Voluntarios luchan contra el hambre en Cali, esta es la historia

Voluntarios luchan contra el hambre en Cali, esta es la historia

Febrero 14, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | El País.
Voluntarios luchan contra el hambre en Cali, esta es la historia

Habitantes de El Calvario y Sucre esperan el refrigerio de los martes de Samaritanos de la Calle. Los que están en proceso de resocialización reciben las tres comidas.

Grupos de voluntarios han asumido la misión de dar al menos una comida completa a los hambrientos.

Filo. Por eso le llaman filo. Porque el hambre se siente como una cuchillada en la boca del estómago. Y hay a quienes no les pasa de vez en cuando. Es a diario. Y no a unos cuantos. En Cali, el filo le rasga las entrañas a tantas personas, que podrían formar los ejércitos del hambre.Pero también hay otro ejército de personas de buen corazón que busca llevar algo de alimento nutricional y espiritual a miles de bocas hambrientas: todos tienen hambre, no solo de comida, sino de afecto, de oportunidades...Porque el hambre va atada a la pobreza extrema y a la miseria, dice la trabajadora social Patricia Morales, de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali. De otra forma no se explicaría la existencia de 25 comedores comunitarios que coordinan para no dejar morir de hambre a 1090 personas de lunes a viernes, en 10 de las 22 comunas de Cali. Sacerdotes como el padre Braulio Marcial Ortiz intentan cambiar, cada jueves, la cara al hambre de los habitantes de calle del planchón de Santa Elena, San Judas o Alameda. Gracias a él y a los feligreses de su parroquia, Nuestra Señora de la Salud, del barrio Las Vegas, al sur de Cali, de 800 a 1000 personas ansiosas de la que puede ser la única comida completa de la semana. Es uno de esos 25 proyectos que buscan luchar contra ese filo que amenaza a niños desnutridos, adultos mayores mendicantes y mujeres cabeza de hogar que sobreviven en zonas de ladera y en el Distrito de Aguablanca. A los comedores comunitarios van los estudiantes de los colegios públicos a los que el Municipio beneficia con el refrigerio y el almuerzo. Pero también llegan los de otros colegios particulares.Patricia Morales declara que las condiciones más difíciles están loma arriba, donde hay gente trabajadora, migrantes, desplazados, que vienen de una violencia social e intrafamiliar, pero donde hay pocas ONG. “Casi todas están concentradas en la zona plana, en el Distrito de Aguablanca, pero en la ladera sí se ve la realidad de la pobreza y la miseria”, afirma refiriéndose a los sectores El Árbol, Las Minas, La Arboleda, o Belén, 400 gradas arriba de Siloé.“Buscamos que los niños reciban un alimento caliente, limpio, sano, con un trato cálido, y sensibilidad y a la vez les infundimos valores como el respeto, el autocuidado para que vengan bien organizaditos, que se laven las manos, para no quedarnos solo en dar el alimento, sino en ir más allá”, comenta Patricia.Por eso, de los 25 comedores que apoyan, ella destaca como modelo el de ‘Save of the Children’, que tiene tres, con infraestructura y logística bien organizada: nutricionista, psicólogo, trabajador social, cocineras, ocupación del tiempo libre de los 360 niños que alimenta y escuela de padres, en La Arboleda.O el comedor Girasoles de Vida, en el barrio Lleras Camargo, donde Aurora Castro alimenta a 20 pacientes de enfermedades infectocontagiosas de Siloé, en convenio con la Secretaría de Salud del Municipio y la ESE Ladera. Lejos de ahí, en el barrio Popular, Carlos Alberto García, Jesús David Gasca, Milton Lorza y Andrés Pomeo, frailes de la Comunidad Católica Luz de Cristo, preparan y sirven almuerzos para adultos mayores solos y pobres. Es en Belén Casa de Pan, donde Juan de Dios Quiceno, o Juanito, vendedor de lotería que duerme en un parqueadero, halla una mesa y un almuerzo caliente. Desde las 11:30 a.m. van llegando Arturito, que duerme donde lo coge la noche; Jairito, que pernocta bajo el techo de una fábrica, y 30 a 40 ancianos más. Algunos reciben el subsidio del adulto mayor del Gobierno, justo para pagar la pieza en La Isla (invasión), Bueno Madrid, Camilo Torres o el Olaya Herrera.Cuchara en mano, esperan pacientes la sopa de costilla humeante, habichuelas guisadas con arroz y agua de panela, todo preparado por tres ‘abuelos’ del mismo grupo. Es su primer alimento balanceado del día. El desayuno habitual es café con pan y en la noche es igual.Los frailes se reparten para alimentar 20 adultos mayores más en su Hogar San José, del barrio Alfonso Bonilla Aragón, que llegan de Las Orquídeas, Marroquín, Mojica, El Pilar y hasta Los Lagos. Aparte de 12 adolescentes huérfanos, sin hogar o de madres en extrema pobreza, a los que albergan y alimentan mientras estudian.Se sostienen de la “providencia”, de donaciones y de bingos y rifas que organizan, dice el fraile Carlos Alberto. No están entre las 183 instituciones que reciben remesas del Banco de Alimentos, entidad que alimenta 36.000 bocas más de ancianatos, hogares de paso de desplazados, inmigrantes, niños abandonados, instituciones de rehabilitación.