Aciertos y fallos que dejó el acuerdo con el M-19, a tener en cuenta en proceso con las Farc

Marzo 08, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Aciertos y fallos que dejó el acuerdo con el M-19, a tener en cuenta en proceso con las Farc

8 de marzo de 1990: Carlos Pizarro Leongómez, del M-19, firmó el acuerdo de paz con el Gobierno Nacional, en Santodomingo, departamento del Cauca.

Hoy se cumplen 25 años del acuerdo firmado con esa guerrilla en 1990. Lecciones que dejó ese proceso de paz deben ser tenidas en cuenta para el proceso de paz con las Farc.

Hacer posconflicto territorialPara León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación, hubo dos errores fundamentales del proceso de paz con el M-19 en los años 90: Primero, se dejaron a otras guerrillas fuera del mismo, con lo cual se reprodujo la violencia con esos grupos excluidos. Es decir, no hubo un proceso integral con todos los alzados en armas. Debate por validez de indulto al M-19 por la toma al Palacio de JusticiaEn segundo término, no se hizo posconflicto territorial. Las zonas donde estaba el M-19 no fueron objeto de un gran proyecto de posconflicto y eso llevó a que allí se reprodujera la violencia.Lo más importante, a su decir, es el éxito político inmediato que tuvo y lo más negativo es que ese grupo terminó disolviéndose. El M-19 llegó a hacer política con relativo éxito y generó un movimiento de opinión que conquistó la tercera parte de la Constituyente, tuvo una buena bancada parlamentaria y un candidato presidencial con buena respuesta en las urnas, pero después se desvaneció y no persistió. “Ahora tenemos que aprender de ahí para que el movimiento que surja de la desmovilización de las Farc llegue y se quede como fuerza de oposición, minoritaria en el país, pero al mismo tiempo como fuerza indispensable para la democracia”, comenta Valencia.La lección es saber transformarse en partidos políticos duraderos, no efímeros, añade, y eso depende del tipo de negociación, de las posibilidades de arraigo territorial y de que en sus regiones de influencia puedan construir algo sólido en alcaldías y gobernaciones.No calculamos el poder de enemigos de la pazDe acuerdo con el exconstituyente Otty Patiño, la primera enseñanza es que la paz negociada es posible. “Antes se pensaba que uno de los contrincantes le ganaba la guerra al otro, ahora no. La paz puede ser producto de una negociación y no de una victoria”.También resalta que la paz debe tener contenidos sociales y políticos para ahuyentar los factores que generaron esa violencia. “Este es un tema muy importante y así el desarme para la guerrilla no es necesariamente algo deshonroso. Por el contrario, habla muy bien de las personas que han estado en la lucha, porque muestran que no solo era solo una lucha armada, sino que tenía contenidos. Una vez dejan las armas, pueden ser más influyentes en los postulados por los cuales lucharon”, comenta Patiño. “En el caso del M-19, no entregamos nada, ni un alfiler, simplemente dejamos las armas, que luego se fundieron en lingotes. Y sino entregamos las armas, mucho menos las ideas que mantuvimos en pie”, dice.“El principal error fue que no calculamos el poder de los enemigos de la paz, que asesinaron a Carlos Pizarro”, añade. “Éramos conscientes de ese riesgo, pero creíamos que bastaba con el mecanismo de seguridad que había para contrarrestarlo y se equivocó el Gobierno y nos equivocamos nosotros”.Patiño explica que había personas con mucho poder que querían destruir el proceso a través del asesinato de Pizarro y se equivocaron al confiar en que era suficiente esa protección: “Se equivocaron los autores del atentado pensando que con eso iban a destruir el proceso, pero sirvió para afirmar nuestra voluntad de paz y logramos, pese a ello, continuar el proceso y desembocar en una salida positiva”.Lo innegociable Los diálogos con el M-19 dejaron muy buenas enseñanzas sobre cómo hacer una paz exitosa, dice el congresista del Centro Democrático, Alfredo Rangel. Primero, es necesario que el grupo armado irregular se concentre en un sitio de la geografía nacional, con sus hombres y sus armas, para garantizar que su decisión de dejar las armas es absolutamente irreversible. “Así se hizo con el M-19, infortunadamente no se está haciendo con el actual proceso, sino que se está negociando con las Farc en La Habana en medio de la violencia y el terrorismo en Colombia”, apunta. La agenda de los diálogos de paz, agrega, se debe limitar única y exclusivamente a acordar las condiciones de la desmovilización, la reinserción y el desarme. Con el M-19 no se incluyó ningún aspecto de la agenda nacional, como sí se está negociando buena parte de la agenda nacional con las Farc, un grupo que no tiene ninguna representación social ni política”, reclama. Y anota que esa guerrilla han venido ampliando la agenda original, que tienen 30 temas adicionales, que según sus voceros, sino se discuten y no se acuerdan, no habrá firma de un acuerdo de paz y eso pone los diálogos de La Habana en una “perspectiva interminable”.