25 años de la Constitución: radiografía de un complejo periodo de la historia del país

Julio 03, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Colprensa
25 años de la Constitución: radiografía de un complejo periodo de la historia del país

El dirigente conservador Álvaro Gómez durante la firma de la Constitución de 1991.

La Carta Magna que nos rige y que nació en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, cumple un cuarto de siglo este 4 de julio. Esa Constitución trajo grandes cambios para los ciudadanos y para el país político.

Por la época en que la Constitución Política vio la luz, el país vivía uno de los periodos más complejos de su vida republicana.

En efecto, el azote del narcotráfico, en cabeza del capo Pablo Escobar Gaviria; los recientes asesinatos de varios candidatos presidenciales, la crisis de las instituciones; los procesos de paz, en especial el que se firmó con el M-19, y la expresión popular denominada La Séptima Papeleta confluyeron para  que surgiera el clamor de que se citara una Asamblea Nacional Constituyente.

Fabio Villa Rodríguez, entonces líder estudiantil y luego miembro de la Constituyente, recuerda cómo el narcotráfico fue el detonante principal de esa crisis.

Escobar y otros narcos de Antioquia, al igual que el  Cartel de Cali, encabezado por los hermanos Rodríguez Orejuela, habían edificado un camino de muerte y corrupción en el país durante la década de los años 80.

La vendetta ordenada por estos carteles había llevado a que fuera asesinado Luis Carlos Galán, quien se perfilaba como seguro presidente de Colombia. Y luego caerían candidatos que venían de la izquierda: Bernardo Jaramillo Ossa; Jaime Pardo Leal y Carlos Pizarro Leongómez, el líder del M-19 a quien mataron por orden del paramilitar Carlos Castaño.

Lea aquí: Cinco grandes cambios que trajo la Constitución de 1991

Recuerda Villa que la Constituyente no fue un mecanismo que surgiera con el apoyo de todos los sectores del país. Especialmente reticentes se mostraron los partidos políticos tradicionales, que no llegaron a imaginar el alcance que tendría.

Quien, en opinión de Villa,  sí vislumbró la magnitud del cambio que significaría esa iniciativa ciudadana fue al entonces presidente Virgilio Barco.

Contrario a la imagen que proyectó al final de su mandato, por su edad, su  enfermedad y por su condición de representante de la política tradicional, Villa no duda en calificarlo de vanguardista. Y los hechos le dan la razón.

Cuando apenas llegaba a la mitad de su administración, en enero de 1988, Barco expidió el Estatuto para la Defensa de la Democracia, con el que buscó hacerle frente al terrorismo y en el que propuso crear los mecanismos para un plebiscito ciudadano.

El entonces Presidente llevó a la Corte Suprema la propuesta de que fueran los electores los que pidieran en las urnas una constituyente, pese a que en ese momento al país lo regía la Constitución Política de 1886, la cual en su Artículo 218 prohibía modificar la Constitución por una vía distinta al del trámite en el Congreso.

El plebiscito deseado por Barco no prosperó y la crisis de seguridad se hizo cada vez más crítica por hechos como el secuestro del líder conservador Álvaro Gómez  a manos del M-19.

[[nid:552549;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/07/rodrigo-lloreda.jpg;full;{Rodrigo Lloreda fue nombrado presidente de la Comisión 5, que se ocupó de temas económicos, sociales y ecológicos.Foto: Archivo El País / Colprensa}]]

Entonces Barco  decidió llevar al Congreso una ambiciosa reforma constitucional en la que incluyó el fortalecimiento de los mecanismos de participación popular, la creación de la Fiscalía y la Corte Constitucional y fijó límites a la figura del Estado de Sitio.

Pese a todo, logró que la reforma avanzara en el Congreso, donde había mucho temor sobre cómo enfrentar al poder del narcotráfico. Al final, esa presión llevó a que allí se incluyera un artículo que convocaba a los colombianos a un referendo para que votaran si estaban de acuerdo o no con la extradición de nacionales. El Gobierno no cedió a esa presión del narcotráfico y a un solo día de terminar las sesiones, el 15 de diciembre de 1989, retiró el proyecto y hundió esa reforma.

