años, mientras él hacía toda su carrera.Cuando sucedió la tragedia del 9 de Abril, y Bogotá fue semidestruida, ¿usted estaba todavía en Estados Unidos?Sí, precisamente el 9 de abril Gustavo me escribió una carta –que no pudo mandar sino hasta el 18 de ese mes- contándome todo lo que había sucedido en esos días tremendos y analizando la situación política y social del país. Él tenía un cargo en la Conferencia Panamericana que se celebraba en Bogotá. Todo el centro de la ciudad lo quemaron, el Hotel Regina, el Hotel Granada. Los huéspedes salieron a defender el hotel y les tocó vivir momentos espantosos. Bogotá cambió radicalmente, una era la ciudad antes del 9 de Abril y otra después de esa fecha aciaga.¿Qué hacía su papá?Mi papá era profesor de francés y para mí siempre ha sido un misterio cómo lo aprendió. Él había hecho un par de viajes a Francia, pero nunca me he podido explicar cómo alguien puede aprender francés en uno o dos viajes.Tenía facilidad para los idiomas, como usted para las matemáticas...Seguro, el caso es que lo hablaba muy bien y daba clases en varios colegios.¿Su mamá, Soledad León, también era una mujer de avanzada?Por supuesto que sí, mamá fue de las primeras mujeres que estudió en el Colegio de la Enseñanza. Ella era de Fómeque y luego se vinieron a vivir a Bogotá. Papá era de Une, Cundinamarca, pero siempre vivió en la capital. Mamá estuvo requinterna, ¡imagínese! En esa época, para venir desde allá lo hacían a caballo y los niños a lomo de peón. Nosotros fuimos ocho hermanos, seis mujeres y dos hombres vivos, y otros dos que murieron al nacer.¿Cómo conoció a su marido, Gustavo Wills?Lo conocí un día que él y Gonzalo Mallarino se fueron a pie hasta La Unión, que es un corregimiento de Fómeque, a donde los bogotanos íbamos a veranear. A los Mallarino los conocí mucho. La menor estudiaba en la Escuela Anexa del Pedagógico, el único colegio bueno que había en Bogotá, y luego se metió de monja. ¿El noviazgo con su marido comenzó con un golpe de amor a primera vista?¡Claro que sí! Resulta que en La Unión había una plazuela a donde salíamos todos, jóvenes y viejos, por las tardes, a caminar y a socializar y, sobre todo, a ver quién había llegado de Bogotá. De allí salieron muchos noviazgos y matrimonios. El nuestro duró poco porque él se mató en un accidente.¿Cómo fue?Como a las 6:00 de la tarde Gustavo regresaba a Bogotá en carro, acompañado de un poeta que nunca conocí y que se llamaba Álvaro Luna y de Álvaro Pachón, el padre de Gloria y Maruja. Venían de un almuerzo que le daban a Guillermo Cano por su matrimonio con Ana María Busquets. Ellos no habían tomado trago porque tenían sendas citas temprano en la noche. Eso era en el sur. Lloviznaba y, al tratar de pasar el Río San Cristóbal, ya casi sin luz, no vieron que habían quitado el puente sin poner ninguna advertencia. Se cayeron al río y se mataron los tres.¡Qué barbaridad! ¿Por qué nunca se volvió a casar?Posiblemente me volví muy exigente, y el modelo de Gustavo, que era un tipo muy especial, puso un punto muy alto. Sobreviví sola. Fue muy duro, no solo económicamente porque yo no tenía nada, sino porque de ahí en adelante me tocaba ver que todas mis amigas estaban con sus maridos. Fue durísimo, pero me puse a trabajar casi enseguida y eso me fortaleció y me ayudó muchísimo.¿Empezó a enseñar matemáticas y física, lo que había estudiado?Curiosamente no. Me nombraron miembro de la Junta de Clasificación de Películas y eso me tomaba mucho tiempo, porque debía ver películas varias horas al día. Fuera de eso, yo asistía a un Cine- Foro, para analizar películas desde el punto de vista estético. Por fortuna el cine me gustaba muchísimo. Con los niños, Patricio y Margarita, me ayudaba una viejita que había criado a Gustavo.¿Y esa junta clasificadora no era más bien de censura? ¿Cuál era el criterio para clasificar películas?Más que todo miraban la parte argumental. Al resto no le ponían atención, pero como yo había estudiado cine, le ponía cuidado también a la fotografía, a la música, al guión y la dirección.¿Y a la parte ‘moral’, me imagino: que no hubiera besos y escenas calientes para que la juventud no fuera a antojarse y a tener pensamientos “escabrosos”?Risa. Bueno, en ese tiempo el cine no era como es ahora y, por otra parte, los distribuidores le daban a uno las películas ya recortadas .¿Cómo llega el periodismo a su vida?Como yo iba al Cine-Foro con Carlos Arbeláez y con Leonor Carrizosa, Carlos me encargó hacer las actas. Empecé a escribirlas con mucho entusiasmo y un español que trabajaba en La República, las leyó. Le parecieron muy bien escritas y empezó a publicarlas como comentarios de cine en el periódico. Por otra parte, yo tenía muchos contactos porque los Santos y los Cano habían sido compañeros de colegio de mi marido. Recuerdo que para Guillermo Cano fue muy dura la muerte de Gustavo. A mí me afectó profundamente el asesinato de Guillermo -cuando era director de El Espectador- ordenado por los narcotraficantes, que le cobraron de esa manera su valor para denunciarlos y para escribir, editorial tras editorial, sobre todo lo que ya se cocinaba por esas épocas sin que los colombianos sospecháramos siquiera lo que le esperaba al país. Usted luchó durante años, a través de la Asociación de Ciudadanas por Colombia, por la reivindicación de las mujeres. ¿Alguna vez hizo política?Trabajé en una época con la Dirección Liberal Nacional y me metí mucho en el movimiento de Luis Carlos Galán. También trabajé con Esmeralda Arboleda, que fue secretaria del Partido Liberal y luego ministra de Comunicaciones de Alberto Lleras Camargo. Era una persona muy inteligente y decidida. Fue la primera mujer que en Colombia ingresó a la Universidad. Había estudiado Derecho en la Universidad del Cauca y en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo fue nombrada Embajadora en Austria y, posteriormente, ante la ONU. Al final fuimos tan amigas, que cada fin de semana nos íbamos a Subachoque, donde yo tengo un pedacito de tierra.