Vencer a las bacterias es cada vez un reto más grande para la ciencia

Agosto 19, 2013 - 12:00 a.m. Por:
María Teresa Arboleda Grajales, reportera de El País
Vencer a las bacterias es cada vez un reto más grande para la ciencia

Desde 1998 la Organización Mundial de la Salud hace campañas promoviendo el uso adecuado de antibióticos y reforzando el control de la resistencia en los hospitales.

Cada día los microorganismos son más resistentes a los antibióticos y se prevé que en pocos años no habría cómo curar las infecciones.

Parece una película de ciencia ficción que narra la guerra entre unas sustancias que se creían invencibles, pero que la historia ha mostrado lo contrario, y unos diminutos seres que no los ve el ojo humano, pero tan poderosos, que podrían acabar con la humanidad.A las primeras les llamaremos antibióticos y a los segundos, bacterias.Desde hace tiempo los antibióticos siempre fueron capaces de aniquilar a las bacterias; por eso con ellos, los doctores curaban las infecciones. Pero desde hace unos años, ellas se pusieron una dura coraza y están ganando la batalla. Cada día están más indiferentes, a lo que se suma la dramática caída en la aprobación de nuevos antibióticos. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año salen menos al mercado.Hasta allí lo que podría ser la sinopsis de la película ‘Resistencia bacteriana’, o mejor, ‘La era de las superbacterias’. Ahora conozcamos el relato: Christian José Pallares Gutiérrez, jefe del Comité de Infecciones del Hospital Universitario del Valle es enfático al decir que para los siguientes diez años no tendremos nuevos antibióticos, mientras que las bacterias cada vez están más fuertes. Sus palabras no tienen anestesia: “Si continuamos usando antibióticos indiscriminadamente, ellas seguirán ganando más y más resistencia hasta que el número de infecciones será grande y el costo en vidas será alto”.No es solo un problema de salud pública; esto tiene repercusiones económicas mundiales por los costos en el manejo de pacientes y “porque las nuevas generaciones de antibióticos cuestan muchísimo más, y de todos modos funcionan por un tiempo hasta que la bacteria nuevamente desarrolla resistencia”, señaló Diego Rosselli, profesor de epidemiología de la Universidad Javeriana de Bogotá.¿Por qué se volvieron tan fuertes?Porque se han usado sin control los antibióticos. “Los médicos en los hospitales formulan muchos, a veces sin la adecuada indicación, las personas en la calle se automedican, la industria se los da a los animales para mejorar su salud y estas toneladas de antibióticos hacen que las bacterias empiecen a resistirlos”, explicó Pallares, director científico de Renova, entidad que agrupa a profesionales de la salud, estadísticos, epidemiólogos y salubristas, con apoyo de instituciones de salud públicas, privadas y laboratorios clínicos.Como los usamos sin razón, aclaró el médico, ellas tienen más contacto y empiezan a conocerlos mejor, y finalmente les ganan la partida”. El guion de esta película estaba escrito desde 1945 cuando Alexander Fleming lanzó al mercado la penicilina. Este científico no solo descubrió el que es considerado el ‘papᒠde los antibióticos, sino que fue todo un profeta al pronosticar que “el tiempo vendrá cuando la penicilina pueda ser comprada por cualquiera en las tiendas. Y luego está el peligro de que el hombre ignorante use a menudo infradosis y, al exponer a sus microbios a cantidades no letales de la droga, los vuelva resistentes”.Cuánta razón tuvo, porque este fármaco, del que pronto aprendieron a defenderse las astutas bacterias, lo venden en las droguerías como cualquier otro producto. “En estos momentos no hay una prohibición en Colombia y si la hay, no se cumple, sobre la venta sin fórmula médica, lo cual no es correcto. Pero sí hay un programa de vigilancia sobre el adecuado uso de medicamentos en las instituciones hospitalarias. El llamado es al uso correcto por parte del gremio médico”, indicó el secretario de Salud de Cali, Diego Germán Calero.La rebeldía de estos pequeños seres puede extenderse a “todos los antibióticos que usamos”, complementó Pallares, “porque ellas aprenden muy rápido”. El problema más grave, agregó, está en aquellas que desarrollan resistencia a carbapenémicos, que son un grupo de antibióticos usados para infecciones severas en pacientes muy enfermos y son prácticamente la última línea de tratamiento para las bacterias.Por eso, dijo, cada día nos toca tratar las infecciones con antibióticos de mayor espectro, es decir, más fuertes para matarlas. Antes podíamos usar unos de menor espectro, pero cada vez tenemos que recurrir a otros más fuertes, como los carbapenémicos, por ejemplo”.La aparición de microorganismos inmunes no da tregua, especialmente en las instituciones de salud. Por ejemplo, en las unidades de cuidado intensivo, donde están los pacientes más críticos y complicados, a veces con infecciones. Es allí donde más se usan antibióticos de amplio espectro, pero esto propicia la estadía de los gérmenes, que pueden sobrevivir en el ambiente hasta seis meses. Ocurre también que algunos pacientes con infecciones las llevan y se las pasan a otros enfermos, o las bacterias viajan por las manos del personal de salud. No es que aparezcan nuevos ‘enemigos’, sino los que ya se conocen. La diferencia está en que son ‘mejorados’, y han desarrollado mecanismos de defensa que antes no usaban.Es la primera vez que se enfrenta esta crisis, pues en el siglo pasado hubo abundante producción de antibióticos que aún eran eficaces. Con pocas armas en las manos, los expertos aconsejan cambiar las estrategias de combate, de lo contrario podría presentarse una pandemia y no habría cómo tratar a los pacientes, la mortalidad sería elevada, aseguró Pallares. Y agregó que “ya tenemos en nuestros hospitales infecciones por bacterias resistentes a todas las opciones del mercado; tenemos problemas para manejarlas, en menos de cinco años la situación será peor”.Hace poco él dictó la conferencia ‘La era postantibiótica: ¿estamos perdiendo la batalla?’ Hoy, al pedirle un diagnóstico claro responde otra vez sin usar anestesia: “Sí, estamos perdiendo la batalla”. La recomendación es: No hay tiempo que perder, si no actuamos todos hoy, no habrá cura mañana.

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