“Al gobierno no le interesa la paz sino la victoria”

Noviembre 13, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal
“Al gobierno no le interesa la paz sino la victoria”

Lisandro Duque, cineasta.

Lisandro Duque, antropólogo, antiguo revolucionario, cineasta, ex conocido de ‘Alfonso Cano’ de la universidad analiza la actualidad política del país, habla del futuro del Polo y dice que aquí no hay democracia.

Cuando los amigos, vergonzantes, por razones obvias, de Guillermo Sáenz – alias Alfonso Cano- se muestran reticentes a hablar de él, ahora que fue dado de baja por el Ejército, Lisandro Duque (Sevilla, Valle. 1943.), fiel a sus principios y a su coherencia, habla y lo recuerda abiertamente como un hombre cálido, inteligente, gran bailarín y polemista, dialéctico, dueño de un respetable poder de seducción con las féminas de la época –más bien mojigatas ellas- entusiasmado (como todos en su momento) con la revolución cubana y convencido de que la forma superior de la guerra era la lucha armada.Lo conoció en 1968, cuando entró a estudiar Antropología en la Universidad Nacional, en ese momento un hirviente mazacote político, agitado por el movimiento estudiantil de Mayo que sacudió a París y permeó rápidamente el mundo. En ese entonces, en la Nacional se cocinaban a todo vapor ideologías y se decidían alinderamientos que, a la postre, cobraron la vida de muchos de quienes decidieron adoptar ‘todas las formas de lucha’ en persecución de un ideal revolucionario. Con Cano compartió la dirección de la Juco (Juventud Comunista) y dice Duque que, aunque conocían los temas sociales al derecho y al revés, no estaban obsesionados sólo por la política. Bailaban salsa, mamaban gallo, cantaban tangos lunfardos, oían canciones de la Nueva Trova Cubana y de Silvio Rodríguez y se enamoraban, como cualquier hijo de vecino con las hormonas alborotadas. Se corrían unos tragos y Lisandro, para ser consecuente con su “línea Moscú”, siempre tomaba vodka.La primera vez que metieron a Cano a la cárcel, hace 40 años, los amigos lo visitaban y se armaban “unas tertulias muy entretenidas. Todos hubiéramos querido que nos metieran presos”, ha confesado por estos días. Con la misma, ni más ni menos, oronda placidez de quien añora un paseo de olla en Pance.Aunque fue expulsado de la universidad en 1973, por revoltoso, hoy cuesta trabajo imaginarse a Duque gritando arengas y provocando los ruidosos tumultos y enfrentamientos que en aquel entonces propiciaban el cierre de la Ciudad Blanca un día sí y otro también.Su desengaño del paraíso comunista y su amor por las artes lo llevaron por el camino del cine, del teatro, de la onda cultural que, por la misma época, hacía de las Musas un destino menos azaroso y más promisorio.Empezó entonces su larga , fructífera y premiada, pero dificultosa, labor en el Séptimo Arte: Favor Correrse Atrás; No se admiten Patos; 38 Largo y 38 Corto; Lluvia Colombiana; Hoy no Fío, Mañana sí; El Escarabajo, Visa USA; Los Actores del Conflicto; Milagro en Roma, Los Niños Invisibles, entre otras.En reconocimiento a su trayectoria hoy es el Presidente de la Academia Colombiana de Cinematografistas y acaba de ser nombrado Director de la nueva Facultad de Estudios Cinematográficos de la Universidad Central de Colombia.Hace unos años dirigió la famosa Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y recientemente fue profesor de la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional.Con Santiago García, Carlos José Reyes, Patricia Ariza y otros, fundó las Peñas Culturales de La Candelaria y arrancó a escribir su irreverente y sabrosa ( y filosa) columna de opinión en El Espectador, una mezcla refrescante de sano escepticismo y sátira urticante.Dueño de un humor zumbón que le fluye naturalmente y que contagia hasta sus dramas cinematográficos (Los Actores