“Nos saldría más caro, una camioneta cobra $30.000 o más para transportar la remesa, pero si recogemos donaciones en las galerías Santa Elena o Alfonso López, con $1000 un jeep nos lleva la comida”, dice el fraile Jesús David.La Pastoral, que dirigió el padre Braulio y hace un mes está en manos del padre franciscano Francisco Nel Leudo, intenta sumar donaciones y voluntarios para ampliar la cobertura de comedores. La procesión del panNo es una romería de Semana Santa, ni para ir a un concierto o a una final de fútbol. Un remolino de gente corre alborotada detrás del tumulto. Grupos de niños les salen adelante y hacen fila en las esquinas. Ancianos y discapacitados en muletas tratan de ir más a prisa. La meta es alcanzar un vaso de agua de panela y un pan para pasar la noche.Es el padre José González y su grupo de Samaritanos de la Calle, que desarrolla la Arquidiócesis de Cali, en convenio con la Secretaría de Bienestar Social de Cali, su recorrido nocturno de los martes por El Calvario y el barrio Sucre. Almas perdidas por el consumo de drogas, salen a recibir este bocado. Otros ni se mueven, el sacol y otras sustancias les quitan la sensación del hambre y pasan hasta seis o más días sin comer.Y cuando despiertan, llegan como autómatas a uno de los dos comedores de Samaritanos, del centro, y repiten ración, cuenta Luis Eduardo Amelinez, quien lleva dos años en proceso de rehabilitación y colabora como voluntario.En el recorrido, muchos niños salen a recibir, no uno sino varios panes que camuflan en el bolsillo o en maletines. “Yo tengo siete hermanos”, confirmó una chiquilla de unos 6 años tomando de la mano a otras dos más pequeñas.“Muchos buscan que les alcance ojalá hasta el otro martes”, cuenta Libia Fanny Mina, coordinadora del proyecto Samaritanos de la Calle, que alimenta con las tres comidas diarias a 130 personas que están en el programa de resocialización. De hecho, de 60 madres en situación de riesgo, muchas llegan con olla para llevar porque tienen 4, 6, 8 hijos.Es más, él dice que otros habitantes en situación de calle comentan que en ninguna otra ciudad se ve tanta comida para ellos como en Cali. “Hay mucha gente que nos quiere ayudar”, dice y recita la agenda de programas benéficos alimentarios, de lunes a domingo.“Hay benefactores como mamá Virginia, que nos sirven mucho, como media libra de arroz en una porción y hay gente que se come hasta cuatro y cinco almuerzos de una, en parte por la ansiedad del consumo, y en parte por la escasez y entonces son como los cocodrilos, comen cuando hay”, concluye.“Lo que más satisfacción nos da es que la gente es muy agradecida. Atendemos en la zona de ladera más lejana y jamás nos ha pasado nada”, dice Patricia. Y pone de ejemplo a un hombre joven, cuyos padres y dos hijos se alimentaron dos años en un comedor de Siloé, mientras él estaba en la cárcel.“Cuando salió libre, vino y nos dio las gracias y nos dijo: ‘yo ya voy a trabajar, voy a responder por mi familia, así que esos almuerzos déselos a otra persona que los necesite’”, cuenta. Y continúa: “Eso es muy bonito, la gente es muy solidaria”, dice sobre el gesto de este hombre que sí sabe lo que es sentir el filo cortándole las entrañas.Comedores -Cinco panes y dos peces. Alto Los Chorros Mar garita Hurtado.-Dios Proveerá: Mariela García Ossa y Ómar Gómez. Pízamos.-El Árbol. Colecti- vo de Mujeres. Elsy Méndez. Alto Polvorines.-El Pilar.Rafaela Vernaza. Bonilla Aragón.-El Progreso. Herminia Sambo- ní. Los Chorros.-El Señor de los Milagros. Sixta Tulia López. Manuela Beltrán.-Juan Pablo II. Idalí Obando. Bajo Aguacatal.-La Compasión. Luz Dary López. Alfonso López III.-La Cruz. Los Chorros. Carmen Ordóñez.-La Esperanza. María Zuliem Hoyos. El Vergel.-La Guadalupe. Edith Viveros. Pto. Mallarino.-La Milagrosa II. Ana Blandón y Efraín Sanabria.-La Misericordia. Argenis Molina, Hna. Gladys Gómez y otros. Andrés Sanín.-La Esperanza. Servidores del Padre Pío. San- dra Milena Torres. Mojica.-Los Tres Panes. María Nelsy Lara. Decepaz.-Divino Niño. Gloria Arcila. Manuela Beltrán.-San Alfonso María de Ligorio. Ana Montenegro y Ana Joven. Alfonso López.-Sagrada Familia. Padre Armando Carabalí. Popular.-La Tía Dino. Dinori Achinte. Alto Jordán. Ser Gente. Piloto.Ruta -Lunes, 8:00 a.m. Chocolatada, Mamá Virginia.-Martes: 8:00 p.m. refrigerio.- Miércoles 6:30 p.m: madres cabeza de fami- lia. Samaritanos.-Jueves 12:00 m: Padre Braulio. -Viernes: 9:00 p.m. San Egido. Parque Alameda.-Sábado: Pescadores de Hombres. 8.00 p.m. La Terminal.-Domingo: 7:00 y 8:00 a.m. choco- latadas, CAM y La Retreta. 8:00 p.m. San Francis- co. 11:00 a.m.: Almuerzo Parque Los Poetas, Aidé.

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