Afanador en el espejo

Febrero 05, 2017 - 07:23 p.m. Por:
Catalina Villa | Editora de Gaceta
Afanador en el espejo

Pedro Almodóvar captado por el lente del fotógrafo colombiano.

80 retratos en blanco y negro tomados por el artista Ruvén Afanador a lo largo de más de 20 años de carrera componen la exposición ‘Yo seré tu espejo’, que se inaugurará el 25 de agosto en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Charla con uno de los lentes más sofisticados del mundo de la moda.

El Distrito Histórico de Chelsea, en Manhattan, una zona industrial del siglo 19 que durante décadas albergó fábricas, almacenes y apartamentos para la clase obrera --en su mayoría compuesta por inmigrantes-- es hoy uno de los sectores más vibrantes de Nueva York. Sus casas centenarias y viejos edificios, muchos de ellos de ladrillo a la vista y ya remodelados, hospedan desde prestigiosas casas de moda como las de Stella McCartney y Alexander McQueen, hasta pequeños cafés, galerías de arte contemporáneo y restaurantes étnicos, creando ese ambiente cautivador que algunos describen como bohemio chic. Justo en el centro de ese distrito, a la altura de la calle 25 entre avenidas novena y décima, se encuentra la oficina del fotógrafo colombiano Ruven Afanador. Su suite, la 7B, es un espacio de unos 80 metros cuadrados cuyas dos paredes principales exhiben una impresionante colección de fotografías en blanco y negro. Bellísimas imágenes de August Sander, Irving Penn, Henri Cartier-Bresson y del mismo Afanador parecen aferrarse a los muros como papel de colgadura. A pesar del gran ventanal que ofrece una vista a la ciudad, resulta imposible desviar la mirada de ellas. Ruven aparece sigilosamente por una puerta inadvertida. Está vestido de blanco impecable. De su altísima figura sobresalen su cabeza rapada y un tatuaje en forma de brazalete impreso en su brazo derecho. Sonríe y saluda. Apretón de manos. Quienes lo conocen suelen advertir su marcada timidez. A mi su sonrisa me resulta en extremo cálida. A pesar de su agitada agenda de trabajo en este verano, este colombiano --uno de los más prestigiosos fotógrafos de moda en el mundo, que trabaja para revistas como The New Yorker, The New York Times Magazine, Vanity Fair, Vogue y Rolling Stone-- dedicó buena parte de los últimos tres meses a un proyecto que lo tiene visiblemente emocionado: la exposición ‘Yo seré tu espejo’ que inaugura el 25 de agosto en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Compuesta por 80 retratos realizados en más de 20 años de carrera, Afanador decidió donar esa colección al Museo. La idea es que las fotos viajen de manera itinerante por todo el país. “Hasta la semana pasada estuve incluyendo nuevas fotos. La última fue la de Martha Stewart que no quise que se quedara por fuera. Y ayer incluso pensé en agregar la de Charlene Wittstock, la esposa del príncipe de Mónaco. Pero es imposible que entren todas”, dice en tono de desconsuelo. Lo que sí quería, advierte, es que en el país se quedara una muestra lo suficientemente representativa como para dejar en claro lo que para él ha significado el oficio de fotógrafo, es decir, su vida. La selección es reveladora. Hillary Clinton, Bjork, Pedro Almodóvar, García Márquez, Cate Blanchet e Ingrid Betancur son sólo algunas de las celebridades que encabezan la lista. A esas se suman también algunas de las mejores fotos de sus tres libros ‘Sombra’, ‘Torero’ y ‘Mil besos’, este último un hermosísimo homenaje a las mujeres del flamenco del que él se aventura a decir es su mejor trabajo. “Disfruté tanto este proyecto que después de eso podría perfectamente haber dejado de tomar fotos sin problema”. Pero eso de no volver a disparar una cámara está lejos de suceder. Suena a disparate. Viaja casi semanalmente entre Londres, París, Nueva York y