del Conflicto, por ejemplo), Lisandro muele callos, levanta cobijas y sacude tapetes para sacar de allí montañas de lo que el travieso e insaciable gato de la política colombiana esconde todos los días.Allí leemos que descree del militarismo y que detesta a Álvaro Uribe cuyo gobierno le pareció nefasto. Que sin ser, ya comunista, nunca ha abandonado su lucha ideológica por las reivindicaciones sociales en un país tan inequitativo como Colombia. Que odia, en su orden, la prosopopeya, los eufemismos, el ditirambo y la hipérbole, condimentos colombianísimos que sazonan la relamida y anacrónica – políticamente correcta- retórica colombiana.Y sabemos, también, que es un tipo imaginativo, inteligente y cálido, que exhibe siempre una cierta sonrisilla sardónica, muy parecida a la del gato que se tragó el canario, como quien dice “yo sé lo que sé”. Coda: al que no crea que los gatos sonríen, lo remito a Charles Lutwidge Dodgson, más conocido como Lewis Carroll. Usted fue co-director regional de la Juco con Guillermo Sáenz cuando entró a la Nacional. ¿Cómo lo definiría en ese tiempo?Como un precoz conocedor de las complejidades teóricas de Levi Strauss, Lewis H. Morgan, Margareth Mead, etc. A eso se sumaba su formación en Marx y Engels. Un estudioso completo en lo científico y lo político. Y estoy hablando de un joven de 24 años.Ha dicho que sabía que ‘Cano’ era un convencido de que la forma superior de la guerra es la lucha armada, ¿por qué entonces se sorprendió cuando supo que se había hecho guerrillero?Me sorprendí porque él se me antojaba muy urbano. Pero no sólo Sáenz pensaba así, sino toda la izquierda de la Universidad. Ese fue el espíritu de la época, más o menos hasta mediados de los 80. Álvaro Fayad y Carlos Pizarro eran también militantes de la Juco de la Universidad sin que nosotros supiéramos que simultáneamente estaban fundando el M-19, en 1970. Luis Otero Cifuentes, quien comandó la toma del Palacio de Justicia, y Alberto Pinzón, que fue de la famosa Comisión de los Notables, fueron también mis condíscipulos y amigos. Por Antropología pasó también Camelo, el del ADO, y María Eugenia Vásquez, del Eme. Yo nunca di ese paso porque siempre fui un perezoso para caminar por el campo. Por fumador le tengo pánico a las lomas, o sea que le debo mi vida al cigarrillo. Y la selva me asustaba, por las culebras.¿En qué forma la muerte de Cano, cambia una supuesta intención de la guerrilla de llegar a un diálogo con el gobierno de Santos?Yo no diría que de la guerrilla, sino del gobierno. Después de este golpe creo que cualquier diálogo va a ser demorado. Ojalá me equivoque, pero veo al gobierno muy triunfalista y decidido. Eso de montarle a un hombre una perseguidora con 900 soldados y cuarenta aviones, no parece ser obra de quien aspire a una solución pacífica. Las Farc llenan rápidamente los vacíos que van creando en su Secretariado las acciones del Ejército ( ‘a rey muerto, rey puesto’). ¿Eso no les asegura una continuidad en las metas?Sí, pero el ritmo de pérdidas de sus líderes históricos, abocará a esa organización a cooptar a una generación nueva que para mí es una incógnita.¿Usted sí cree que ‘Cano’ habría podido llegar a un diálogo con el gobierno?Por lo menos lo intentó en medio del acoso a que lo sometieron. Yo creo que él ya no estaba en situación de mostrarse prepotente, como durante el Caguán, cuando pensaron que la toma del poder estaba cerca. Pero por supuesto tampoco estaba en plan de una rendición humillante, que el gobierno no necesitaba imponerle si en verdad deseaba la paz. Yo lo que veo es que a nuestros gobiernos no les interesa la paz, sino la victoria. Y eso es un error que alargará más este conflicto, aunque el Ejército termine eliminando a todos los jefes de las Farc de ahora en adelante.