¿Cómo está viendo a Bogotá bajo la batuta de Petro?Me parece que su talante no despierta muchas simpatías y que hasta el momento ha tenido desencuentros con la opinión, pero también creo que hay que darle un compás de espera.¿Cómo se siente a sus 90 años?Le digo francamente que como que no había caído en cuenta de que eran tantos y la verdad es que me sentía muy joven.¿Cuáles considera los mejores presidentes durante y a partir del Frente Nacional?Alberto Lleras Camargo el mejor, pero era muy distante, lo mismo que Carlos Lleras. Yo trabajé en el periódico Nueva Frontera, que Lleras Restrepo fundó, porque me invitó Luis Carlos Galán, que por un tiempo fue su pupilo bienamado. Galán, por el contrario, era muy comunicativo, gran conversador y de una gran generosidad. Era adorado y hubiera llegado a ser presidente si no lo asesinan.¿Carlos Lleras visitaba mucho la revista?No recuerdo haber visto en las oficinas de Nueva Frontera al doctor Lleras, que, entre otras cosas, me inspiraba una especie de susto, cierto temor reverencial. (Risa).Muchas veces había que ir era a su casa a comentar un artículo, o a recibir instrucciones sobre alguna cosa, pero nunca le tuve confianza como para conversar con él sobre otros temas. Belisario Betancur siempre ha sido un hombre muy simpático, con carisma y culto. A él lo traté un poco más cuando yo estaba en la Junta Directiva del Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, y él iba a la sede. Conversábamos de lo divino y lo humano.¿Cómo le ha parecido el caso de la Fiscal Morales, usted tan entusiasta de la causa femenina, y de Sandra Morelli, la contralora, a la que también están tratando de tumbar?No me ha gustado la cosa porque ha sido otra prueba de que los hombres siempre están tratando de opacar y de obstaculizar a las mujeres. El problema principal para ella ha sido su relación con Lucio, pero tenga la seguridad de que si hubiera sido un hombre, nadie habría ni tocado el tema. Sin embargo, muchos consideran el caso de Viviane un error tremendo, de esos que se cometen tal vez por exceso de amor…Su jefe, el doctor José Francisco Socarrás fue un hombre muy importante en el país. ¿Cómo lo recuerda?Dejó una huella muy importante en los profesores a los que enseñaba. Él fue nombrado por Alfonso López Pumarejo rector de la Escuela Normal Superior donde fue el maestro de la generación de los normalistas y el ideólogo de la Escuela, creada para formar a los “maestros de maestros”. Se la llamó el Vaticano de la cultura nacional y a Socarrás, ‘rector magnífico’. Luego se fue a estudiar a París un posgrado en sicología, en el Instituto de la Sociedad Sicoanalítica de París, con una beca que le ayudó a conseguir el científico etnólogo Paul Rivet. Yo estuve allá y lo vi estudiar en una forma muy seria, con una gran dedicación y hacer muy pronto unos progresos increíbles. Es cierto, era tipo muy importante y un gran profesional.¿Qué hacía usted en París en ese tiempo?Estaba en Luna de Miel. De pura casualidad, porque Gustavo Santos, un hermano de Eduardo Santos, le ofreció a Gustavo un viaje a la Feria de Milán –estábamos recién casados- para representar a El Tiempo, y a mí me mandaron en representación de la revista Semana. En la delegación iba un grupo de personas muy importantes, en un avión medio destartalado. Yo me llevé cantidades de revistas para hacerle propaganda a Semana en la Feria de Milán. Allá la repartía, pero todavía no sabía nada de periodismo.¿Primero fueron a Milán y luego a París?Sí, estuvimos en un hotel divino, el Villa D’Este, lo más lujoso que he visto en mi vida, en el Lago di Como, no he visto después nada igual.¿París, la deslumbró?No teníamos casi dinero y en esa época no le podían hacer a uno un giro. Además, el papá de Gustavo, don Patricio Wills era pobre y yo como que nunca pedí porque pensé que no había posibilidades. Pero le parecimos tan buenas personas y tan agradables al director de Trans-Caribbean Airways, que nos prestó dólares, para que pudiéramos ir a París. Imagínese, los sacó de su bolsillo. Lo primero que hicimos cuando llegamos a Bogotá fue mandarle un giro de vuelta. Y, sí -como dice usted- París me deslumbró, porque, además, estaba con el amor de mi vida. ¿Cómo se siente al recibir el Premio de Periodismo CPB, que usted misma creó?Fue algo inesperado, pero estoy feliz. Pero como siempre he sido parca, me ha impresionado algo salir en los periódicos.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad