“Álvaro Uribe es un camorrista de derecha”: Clara Nieto

“Álvaro Uribe es un camorrista de derecha”: Clara Nieto

Marzo 20, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal
“Álvaro Uribe es un camorrista de derecha”: Clara Nieto

La escritora Clara Nieto dice que el ex presidente es belicista y en extremo sumiso a Washington. Opina que la lucha contra las drogas es un tema secundario en la agenda de Obama.

Cuando Clara Nieto Calderón publicó su libro ‘Los amos de la guerra’, fue de la Revolución Cubana a la caída de Salvador Allende, de las matanzas de campesinos en Guatemala al caso Irán-Contra, de las últimas actuaciones de Kissinger y Reagan a la invasión de Granada, de los dictadores al servicio de la CIA y las operaciones militares ilegales a los golpes de estado, promovidos por oficiales formados en la Escuela de las Américas y otras lindezas. De su obra dijo Noam Chomsky, el famoso lingüista y filósofo norteamericano: “Clara Nieto ha realizado un estudio exhaustivo e iluminador. Una formidable guía desde una perspectiva latinoamericana”. La autora, que próximamente lanzará su segundo libro, editado también por la Universidad de los Andes, bajo el título de ‘El Mundo en que vivimos. Obama y la Nueva Izquierda en América Latina’, es una mujer de armas tomar y de armas dar. Representante de la más rancia aristocracia bogotana, Clara es hija del notable escritor y periodista Luis Eduardo Nieto Caballero y de María Calderón Umaña, tía de Clemencia de Santos, la mamá de Juan Manuel Santos Calderón. El presidente afirma con gracia tener una prima “mamerta”, refiriéndose cariñosamente a las radicales posiciones que, desde la izquierda liberal, ha tenido esta formidable mujer. Ella, a su vez, le devuelve el piropo diciendo que votó por Mockus para que él (Santos) no ganara porque no le gusta “por derechista”. Pero, como ha pasado a diestra y siniestra en el país, Clara se ‘voltió’ y hoy dice estar dichosa porque su pariente ha resultado un demócrata liberal, que a pesar de ser un “jodido” en política, está bateando de jonrón con la Unidad Nacional. Estos, que son “divertimentos” de familia, no escandalizan ya que ambos le apuestan a decir las cosas de frente con mucho sarcasmo y más humor. Clarita, como le dicen sus amigos, estuvo en la misión colombiana ante Naciones Unidas de 1960 a 1967; fue Jefe de la Delegación Colombiana ante la Unesco, en París del 67 al 70; Encargada de Negocios en Yugoslavia de 1970 a 1976; Embajadora de Colombia en Cuba de 1977 a 1980 y Directora de la Oficina Regional para Latinoamérica y el Caribe, de la Unesco en La Habana. Ha escrito en diferentes periódicos colombianos y de Estados Unidos donde ha vivido por décadas. ¿Usted recuerda al presidente Eduardo Santos?Sí, pero no me gustaba para nada.¿Por qué?Porque era muy prepotente y muy echado para atrás. Así como era de divina Lorencita, él era lo más odioso del mundo. Eran muy amigos de mi papá y mi mamá y si le preguntas a mi hermana Lucy, te va a decir la misma vaina: detestable.¿Y cómo recuerda al presidente López Pumarejo?Era sensacional. Elegantísimo. Gran conversador, un verdadero ‘clubman’ y el presidente que más cambios sociales ha logrado en la historia del país. Recuerdo que una vez me dijo que yo era santista y le contesté: “No, yo detesto ese viejo”. Entonces me agarró de la mano y me dijo: ‘camina, conversemos un poco más”. Risa. Porque él pensaba lo mismo. ¿También fue amiga de su hijo el presidente López Michelsen?Él me nombró embajadora en Cuba. Cecilia Caballero es tía mía y su papá fue mi padrino de bautizo.¡Ah! caramba…ala …sí que había entronques por todas partes entre Caballeros, Nietos, Calderones, Umañas y demás ‘dediparados’ de la aristocracia bogotana. ¿De dónde salió tan contestataria?Risa. Pues no lo sé muy bien, el caso es que tuve una educación muy independiente. En mi casa yo era como Julius el personaje de Byce Echenique, que miraba desde afuera, desde un salón en el que estaba con las niñeras, todo lo que pasaba. Mi papá era agnóstico y mi mamá no era tampoco de golpes de pecho, de manera que no éramos muy religiosos. Más bien librepensadores. Fue embajadora en Cuba. ¿Conoció a Fidel personalmente?No en pequeño comité, pero sí en grandes reniones en las cuales nadie hablaba porque él acaparaba la palabra, con una impresionante exhibición de conocimientos. Tenía un gran carisma. Y Raúl, a pesar de que tiene una figura poco atractiva es un verdadero encanto. Tiene gran sentido del humor.