Cali, uno de los destinos preferidos de los venezolanos autoexiliados

Julio 16, 2017 - 07:45 a.m. Por:
Redacción de El País 
Comunidad venezolana en Cali

La comunidad venezolana en Cali ha organizado protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Foto: Archivo de El País

En las casas de los venezolanos es común encontrar una preparación a base de vinagre, bicarbonato y antiácidos. Por lo menos en la nevera de la madre de la poeta Betsimar Sepúlveda aquello siempre está disponible. Además, acostumbra a tener sábanas a la mano. Se trata de una medida de precaución.

En cualquier momento pueden pasar las tanquetas de la Guardia Nacional disparándoles a las casas gases lacrimógenos, “sin justificación alguna”, denuncia Betsimar.

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“Ni siquiera lo hacen porque haya manifestantes en la calle. Es una medida para sembrar terror en la población. Algo que se compara con lo que hacía Videla en Argentina o Pinochet en Chile”.

Cuando disparan los gases, entonces, en la casa de la madre de Betsimar saben qué hacer. Tomar las sábanas, empaparlas con esa preparación de vinagre, bicarbonato y antiácidos y cubrir puertas y ventanas. Así intentan evitar que los gases entren a la casa y que, además, no los intoxiquen. En Venezuela sigue la escasez de medicamentos.

“Que mis sobrinos de 10 años sepan qué deben hacer ante una medida del gobierno que causa tanto temor, ya es algo que nos cambia la psiquis como sociedad y traduce mucho de lo que está pasando en mi país”.

Betsimar, radicada en Cali, se exilió en Colombia hace diez años por razones similares a las de los miles de venezolanos que han ingresado a Colombia y a Cali en los últimos meses: la presión política y económica.

“Pertenecí a esa generación que creyó en Hugo Chávez. Éramos jovencitos que creíamos que debían terminar esos 40 años de mala democracia que habíamos tenido. Creímos en una unión cívico militar para crear un sistema de gobierno diferente y un modelo económico justo. Entonces sí, trabajé para el proyecto político de Chávez. Trabajaba exactamente en la Dirección de Cultura del Estado Táchira. Hasta que tuve el atrevimiento de ser crítica, porque ya en ese momento veía desmadres, veía que el proyecto político se estaba desviando. Y por ser crítica me botaron de la Dirección de Cultura. Por orden del director ni siquiera podía tener trabajo en ninguna institución pública del Estado. Nadie me podía contratar. Ante semejante presión, me fui del país”.

Que los venezolanos estén saliendo en condición de emigrantes también es un indicador de la crisis del país, sigue Betsimar. Porque históricamente los venezolanos no han sido emigrantes: han sido, sobre todo, turistas.

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“El país por su situación económica nos permitió en su momento salir, comprar, viajar. Somos consumidores; viajeros turistas. No emigrantes. Y por primera vez en Venezuela se presenta este fenómeno: somos 3 millones de venezolanos en el exilio. Un número escandaloso. La mayoría son profesionales jóvenes, así que se puede hablar de una fuga de talentos”.

Es el caso de Sharon Centeno. Sharon es artesana. Desde noviembre de 2016 está en Cali. Espera su tercer hijo. Sharon tiene un embarazo- complicado- de 8 meses. Salió de Venezuela desde que tuvo la certeza de que el futuro de sus hijos era demasiado confuso.

“Uno de mis hijos tiene 6 años; el otro, 3. Pero en Venezuela me quedé sin empleo. No me alcanzaba el dinero para que mis hijos estudiaran. Dejamos al grande estudiando y sacamos al pequeño pero eso es duro. Tú como padre no quieres ver a tus hijos con un futuro incierto. Y eso hizo que saliéramos de Venezuela. Cuando ves a tus hijos pasando necesidades, reaccionas”.

Sharon confirma que la mayoría de los alimentos que están entrando a su país son importados y el sueldo mínimo no alcanza a cubrir las necesidades básicas. Y encima, hay personas enfermas o que incluso han fallecido por esa falta de medicamentos.

“No encuentras cosas que parecen simples como un acetaminofén. Eso también te hace pensar en el lugar donde estás”.

