Así era Cali en 1810

Julio 20, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
Así era Cali en 1810

Alrededor de la Catedral de San Pedro giró la vida en Cali en el siglo XIX. Los domingos era día de mercado.

Así era la actual capital del Valle hace 200 años.

Historia En imágenes Protagonistas Viaje al pasado Test Para niños El aporte de CaliCali, pequeña y ‘sediciosa’ La ciudad estaba convulsionada. No se hacía más que hablar de independencia y libertad. 17 días antes del Grito de Independencia de Colombia, que se celebra hoy, los caleños criollos habían logrado separarse de la Gobernación de Popayán, de la que estaban subordinados. Fue la primera gesta por la libertad en el país. Cali no era más que un poblado de unas 6.385 personas, según algunos registros históricos, que vivían en cuatro barrios: Santa Rosa, San Nicolás, La Merced y Santa Librada. Era un villorrio de hacendados, políticos, arrendatarios, transportadores, labradores, jornaleros, artesanos, criados y esclavos.Los hombres pudientes residían en casas de teja de barro, constituidas en uno o dos pisos con patio interior en La Merced o Santa Rosa, mientras que los de origen popular habitaban en ranchos de paja en El Vallano o San Nicolás. Según lo describió el procurador de esa época, Luis Vergara, 1.153 familias residían en 1.151 casas, de las cuales 153 tenían pared de adobe y 516 eran de bahareque con techo de paja.De acuerdo con el historiador Rodrigo Mejía, la ciudad era considerada sediciosa, tras su ruptura con Popayán y Pasto.El director del Archivo Histórico de Cali, Carlos Mario Recio, recalcó que la gente se apropió de palabras como libertad e independencia. Vida cotidianaEn las calles era normal encontrarse con soldados que llegaron a utilizar las haciendas como escenarios de combates o de alojamiento de tropas. Esclavos y campesinos se unían a la guerra dado que en el sur del país no se había dado la libertad.Las mujeres estaban dedicadas a la crianza de sus hijos, a la costura, a confeccionar cigarros o a recoger aguas de las pilas. Aquellas que pertenecían a la clase alta podían leer novelas y textos de la Ilustración. Los relatos históricos también dan cuenta de las soldaderas, las juanas o las rabonas que acompañaban a los militares. “Preparaban la comida, ayudaban con el material de intendencia y cargaban los fusiles”, explicó Mejía.Era una época de mujeres divertidas y talle esbelto que les gustaba el baile (bolero, fandango), como lo relató luego el coronel inglés J.P. Hamilton.Este oficial contó alguna vez de un baile de hasta 16 horas sin interrupción, en el que los asistentes se refrescaban con ron y cuando terminó el festejo fueron a bañarse al río. Los juegos de dados, los naipes y otros juegos de mesa, las peleas de gallos, la caza de venados y los paseos a los ríos eran las diversiones. Mientras que las misas eran oficiadas en latín, por lo que sólo la entendían los letrados, pese al fervor religioso del pueblo. Cada escrito llevaba consigo: “Que Dios le guarde”. Los pobladores se alimentaban de carnes y mieles provenientes de haciendas ganaderas y trapicheros, en los que trabajaban esclavos de Antioquia y Chocó.Sin embargo, la gesta independentista golpeó la economía, generando crisis en la minería y las haciendas. A esto se le sumaron una epidemia de langostas que acabó con plantaciones y los problemas sanitarios en la otrora comarca ‘Jardín de Colombia’.

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