Los Ángeles saltando de un avión a otro como quien toma el metro para llegar a su oficina. La calidad de su trabajo es tal que los encargos de los editores no cesan. Basta darse una vuelta por las librerías de la ciudad para comprobarlo. La portada del 10 de julio de The New York Times Magazine exhibe una foto suya en portada: Sheila Bair, ex directora del FDIC, una de las primeras funcionarias en hacerle frente a la crisis hipotecaria del 2008 en Estados Unidos, aparece allí, imperturbable. Una dama de hierro. The New Yorker, por su parte, lleva en la edición del 25 de julio una exquisita fotografía de Tyne Daly, la actriz que por estos días encarna a María Callas en la ópera ‘Master class’ que se presenta en Broadway. La firma, por supuesto, es de Ruven Afanador.Sorprende entonces que su nombre sea mucho más conocido en Europa y Estados Unidos que en Colombia. Quizá se deba a que partió de su natal Bucaramanga con tan sólo 14 años, cuando sus padres (él, un reparador de relojes, y ella, una profesora de colegio) decidieron buscar lo que busca todo padre para sus hijos: un mejor futuro. Y se instalaron en Michigan. Pero qué lejos estaban, los señores Afanador, de imaginar que su hijo, el adolescente retraído que llegó al ‘high-school’ sin hablar el idioma; el que decidió cambiar la b, de Rubén, por una v, porque detestaba como sonaba su nombre en inglés; el que de niño, en el barrio Guarín de Bucaramanga, diseñaba vestuarios para obras de teatro a partir de retazos de telas que su mamá guardaba en cada rincón de la casa; el joven que luego intentaría estudiar economía y después escultura, se convertiría, a la vuelta de unos años, en uno de los lentes más sofisticados e iluminados del mundo de la moda.En la oficina, un potente aire acondicionado ahuyenta el sofocante calor que se ve hervir detrás de la ventana. Enfrente mío, Afanador toma sorbos cortos de café. Escucha atento cada pregunta. Responde despacio, largo. Sonríe.Quisiera empezar por preguntar por el nombre de la exposición. ‘Yo seré tu espejo’ es un nombre muy poético. ¿De dónde surge la idea de llamarla así?Yo nunca empiezo un trabajo con el nombre escogido, pero siempre tengo la seguridad de que a medida que lo estoy haciendo va a aparecer. Y esta vez sucedió igual. Cuando estaba revisando las fotos y llegué a las de ‘Mil besos’, el libro que hice sobre las mujeres del flamenco en España, me acordé mucho de una gitana que posó para mi y que luego de terminar las tomas me dijo que yo había sido su mejor espejo. Entonces pensé que en realidad eso es lo que uno es como fotógrafo: un espejo. Cuando estoy trabajando, bien sea que nos encontremos en un estudio o en una locación, siempre hay un lugar donde está el espejo en el que la persona se prepara. Y es a través de ese espejo que yo hablo con ella. Aprendo mucho en ese momento: la forma en que se mira. Porque todos tenemos una forma en que nos miramos en el espejo. Eso me ha causado mucha curiosidad desde pequeño. Recuerdo que veía a mi mamá prepararse y yo me daba cuenta que ella se miraba de una manera que sólo lo hacía con el espejo. Es un diálogo que la persona crea y que dura toda la vida. Así que cuando recordé esa frase, supe que ese sería el nombre.Hablando ya de la exposición en sí misma, imagino que el proceso de seleccionar sólo 80 fotos, de las miles que debe haber tomado en su carrera, fue difícil. ¿Cuál fue el criterio para escogerlas?Primero empecé desde el punto de vista de celebridades. Pero a medida que las estudiaba encontré retratos que hice de personas que no son tan famosas. Algunas de modelos, fotos de moda que tienen mucho que ver con el retrato. Allí me di cuenta de que si sólo ponía personajes famosos, en realidad no iba a estar reflejada totalmente mi visión del retrato. Así que la selección fue evolucionando. Al final, aparecieron fotos que incluso había olvidado que había tomado.