Video: recorrido por el río Cali, afluente que cada vez está menos vivo

Abril 07, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País

Los intentos por salvar el río tutelar van lentos frente a las amenazas de la deforestación y la contaminación. Travesía realizada por El País.

Bajo maniobras de resucitación el río Cali busca sobrevivir. El afluente de aguas prístinas que bajan desde El Alto del Buey, en Los Farallones, se transforma en otro lento y turbio, que como un moribundo cae al Cauca, en Floralia.A su paso por Felidia y La Leonera, el murmullo del río sobre las piedras se ve cristalino, inocente de los residuos químicos (mercurio y cianuro) que los explotadores de la minería ilegal le vierten. Abajo recibe descargas de baños y lavaderos de las casas de habitantes que aún no tienen pozos sépticos en sus parcelas.La zona está poblada loma arriba y sus montes se ven deforestados para cultivos. Asomos de tugurización rompen la armonía del paisaje y amenazan la transparencia de las aguas. Los avisos de oferta de lotes abundan, mediante la figura de “protocolización de venta”, pero sin escritura pública “porque acá nadie tiene eso”, dijo un oferente que El País contactó. El Cali recibe las aguas del Aguacatal, afluente disminuido por el desvío de su cauce y los residuos de la explotación de roca, piedra caliza y otros minerales.Antes del Zoológico, hay un cauce de unos 25 metros de ancho, al que el agua solo baña en 5 metros, máximo. Las invasiones de Chiribico y habitantes de Pilas del Cabuyal, como Harold López, reclaman un alcantarillado para que las aguas sucias no caigan al río homónimo, que yace enfermo al desembocar sobre el Cali.Los fines de semana la zona es como el Pance del Oeste. Gente hasta de Aguablanca va al paseo de olla. Los fogones proliferan en la estrecha margen y tiendas ofrecen cerveza, aguardiente, cigarrillos y mecato, cuyos desechos van a parar al río.Dos profesionales y 30 patrulleros de la Policía Ambiental hacen presencia esos días para concientizar a los bañistas de no lavar vehículos ni ensuciar el afluente. Pero Luis Eduardo Alzate, joven de Pilas del Cabuyal, denuncia que “faltan avisos de señalización y canecas para que la gente tenga dónde depositar los residuos”.Las basuras acumuladas en la margen lo confirman. Pese a que el carro recolector pasa día de por medio, no falta quien las saque antes y las arroje a la ribera, denuncia el patrullero Leonardo Romero, del CAI ambiental ubicado junto a la bocatoma de agua de Emcali.Sobre la Avenida Colombia, el vigía del río asignado por el Dagma y los Bomberos, Rubén Darío Reyes, reporta las quejas de quienes trotan por Santa Teresita y Santa Rita.“Ellos denuncian que cuando lavan el Zoológico, el agua baja oscura y salen malos olores”, dice el bombero forestal que cuida que no arrojen “colchones ni poltronas al cauce”. En ese caso, por radioteléfono reporta a la central para que el Dagma y/o la Policía Ambiental actúen.Los habitantes de la calle, o del río, parcelan las orillas. A la altura de los puentes de la Cervecería (Calle 8), Ortiz (CAM) y de la Torre de Cali, son más los que conviven con perros y su pobreza que el agua con la que se intentan bañar y vivir. Un olor a pescado descompuesto contrasta con la urbe que lo circunda. Bajo el puente del Ferrocarril, frente al semáforo de la Calle 26 que lleva al Terminal de Transportes, Manuel Rojas sale con un balde de agua en hombros. Él es una de las 15 personas que se rebuscan la vida sacándole el poco líquido ya gris oscuro al río agonizante. Cada uno lava de 12 a 15 taxis al día, a $2.000 cada uno.Al barrio Berlín, Calle 31 con Carrera 5 Norte, el afluente llega libre de desperdicios visibles, pero su color verduzco oscuro delata su alta descomposición.El presidente de la Junta de Acción Local, JAL, del barrio La Isla, Adalberto Vásquez, reclama que el Municipio quite “esa chatarrería o basurero camuflado que es un foco contaminante del río”, dice señalando la otrora base de Emsirva.Se refiere al llamado ‘Parque del Lobo’, porque allí la Secretaría de Gobierno almacena las vallas y demás decomisos por contaminación visual. Y Bienes e Inmuebles guarda vehículos en desuso y otros. Un funcionario que reservó su identidad admitió: “Sí, nosotros debimos desocupar esto hace cuatro meses, pero ya nos están buscando otra bodega para irnos”.Con todo eso, para Luis Carlos Carvajal, miembro de la JAL, el estado del Cali “ha mejorado un 70 % en los últimos seis meses gracias al Dagma. Ya logramos que la gente no bote basuras en las orillas y obligamos a los supermercados del Norte a esperar el carro del aseo y que no nos tiren sus desperdicios aquí”. Al entrar a Floralia, paralelo al jarillón, el río ha perdido su voz natural: ya no se ubica por el murmullo de cascada que lo acompañaba al bajar Los Farallones, sino por el olor a marranera que expele. Ya sin oxígeno, echa burbujas como un cadáver más de los que tiran al Cauca. Sus aguas turbias, teñidas de tintas roja o verde, que le vierten en las tardes, caen en brazos del hermano mayor que se lleva sus miserias. Gallinazos sobrevuelan la escena, en un mal presagio, como si los intentos de resucitación fueran a frustrarse por una defunción inexorable.Sobre el río tutelarDeforestación y mineríaLa colonización sin saneamiento básico y la minería ilegal atentan contra el río Cali. En el Parque Nacional Natural Los Farallones, PNNF, se realizaron seis recorridos en 2011 que permitió desmantelar 9 campamentos de minería ilegal y la implosión controlada de 70 socavones. En 2012 hubo tres ascensos con demolición de 10 nuevos campamentos.CVC, por ola invernalCon una inversión de $7.644 millones la CVC intervino el cauce del río Cali en su cuenca baja en 2011. Desde la Calle 71B, en Floralia, hasta la desembocadura en el río Cauca, costó $3.244 millones Y de la Calle 44 a la Calle 71B, invirtió $4.460 millones.ResiduosLa descolmatación de esos dos tramos del río Cali implicó la remoción de 124.500 metros cúbicos de lodo, explicó el director de la CVC, Óscar Libardo Campo. Muchos eran residuos generados por las actividades que se realizan en sus orillas, como la explotación de roca en Floralia.AutoridadesEl Cali está a cargo del Parque Nacional Natural Farallones (MinAmbiente) en la cuenca alta; la CVC, en la cuenca media (Felidia al Zoológico), y el Dagma, en la cuenca baja o área urbana.Obras en contratación El Dagma está en proceso de contratación de la ejecución de 6 colectores para la eliminación de vertimientos directos e indirectos en ríos de la ciudad, cinco de ellos en el Aguacatal, y otro en la quebrada La Campiña, ambos afluentes del río Cali.SiembraEn 2012, el Dagma realizó una jornada de limpieza entre el Zoológico y la Calle 44, con recolección de residuos sólidos y mantenimiento de césped y sembró flora en las orillas entre el CAM y la Clínica de las Remedios, con apoyo de gestores comunales, voluntarios y personal de la entidad.LimpiezaBeatriz Orozco, directora del Dagma, reportó que la entidad realizó mantenimiento, recuperación hidráulica y limpieza del río, mediante la recolección de playas aluviales, retiro de lodos, escombros y residuos sólidos en el cauce y sus zonas de protección.

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