“Negociar la suerte del campo colombiano con quienes han sido los principales verdugos del sector agropecuario, es absurdo; negociar las reformas de la democracia, las reformas políticas e institucionales, con quienes han sido los verdugos de la democracia, es inaceptable; o negociar políticas antinarcóticos del Estado colombiano con las Farc, que son el principal cartel de la cocaína a nivel mundial, es inadmisible”, plantea Rangel.Fuerzas Armadas. Con el M-19 no hubo ninguna participación de los militares en la mesa de conversaciones. Ellos fueron totalmente obedientes a las decisiones del Gobierno Nacional, como lo han sido siempre, institucionalmente, las Fuerzas Militares en Colombia. “ Ahora se les sometió a la humillación a la que está sometiendo el presidente Santos a las Fuerzas Militares, igualándolos en una mesa de conversaciones a los terroristas”, añade el senador.La dejación de las armas. Según Rangel, con el M-19, hubo una entrega física de las armas y se garantizó la destrucción de esas armas, con supervisión internacional. Las Farc se han negado de manera rotunda a entregar las armas, hablan de dejación, que significa que seguirán en su poder, pero dejan de usarlas. Y, en su opinión, eso pone al país en una perspectiva de paz armada, que es inaceptable. El M-19 entregó las armas y se reinsertó exitosamente a la vida nacional.No a la impunidadEn concepto del general (r) Harold Bedoya, la lección más importante es no repetir los errores que se cometieron con el M-19, como sacar de la cárcel a los cabecillas de la cúpula del grupo guerrillero cuando ya estaban condenados por el robo de más de 5000 armas del Cantón Norte.“Lo que hizo el presidente Belisario Betancourt fue amnistiarlos y se volvió a agravar el problema, ya que se volvieron a armar y terminaron en la toma del Palacio de Justicia de 1985”, evoca el exmilitar.Bedoya recuerda que al Ejército le tocó perseguirlos otra vez y, cuando ya estaban derrotados en Cauca, el presidente César Gaviria les dio otra amnistía, les permitió ser constituyentes, ir a embajadas, consulados Congreso, gobernaciones. “No hubo sino dádivas”.“En consecuencia, nos quedamos sin Constitución”, continúa, “nos armaron la Constitución entre Pablo Escobar y el M-19”. Ese fue un error gigantesco, a su juicio, que no se debe repetir, y que, estando sometidos a la Justicia, debieron pagar sus culpas. “Nadie entiende por qué al M-19, que destruye la Justicia, no le pasa absolutamente nada, y al Ejército, que fue al que le tocó enfrentarlo, es el que está en la cárcel, como los generales Plazas y Arias Cabrales, mientras Petro es alcalde, Navarro fue congresista, gobernador... Esto ha sido un rosario de errores y equivocaciones. Ojalá no se vayan a repetir”, advierte. Por lo tanto, la lección es que las Farc pague por sus acciones.Sí armas, no futuroEn opinión del exconstituyente por el M-19 Antonio Navarro Wolf, la primera lección es la más obvia: la de dar por terminado el conflicto. “Nosotros lo vivimos hace 25 años, el pueblo lo vio así y ahora lo están entendiendo las Farc y el ELN: vimos que el movimiento armado no tenía futuro ni ninguna posibilidad para resolver problemas en Colombia”. Segundo, la reconciliación sí es posible. La que se produjo entre el M-19 y Álvaro Gómez Hurtado, simbólicamente, permitió una actitud muy positiva en la Asamblea Constituyente. “Eso demuestra que es posible la reconciliación entre víctimas y victimarios”, explica.Como tercero, Navarro Wolf ve muy importante que las personas que firmen el acuerdo de paz se mantengan unidas y sin armas. “Dispersarlas sería un error, esa idea es malísima”, sentencia y pone de ejemplo lo que pasó con las autodefensas. Al contrario, el M-19 y Quintín Lame se mantuvieron juntos haciendo política y trabajo social y el nivel de reincidencia es mínimo. “De lo contrario, puede costarles que el posconflicto los lleve a las bacrim”, advierte.Y que más que proyectos productivos, señala, hay que dar educación y empleo a los exguerrilleros. Es importantísimo que puedan ser bachilleres y acceder a la universidad. Agrega que el empleo es esencial para que no tengan que salir a buscar cualquier forma de vida y se vinculen a estructuras delictivas. Si se hace un plan de educación y empleo bien hecho, se puede lograr mucho éxito después de la firma de paz”.

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