¿A qué se refieren Colombianos por la Paz, cuando dicen que la muerte de ‘Cano’ desencaja el proceso? ¿Cuál?Pues el de la devolución de los últimos secuestrados y el inicio de unos diálogos.¿No es ingenuo pretender que si el gobierno llevaba tres años pisándole los talones a ‘Cano’, iba a renunciar a bombardearlo cuando ya lo tenía en la mira?Sí es una ingenuidad. Pero al menos yo prefiero ser un ingenuo a volverme un escéptico.¿Cuando era comunista creía usted en la “combinación de todas las formas de lucha”?Sí. Otra ingenuidad que terminó pagándose con el exterminio de la UP.¿Cómo fue el proceso de decepción que lo obligó a salirse del Partido?Fue que conocí, no como comunista sino como cineasta, los países socialistas, y no me convenció el “hombre nuevo”. Creo que el ser humano necesita algo más que superar el reino de la necesidad.Anteriormente los jóvenes, especialmente de la Nacional, les daba lo que los viejos llamaban irónicamente “la fiebre, el sarampión revolucionario” (hasta un personaje como Hernando Santos lo tuvo). ¿Por qué cree que a muchos, como ’Cano’, nunca se les bajó la calentura?La remito, Margarita, a lo que le preguntó Alfredo Molano a ‘Alfonso Cano’, y a lo que éste le contestó: “Alfonso, ¿usted si cree hoy en la socialización de los medios de producción y en la dictadura del proletariado? Le contestó: “Yo no sé, lo único que sostengo es que pelearemos hasta la muerte por una sociedad más justa”. Evidentemente esa respuesta ya no es la de un comunista clásico. Aspirar a la justicia, entonces, no es algo que deba confundirse con lo que se hundió cuando el muro de Berlín fue derribado.Ha contado que al releer sus viejas agendas encuentra un montón de amigos muy queridos, que murieron en forma violenta, y ha reflexionado en el sentido de que en Colombia es riesgoso el ejercicio político. ¿Para todos, o sólo para los izquierdistas?Aquí cualquiera que alce la voz está en riesgo. Pero como los izquierdistas son los que más la alzan, pues son las víctimas principales.¿Hoy, desde el punto de vista político, qué es usted que presume de tener una mente tan liberal?Me he vuelto ecléctico. Y al pragmatismo no creo llegue nunca.¿Cree que al convencimiento de la democracia, muchos llegan cuando han fallado todas las demás opciones?Hay democracias de democracias. Y esta de acá tiene vocación de monarquía bananera.¿También cree que la democracia es el “menos malo” de todos los sistemas políticos?Hasta el momento sí, pero en cualquier parte distinta a Colombia. Por ahí vi un grafiti que me gustó: “Capitalismo: tus siglos están contados”. Por supuesto no se refería al capitalismo salvaje, que espero dure menos.¿Cree que si Petro no se le hubiera atravesado a Gaviria en las pasadas elecciones presidenciales, éste habría sido el candidato y hubiera podido ganar la presidencia?No sé, Margarita. Soy muy malo para profetizar en pasado.Usted dice que el Polo no se merece la cuenta de cobro que le pasaron los electores en Bogotá. ¿No cree que la tardanza en tomar medidas contra los hermanos Moreno dentro del partido, fue lo que perdió al Polo?Sí, de eso no tengo la menor duda. Y también el hecho de que no se hubieran dado cuenta de que los de la U, Cambio Radical, el PIN, los conservadores, los verdes y los liberales, pelecharon de lo lindo durante el período de Samuel. 17 elefantes y no los vieron.Usted de ingenuo no tiene nada, pero lo parece cuando escribe en una columna “El Polo, desde su honradez, ni siquiera imaginaba esa rapiña por la que hoy le están pasando cuenta de cobro”. Según eso, no hubo suficiente escándalo anticipado y no son, algunos hombres del polo, unos verdaderos halcones de la denuncia y los debates, como Jorge Enrique Robledo- como para no advertir lo que estaba pasando?Sí, yo no entiendo eso.