¿Cómo cuáles?Como una serie de retratos de personas con animales. Era una historia basada en la idea de que las personas se parecen a sus mascotas, pero no precisamente al perro y al gato, sino mascotas raras. Entre ellas hay una imagen de un hombre con sus tarántulas. Al volverla a ver, recordé cuánto me gusta esa foto. La hice incluso antes de mudarme a Nueva York, pero siento que si la hubiera tomado hoy me sentiría igual de contento.Fue como abrir una caja de Pandora...Definitivamente. Allí también encontré las de Antonio Banderas que le había hecho cuando recién se había mudado a Estados Unidos y todavía tenía ese aire de Pedro Almodóvar, como de un animal. En esa ocasión él se dejó llevar por la corriente y al final me dijo que jamás le habían hecho unas fotos tan arriesgadas. ¿Muchas quedaron por fuera?Muchísimas. Incluso hasta la semana pasada añadí una, la de Martha Stewart. Hasta que dije ya no más. Pero en mi cabeza me siguen saltando personajes. Ayer por ejemplo estaba pensando en Charlene Wittstock, a quien el año pasado le hice fotos en el Palacio de Mónaco, y que fueron sus últimas fotos de moda. Creo que en el fondo esa dificultad radica en que como voy a donar la colección al Museo de Arte Moderno, yo quería que quedara un registro fiel de lo que ha significado este trabajo para mi. Por eso, además de personajes famosos, quería incluir fotos de mis libros, que tienen mucha parte de mi historia, y que han sido muy importantes para mi. Revisar tantas fotos supone un viaje en el tiempo. ¿Percibió acaso un Ruven Afanador de antes y uno de ahora?No sé. Quizá lo que más me impresionó fue darme cuenta de la cantidad de cosas que he hecho y que en realidad no había caído en la cuenta. Uno siempre vive en un ritmo frenético que no permite recordar todos los pasos que uno ha dado hasta cuando uno llega donde está. Al ver algunas imágenes, sentí que era tan inocente cuando las hice, y sentí nostalgia por esos momentos, por todo lo que tuve que hacer para lograr determinadas imágenes. Me pasó con una foto de moda que hice en Chile. Íbamos viajando de una locación a otra, lejos de Santiago, y desde la carretera que bordeaba el mar vi un barco anclado, y a mi me pareció que eso era un regalo, era un momento que no iba a encontrar nunca más. Detrás nuestro venía el camión con toda la utilería y armamos la escenografía de una manera hermosa. Esa foto fue hecha en 1999. Hoy, creo que eso sería imposible, sobre todo después del 11 de septiembre que cambió por completo la dinámica de las revistas. ¿Qué tanto la afectó?Antes uno viajaba fácilmente a cualquier lugar del mundo. Después de los atentados todas las revistas se inhibieron de hacerlo. Ahora todo se hace en Los Ángeles, París y Londres. Ese aire que la fotografía de moda daba de soñar ya no es tan fácil de lograr. Eso lo pude percibir en la selección. ¿Y no hay posibilidades de que la fotografía de moda vuelva a ser eso que fue?No. Estamos en la antesala del fin de las revistas y de los periódicos. Ya estamos en otro mundo que es digital y que es hermoso también, pero que infortunadamante para una fotografía no tiene el mismo significado. Nunca será lo mismo ver una fotografía impresa que verla en una pantalla. No es lo mismo tenerla en la mano y quererla conservar. Casi siempre que tienes una foto en la pantalla la ves y nunca sabes dónde queda.Suena nostálgico...Sí, siento mucha nostalgia por eso. Pero me alegra muchísimo que nací cuando nací y que aprendí la fotografía en el proceso análogo y que tuve esa experiencia de cómo era la fotografía originalmente en la que había que esperar y nadie sabía cómo iba a ser el resultado. Siento que es una lástima para las personas que están empezando ahora