¿Y cómo está viendo la situación interna en Cuba?Hace tiempos no voy, pero lo cierto es que la generación que ellos llaman del Granma está vieja y se está muriendo. La gente nueva no tiene tanta veneración por la revolución ni les importa tanto. Ellos quieren una cosa distinta porque avizoran el mundo del consumo y de las oportunidades, de manera que ese pueblo solito se irá dirigiendo hacia un cambio radical. Retrocediendo un poco en su vida, cuénteme por qué se fue a Nueva York, donde ha vivido tantas décadas.Tenía un matrimonio muy difícil que decidí no tolerar más, cogí a todos mis hijos –cinco- y me fui a Nueva York, no por valiente sino por inconsciente. La última, Carolina, tenía seis meses. Al principio era corresponsal de El Tiempo pero el sueldito no me servía para subsistir. Unas caleñas amorosas que tenían un ‘show room’ para vender ropa, me acogieron y estuve un tiempo en ese oficio. En Nueva York me dieron un puestico en el archivo de la misión ante Naciones Unidas. Allí aprendí muchísimo porque vivía leyendo documentos sobre los cuales muchos no tenían idea.¿Y entonces cómo fue esa carrera suya tan tesonera?Durísima pero le doy gracias a Dios porque estuve allí en los años 60 que fue la época más apasionante, tanto del mundo como de Naciones Unidas. Estuve en todas las sesiones y asambleas y conocí a Kennedy, a Stevenson, que era embajador ante Naciones Unidas y yo les caí en gracia. La residencia del embajador era el legendario Waldorf Astoria y a mí me invitaban a reuniones y comidas allá. Algo fantástico. Posteriormente me nombran en la Unesco en París, donde me toca la caída de De Gaulle. Luego me fui a Yugoslavia como encargada de negocios. En los países comunistas la vida diplomática es muy activa y uno ve permanentemente a la gente importante. En esa época invitaron a Carlos Lleras, ya ex presidente, y fuimos a ver a Tito. Era un hombre fascinante, importantísimo –entre otras cosas muy buen mozo- y una prueba de su importancia es que mientras vivió, mantuvo unida una federación de países con etnias muy dispares, cuya unidad se desvaneció con su muerte. También fue amiga de Carlos Lleras...Mucho. Recuerdo que una vez estábamos en el Country Club bailando con Carlos y le dije: tú no bailas sino en un solo sentido. Risa. No tenía idea de bailar, pero era un encanto de ser, inteligente, culto, con sentido del humor.¿Cuáles son los dos acontecimientos coincidentes que implican cambios fundamentales en el panorama político del Continente?Dos cosas inusuales: que en un número importante de países latinoamericanos hayan sido elegidos gobiernos de Izquierda, algo más que insólito, y que a la presidencia de los Estados Unidos haya llegado un presidente negro. ¿A qué atribuye los vientos de izquierda en América Latina?En parte a que ya la gente está agobiada con la pobreza y la inequidad, la falta de empleo y de oportunidades y descree de una clase política fallida, que ha incumplido sucesivamente sus promesas. A la corrupción y al ingreso a la política de ciertos sectores secularmente marginados, como los indígenas y los movimientos populares, que apoyan a candidatos que hablan de justicia social.El primer capítulo arranca con el colapso del sistema financiero gringo. ¿Cómo llega la primera potencia mundial a esa situación?La debacle venía gestándose de tiempo atrás y economistas muy avezados ya habían dado voces de alarma. Todo se inició en la era Bush, en la que campeó la corrupción y se legisló para la gente rica. Les bajaron los impuestos a los millonarios, lo cual fue un abuso con los otros sectores de la población. Los excesos de Wall Street, la ausencia de regulación y la total falta de vigilancia del tema