En Cali, Sharon se gana la vida trabajando los fines de semana en puestos de comidas rápidas o vendiendo por encargo la ropa para bebé que teje. Y como ella, en la ciudad hay decenas de venezolanos ganándose la vida en la informalidad: vendiendo cepillos de dientes en las estaciones del MIO, o empanadas venezolanas, o haciendo presentaciones artísticas en San Antonio. Otros dan clases o trabajan transportando personas de sus unidades residenciales.

“El problema es que a las empresas les da temor contratarnos porque no tenemos los papeles, ni la estadía en Colombia resuelta”, dice Sharon, que podría nacionalizarse fácilmente pues su padre es colombiano. “Lo que pasa es que él se nacionalizó en Venezuela hace mucho tiempo y no renovó la cédula colombiana. Aún tiene la cédula antigua, que en el país no es aceptada. Para poder nacionalizarme él tendría que venir y hacer la renovación, pero eso también se demora”.

Precisamente, explica Noralba García, secretaria de Convivencia y Seguridad del Valle y quien hace parte del Consejo de Atención para la Población Migrante, la mayoría de las personas que están llegando a Cali de Venezuela son retornados: colombianos que vivían en Venezuela (incluso tienen la doble nacionalidad). Sin embargo, en muchos casos no han actualizado su cédula, lo que los deja en una suerte de limbo.

“Hay un subregistro de las personas de Venezuela que han llegado. Nosotros tenemos la información de 300 que hemos atendido, pero son más. La mayoría son nacidos en Colombia, pero con hijos y parejas de Venezuela. Pero nos preocupa que hay una gran cantidad de personas que no tienen resuelta su situación legal y eso genera inconvenientes: no pueden acceder a salud, a matricular sus hijos en los jardines, arrendar una casa. De ahí que desde la Gobernación queremos hacer un censo para saber cuántos venezolanos hay y determinar cuál es su situación para ayudarlos”.

De hecho, según lo denunció la Secretaria de Convivencia y Seguridad, algunos de los venezolanos que han llegado a Colombia fueron víctimas de redes dedicadas a la falsificación de documentos. “Queremos evitar que esto siga sucediendo acercando a las personas que necesitan a normalizar su situación a la Registraduría”.

La otra gran problemática son los servicios de salud. Sharon, por fortuna, tiene Sisbén por su embarazo. Está siendo atendida en el centro de salud Cristóbal Colón. Sin embargo, las personas que no tengan resuelta su estadía en Colombia no tienen acceso a otro tipo de servicios como, por ejemplo, la entrega de medicamentos, a no ser que tengan el dinero para pagarlos.

“ En Cali garantizamos el servicio de atención de urgencias independiente de la nacionalidad y condición de la persona. También garantizamos esa atención a mujeres embarazadas y bebés. Pero sí tenemos dificultades para prestar otros servicios como los programas de consulta externa, control, medicamentos, para quienes no tengan definida su permanecía en el país”, dijo Alexánder Durán, secretario de Salud.

Definitivamente la vida para los venezolanos no es nada fácil, aunque personas como Sharon agradecen “la atención” que le ha brindado Colombia. Betsimar piensa, por su parte, en una salida a la crisis de su patria.

“Los venezolanos somos profundamente demócratas. Hemos tenido dictadores, pero nunca se han resuelto las cosas por las vías de hecho. Siempre nos hemos apegado a las instituciones. Y aún cuando en Venezuela hay una crisis de las instituciones tan fuerte, creemos en que con los votos podemos cambiar la situación. Queremos salvar la Constitución, que es lo único que nos queda de la democracia. Pero es difícil. Es un gobierno cuyo único poder - y el más peligroso- son los militares. Los militares son los dueños de las empresas estratégicas del país. Maduro creó una empresa que es superior a Pdvsa porque maneja todos los recursos de hidrocarburos y minas. Te podrás imaginar todo el dinero que eso genera. ¿Qué militar va a dejar eso? Y por otro lado, está Diosdado Cabello con el dominio de todos los puertos y aeropuertos y ya sabrás las posibilidades que eso permite. El proyecto de Maduro no es de ideología, político. Es un proyecto meramente económico. Por eso la llamamos una guerra asimétrica. Una guerra del Estado contra la sociedad civil. Pese a ello, los venezolanos aún creemos que con los votos es posible cambiar esta situación”.

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