que sólo tienen la experiencia de la fotografía digital y que no tienen la referencia de cómo era antes, de cómo había un gran respeto en el proceso. Volviendo a la selección de sus retratos ¿siente que ellas llevan una marca Afanador?Yo creo que sí, pero es algo no intencional. Es más que todo como las otras personas la definen. Muchos me dicen que cuando ven una foto mía, antes de mirar el nombre ya saben que yo la hice. Pero yo no puedo percibir eso. Sí hay un lenguaje que hace que esa foto sea mía, un lenguaje que entiende la persona que la mira. Pero no es algo que yo busque. ¿Suele suceder que fotos que hace para determinadas revistas no salgan publicadas?Siempre se hacen más fotos de las que van a salir publicadas. La foto de Cate Blanchet, por ejemplo, (portada) fue hecha para The New Yorker, revista que solo publica una foto. Ellos no escogieron esa, pero a mi me parecía fantástica. ¿Es decir que si usted pudiera elegir la foto a ser publicada, no siempre sería la que ellos han escogido?¡Nunca! Nunca escogen la que yo considero es la mejor. Yo doy siempre una edición. Escojo las diez con las que no me sentiría mal. Aunque yo sepa cuál es la mejor, jamás escogen esa. Ni aunque yo lo diga. Debe resultarle frustrante...La selección de los editores pasa por otras razones distintas a las estéticas. Ellos están orientados al enfoque del artículo, al lenguaje de la revista y de su audiencia. A mi, en cambio, me gusta empujar un poco más esos límites. Se que es necesario darles algo lo suficientemente seguro, pero a la vez me gusta dar opciones más arriesgadas. Pero al final las fotos que salen son una versión destilada del original. Al principio me emocionaba mucho esperando la revista. Ahora ni siquiera la veo. Para mi el momento hermoso es cuando la tomo. ¿Hay muchas diferencias al trabajar para una revista u otra?Mucho. Mis dos revistas favoritas y las que más respeto son The New Yorker y The New York Times Magazine porque tienen un respeto increíble por el proceso. The New Yorker, por ejemplo, te da mucha información sobre lo que vas a hacer. La última foto que hice para ellos, la de la actriz que encarna a María Callas, la podía hacer con la condición de que viera la obra. Son personas muy profesionales, con un nivel de planificación muy alto. Para mi es un honor trabajar con ellos. La foto de Hillary Clinton, incluida en la exposición, fue hecha para The New York Times Magazine. ¿Cómo fue fotografiarla a ella?Esto fue cuando ella era Secretaría de Estado. Sólo teníamos 5 minutos, pero llevábamos tres semanas preparando la foto. Siempre que me ponen esos límites, yo lo hago en menos para probarles que sí puedo (risas). Además, cuando todo está pensado, es increíble lo que uno puede hacer en unos pocos minutos. Cuando terminamos, yo la hice reir varias veces; me encanta como ella se ríe y quería oír su carcajada. Al final, me dijo que si yo quería una foto de todo mi grupo con ella, lo que me pareció un gesto muy lindo. Nadie hace eso. Obviamente todos quedamos con cara de ponqué en la foto. A ella la quiere todo el mundo.Usted siempre ha narrado el nerviosismo que le produjo hacerle una foto a García Márquez, hace ya muchos años. ¿Hoy aún siente temor cuando se enfrenta a un personaje?Casi siempre. Quizá no a ese nivel, porque lo de él en realidad sucedió prematuramente. Él había sido la persona que yo siempre había querido fotografiar y nunca imaginé que fuera a suceder tan temprano en mi carrera, cuando trabajaba para Los Angeles Times. Sin embargo, así sea una foto de una persona corriente, de una modelo, siempre siento miedo en el momento previo. Yo creo que es como la persona que entra al escenario y así sea la más increíble, le va a dar miedo. Creo que es un miedo necesario.