¿No pasó, mejor, que se murieron del culillo y si no es por Clara López que sacó la cara por ellos, estarían pagando escondedero?Se paga escondedero cuando se delinque. Y ellos no lo hicieron. Pero es inexcusable su falta de reflejos, porque la opinión juzga eso como complicidad.Ya usted candidatizó a Clara como futura presidenciable. ¿Los colombianos le habrán perdido pereza, para entonces, a una mujer en la política?¡Quién soy yo para candidatizar a nadie! Simplemente dije que ella había hecho una gestión magnífica en un tiempo muy breve. Y eso es un mérito escaso en este país, que en justicia la opinión le ha reconocido.Con un gobierno de Unidad Nacional y un Polo descaecido, ¿quién podrá adelantar una oposición real a Santos?Bueno, mire los estudiantes, los colectivos de ambientalistas, los obreros del petróleo…Ahora, que si el Polo se deshace de personajes como Jaime Dussán, puede restaurar su reputación a mediano plazo.¿Una tercera votación masiva por un candidato de izquierdas, puede interpretarse como que la capital del país es de esa tendencia política?Bogotá es libertaria y poco manipulable.Si los colombianos, como dicen las encuestas, “adoran” a Alvaro Uribe, ¿qué explica su derrota en estas elecciones a través de los candidatos que apoyó?A tres razones: que el hechizo no es endosable a terceros, que la gente lo está viendo muy desesperado y que un carisma sin puestos se desvanece.¿De dónde provienen la tirria profunda y la urticaria alborotada que le produce Álvaro Uribe?Fue un presidente que devolvió al país a los tiempos de La Inquisición y excitó los instintos más oscurantistas y perversos de nuestra sociedad. Nos volvió más belicosos de lo que ya éramos, y más corruptos. El daño espiritual que nos causó llevará un tiempo en superarse. ¿Usted es vallecaucano, cómo ve la política en nuestro departamento?Uno en Bogotá pierde un poco los matices de la política en los departamentos. Pero estuve pendiente de la candidatura de María Isabel Urrutia, por quien hubiera votado. Como veo Telepacífico, leo la prensa caleña y trato de estar informado por las redes, me pareció interesante Rodrigo Guerrero, cuya victoria valoro como positiva.¿Y la elección del gobernador del Valle?A nivel nacional estuve más atento a las alcaldías. No conozco bien la trayectoria de Useche. En una dura columna sobre la salida de Rodrigo Rivera del Ministerio de Defensa usted llamó clasistas a los altos heliotropos del Ejército. ¿No es una contradicción, teniendo en cuenta que casi el 100% del Ejército Nacional lo conforman hombres y mujeres del pueblo porque la gente pudiente no manda, ni de fundas, a sus hijos a prestar servicio militar?Es cierto, pero en esa cúpula de oficiales que no son del pueblo raso sino de capas medias-, se van generando castas muy excluyentes. Y sobre todo de una obsecuencia incondicional con las familias de dedo parado de este país.¿Cómo se explica usted, si es que puede, la inercia, la falta de reacción y de capacidad de protesta de los colombianos que, con perdón suyo y de los lectores, nos dejamos “capar parados”, por nuestros dirigentes, por la guerrilla, por losnarcos, por los paras, y por todo el que lo intente, cuantas veces sea necesario?Una hipótesis es que la iniciativa de la sociedad civil se menoscabó por la existencia de grupos armados que dicen representarla. Y que además la clase dirigente trata de mimetizar la protesta social con la subversión, lo que paraliza mucho a los ciudadanos. Además hemos sufrido una larga hegemonía católica –y últimamente de otras religiones-, que nos forman para la resignación.Para terminar y volviendo al principio, ¿por qué no se fue usted, como tantos de sus amigos de la época, para la guerrilla?Ya le dije Margarita, que nunca fui una persona con el estado físico que requerían esas tareas. Además, le juro que las armas me dan pánico, y jamás he empuñado una.

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