de las hipotecas, fueron monstruosos. ¿Cómo percibe el cambio de posición de Estados Unidos en el mundo?La posición de Estados Unidos ya no es la misma. A pesar de los discursos y del cambio de tono de Obama en el diálogo internacional, ya él no impone directivas. Ahora le toca escuchar, intercambiar opiniones, razonar. Actitudes que, por lo demás, son muy de su naturaleza y que han logrado darle un vuelco al desprestigio mundial en que quedó el país tras la administración Bush-Cheney. Que los Estados Unidos, que han sido los grandes defensores de los Derechos Humanos, hayan establecido en Guantánamo retenciones masivas de hombres sin derecho a la defensa, o las torturas de Abu Grahib, era algo inimaginable. ¿Cuál es su mirada sobre las relaciones de Obama con América Latina?Las expectativas de América Latina hacia Obama -inicialmente de esperanza y optimismo- han ido derivando en frustración y desencanto, porque la posibilidad de volver a barajar y de iniciar un diálogo de igual a igual, como el que se esperaba, no se ha dado. Acá se esperaba una política progresista y de entendimiento, pero la que se ha visto hasta el momento es una continuación de la de Bush. La diferencia es de lenguaje y de retórica, notable eso sí, porque frente a la beligerancia agresiva de su antecesor, Obama habla de reconciliación y de negociación. Ahora, frente a inmensos retos internos y externos como son los efectos de la crisis económica y financiera global, las guerras estancadas en Afganistán e Iraq, la necesidad de desactivar las tensiones con China, Rusia y Medio Oriente –hoy en llamas- y el candente conflicto Israel-Palestina, el tema de América Latina no es prioritario. Hoy hay gran escándalo por el tema del TLC con Colombia y los republicanos arremeten contra Obama en el Congreso, pero, antes de las elecciones, él está maniatado por los sindicatos. Sin embargo, ha hecho gestos como tener a un latino como Sub-Secretario para Asuntos del Hemisferio Occidental: Arturo Valenzuela, de origen chileno y profesor de la Universidad de Georgetown, o como la designación de Sonia Sotomayor, de origen puertorriqueño, para ocupar una vacante en la Corte Suprema de Justicia, dominada por magistrados de derecha y de ultra derecha. Ha suavizado, en forma más bien cosmética, la actitud hacia Cuba, al levantar las restricciones impuestas por Bush, para permitir a los cubano-estadounideses viajar a la isla sin restricciones, enviar dinero a sus familiares y permitir la venta de productos agrarios y alimenticios, pero eso sí, manteniendo intacto el embargo económico.¿Qué pasará con la reforma de la salud cuya aprobación, contra viento y marea, fue calificada de ‘hazaña’ y luego declarada inconstitucional?La Corte Suprema de Justicia es una incógnita, porque tiene mayoría republicana. Desde que estaba Obama en el Congreso como senador, trató de purificar el sistema electoral para que las corporaciones no pudieran aportar sumas enormes para financiar a los candidatos. Él mismo no aceptó ninguna financiación de ese tipo. Ahora, la Corte Suprema autoriza a las corporaciones y los sindicatos para dar todo el dinero que quieran en las campañas políticas, en un retroceso lamentable. Esa misma Corte le dio la reelección a Bush, al fallar sobre las elecciones en Florida, donde el gobernador era su hermano.¿Cree que Obama podría reelegirse?Creo que sí, pero le toca hacerle frente a la campaña brutal de los Tea Party y de medios republicanos opositores, como el Canal Fox, donde no tienen reato en falsear la verdad e inventar cosas muy negativas, hacer chistes perversos, etc. El tema de la economía y del empleo son cruciales, porque los americanos no perdonan que les metan la mano al bolsillo.