Tras el fracaso legislativo, en el país se empezó a gestar un movimiento ciudadano denominado ‘La séptima papeleta’, liderado por jóvenes de diferentes universidades del país.

El constituyente Villa recuerda que junto a otros jóvenes, como Fernando Carrillo, se logró que en las elecciones de marzo de 1990, cuando se votaba para elegir Senado, Cámara, asambleas, alcaldías, concejos y la consulta liberal presidencial, se incluyera en las urnas ese séptimo sufragio, con el que la gente reclamaba la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente.

Así se hizo. La votación no tenía validez jurídica, pero el peso simbólico abrió el paso para que un par de meses después, durante la elección presidencial de mayo y con previa autorización de la Corte Suprema de Justicia, la votación fuera contabilizada.

Ya como presidente electo y con el legado de  Galán a cuestas, César Gaviria llegó a la Casa de Nariño y expidió un decreto de Estado de Sitio con el que  convocó a los colombianos para que el 9 de diciembre de 1990 escogieran a quienes redactarían la  Constitución. 

[[nid:552550;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/07/papeleta.jpg;left;{Universitarios fueron los encargados de promover la ‘Séptima Papeleta’ que impulsó la modificación de la Carta Magna.Foto: Archivo El País / Colprensa}]]

Pese a la expectativa, los constituyentes fueron elegidos con una de las abstenciones más grandes de la historia: solo el 25 % de los colombianos aptos para votar lo hizo.

Y los resultados dejaron sorpresas. En primer lugar, la Alianza Democrática, el partido político en el que se convirtió el M-19, sumó 19 escaños; mientras que el Movimiento de Salvación Nacional, de Álvaro Gómez, obtuvo 11, muy por encima del Partido Conservador, que solo ganó 5.

Así, no fue coincidencia que Gómez, junto a Navarro y al liberal Horacio Serpa (su partido fue el más votado) presidieran las agotadoras sesiones de esa Asamblea Nacional Constituyente que transformó al país.

Cinco meses para cambiar al país

El 5 de febrero de 1991, 70 exministros, políticos tradicionales, intelectuales, académicos, jefes sindicales, indígenas, futbolistas, periodistas y líderes de otros sectores se posesionaron como constituyentes. Meses después se integraron, como concesión del presidente Gaviria, delegados  del Ejército Popular de Liberación (EPL), el Quintín Lame y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), que se acababan de desmovilizar.

Durante cinco meses debatieron en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, donde realizaban prolongadas jornadas en las que discutieron sobre reformas  a los poderes públicos, efectos civiles del matrimonio católico, institucionalización de los partidos y  creación de la Fiscalía, entre otros temas.

Óscar Alarcón, en ‘La cara oculta de la Constitución del 91’ narra las dificultades  para conformar la presidencia tripartita de Serpa, Navarro y Gómez, dado  que el liberalismo creía tener esa potestad y el M-19 y Salvación Nacional supieron pelear ese derecho y armar coaliciones.

“En un coctel en la Casa de Nariño, a principios de febrero, los liberales abordaron a Gaviria y le dijeron que la fórmula de los trillizos era inaceptable, una afrenta, pero el Jefe de Estado, con su estilo pragmático, les respondió: “No seamos pendejos. O aceptamos eso o simplemente vamos a quedar por fuera de la presidencia. Hagan un acuerdo esta misma noche y escojan un buen candidato”, relata el texto.

También cuenta que se crearon cinco comisiones, cuyas cabezas fueron entregadas a las minorías, y que expidieron un reglamento tan ‘omnipotente’, que les permitió modificar la Constitución del 86 incluso antes de proclamar la nueva Carta Magna.

Pero uno de los momentos más álgidos se vivió cuando el tema de la revocatoria del Congreso llegó oficialmente a la agenda de los constituyentes, despertando una campaña en contra de la iniciativa. 

De nuevo el realismo de Gaviria y la acuciosidad de su ministro de Gobierno, Humberto de la Calle, lograron meterle un jonrrón a la clase política al tiempo que impedían que la violencia  manchara el sueño de un nuevo país: sí se revocó el Legislativo pero los constituyentes quedaron inhabilitados.

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