¿Cómo logra sacar la esencia de la persona?Se necesita persistencia. Yo no me rindo fácilmente. Con unas personas se llega más rápido, pero es un proceso. Si miras la primera imagen del ‘shoot’ y vas siguiendo la secuencia hasta la última, uno ve la transformación de la persona.¿Qué personajes se han dejado llevar fácilmente?Me gustó mucho Banderas, y Courtney Love fue una de las más libres. Cate Blanchet también fue así. Bjork, Diana Ross, Liza Minelli.Una de las fotos más sugerentes es la de Martha Stewart... Esa la tomé hace dos semanas y media. Yo no pensaba nada especial con ella, pero de repente empezamos a hablar y ella estaba a medio maquillar, tenía un solo ojo hecho, y le tomé la foto por el espejo y ya. Cuando la empecé a editar, me pareció una foto tan honesta de ella, que era imposible dejarla. Ella está muy entregada, con la mirada perdida.¿La esencia tiene que ver siempre con la mirada?Yo me fijo mucho en los detalles, cosas de la persona que me pueden llamar la atención: si se mueve de cierta manera, si hace un gesto y simplemente se lo digo. Pero sí, tiene mucho que ver con la mirada.Usted siempre se refiere a Irving Penn como su gran referente. ¿Qué tanto hay de él en su fotografía, en estos retratos? El minimalismo del momento. Cuando yo estaba estudiando y veía sus imágenes, pensaba que lograrlo era tan fácil: una pared gris, la persona en frente y no más. Con el tiempo lo veo completamente diferente. Su fotografía es todo lo que ha tenido que pasar, no solamente con esa toma sino con todas las tomas anteriores, para que llegue ese momento en que estás haciendo esa foto. Has tenido que hacer muchas cosas para llegar allí. Para mi Irving Penn es el mejor que ha existido.¿Qué destacaría de Henri Cartier-Bresson?El momento. En sus imágenes se siente lo increíblemente listo que estaba siempre para descubrir el momento. Una foto suyo de cuerpos voluptuosos me la regalé después de terminar ‘Mil besos’ porque fue una las referencias que inspiró ese libro. ¿Y Avedon?Fue quien reinventó la fotografía de moda. Sus imágenes tienen una fuerza increíble. Allí no hay miedo de ninguna clase.Martín Chambí...El amor por el retrato. Yo fui a Cuzco y conocí a su nieta. A ella le compré todas las imágenes que tengo de él. Martín Chambí amaba a los indígenas de la misma manera en que luego lo hizo Penn. Y normalmente uno dentro de su propia cultura no mira hacia adentro. Y eso en esos tiempos me parece increíble.August Sander...Él precedió a la fotografía de la moda. Me gusta mucho la ambigüedad de su trabajo, muy de vanguardia para su época. Uno percibe mucho de ellos en sus fotografías, sobre todo en las de sus libros ‘Sombra’, ‘Torero’ y ‘Mil besos’. Si tuviera que escoger uno de estos trabajos ¿Con cuál se quedaría?Con ‘Mil besos’, por lo que sentí cuando lo hice. Es algo que muy pocas veces lo he sentido. Al final del día, sabía que si no pudiera hacer más fotos en mi vida, estaría muy bien, porque lo que había vivido en esos momentos era en definitiva lo que ha sido mi carrera.Finalmente, ¿hay algo de lo que Ruven Afanador se arrepienta hoy?Sí. Fotográficamete mi más grande arrepentimiento, y que aún no puedo creer que dejé pasar esa oportunidad, fue no fotografiar a Michael Jackson. Me habían pedido que le hiciera unas fotos, pero el quería que fueran en un Museo de Historia Natural. No me gustó para nada la idea, así que preparé una selección de fotos de como yo quería hacerlas. Se las envíamos, y dijo que no. Que en el Museo. Le hice otra propuesta y tampoco quiso, quería en el Museo. Entonces simplemente dije que no. Hoy, no puedo creer que me negué hacerlas. Habría sido tan fácil llevar un telón y simplemente hacer una foto para mí. pero no lo hice. Creo que nunca voy a dejar de sentirme mal por eso. Aprendí la lección.

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