¿Qué es lo que usted llama en su libro la ‘Nueva Izquierda’?Las reivindicaciones sociales a través de la lucha armada son historia pasada. Hoy se habla es del “Socialismo del Siglo XXI”, que nada tiene que ver, por ejemplo, con Cuba. Hoy involucra mucho más la cuestión religiosa de la Biblia. El discurso de Correa, por ejemplo, es casi Teología de la Liberación y el mismo Chávez recomienda leer los evangelios. El ‘descubrimiento’ es que en la doctrina cristiana hay socialismo. La Nueva Izquierda plantea hoy una reivindicación del pueblo, distinta de la que se planteó en la revolución fidelista, y respeta la propiedad privada y el libre mercado. Muy importante después de la caída de la Unión Soviética, y la obsolencia (salvo en Colombia) de la guerra de guerrillas.¿Entonces, qué papel tiene Cuba en esa Nueva Izquierda?Es evidente que en la transformación de América Latina, con gobiernos de Izquierda opuestos al dominio de los Estados Unidos, al Consenso de Washington, a la política neo-liberal, a la globalización y a las privatizaciones, está presente el ejemplo de la Revolución Cubana. Algunos analistas opinan que el resurgimiento de la Izquierda en la década del 2000 y los cambios adelantados por nuevos gobiernos progresistas, difícilmente hubieran ocurrido sin el medio siglo de experiencia cubana. Recuerde que la Revolución cambió la política geohemisférica y por consiguiente prendió las alarmas en Washington por la explosión de grupos armados procastristas en el Continente. Naturalmente, hay que señalar que, a diferencia de los movimientos armados de los 60, los gobiernos de esta Nueva Izquierda tienen el apoyo popular que los lleva al poder en Chile, Argentina y Venezuela y en insurrecciones populares e indígenas en Bolivia, Perú y Ecuador. Chávez, Correa y Evo ejercen un caudillismo representado en el Socialismo del Siglo XXI, que es una opción distinta.Algo parece estar cambiando en la concepción de la lucha contra las drogas, que ha fracasado. Tanto Obama como Santos han dicho que se puede discutir el tema y los ex presidentes Ernesto Zedillo de México, César Gaviria de Colombia y Fernando Enrique Cardozo, de Brasil, abogan por la despenalización.En el libro digo que el problema, más complejo y de más oscuras proyeciones de la agenda de Obama con América Latina, es la guerra contra las drogas y el narcotráfico, pues lleva de la mano al militarismo. Recuerde el tema de las bases militares, no solamente las del acuerdo con Colombia, que tumbó la Corte Constitucional, sino todo lo sucedido desde el desmantelamiento, en Panamá, de la base militar estadounidense, en cumplimiento de los tratados Torrijos- Carter sobre el Canal, en el año 99. En la lucha contra las drogas la administración Obama tiene un enfoque más humano ya que más que penalizar ha dicho que combatirá el consumo y dará asistencia médica a los adictos, pero la verdad es que la agenda, especialmente con los países andinos, mantiene el enfoque militarista de Reagan. Sin embargo, la lucha contra las drogas, un tema prioritario en América Latina, es secundario en la agenda de Washington.¿Cómo vio los ocho años de Uribe?En cuestiones de seguridad nadie puede negarle algunos avances pero, si uno analiza la nube de escándalos que se destapan permanentemente, se queda asombrado. Se entiende que después del gran fracaso del Caguán y de la posición de los colombianos frente a las Farc, la gente quisiera un cambio. Pero no creo que nadie estuviera apostando por un gobierno de extrema derecha, en el que “todo vale”, ejercido con una actitud provocadora, arrogante y agresiva, en el que, inclusive en temas sensibles como el del escándalo de sus hijos, el presidente pasara de agache, como si todo lo que no está prohibido por la ley, fuera ético. Uribe fue la contraparte ideológica de los gobiernos de la Nueva Izquierda Latinoamericana progresista, que buscan liberarse del dominio de los EE.UU., excluyéndolos de los organismos de integración regional que van logrando estructurar. Uribe rompe la unidad regional y enrarece el ambiente porque entorpece los planes de colaboración y convivencia entre países que han decidido conformar un bloque con intereses e ideales afines para actuar unidos frente al mundo. Es un camorrista de derecha, belicista y en extremo sumiso a Washington. Fue el único aliado de Bush en la region y muchos lo calificaban como un verdadero Caballo de Troya.

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