Una pesada cruz para la iglesia

Julio 11, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El Pais

En los últimos años, 4 sacerdotes que oficiaban en Cali fueron acusados de pederastia. La semana pasada se registró un nuevo caso. ”Pederastia es una enfermedad, pedimos perdón”: Iglesia.

La pederastia salpicó de nuevo al clero caleño. En medio de la polémica mundial desatada por los casos puestos al descubierto en Australia y Bélgica y de las tres condenas que en lo corrido del año se han dictado en contra de curas de Tolima, Caldas y Cúcuta, otra vez un sacerdote oficiante en Cali es puesto tras las rejas sindicado de abuso sexual.El señalado ahora es William de Jesús Mazo Pérez, párroco de Nuestra Señora de la Candelaria, del barrio Alfonso Bonilla Aragón (Distrito de Aguablanca), que la semana pasada fue cobijado con medida de aseguramiento dictada por el Juzgado tercero Municipal de Cali.Mazo Pérez, de 59 años, está acusado de abusar sexualmente de tres hermanos de 13, 12 y 11 años, que hacían parte de una banda marcial dirigida por él. De acuerdo con la Fiscalía, los niños a veces accedían a dormir en la parroquia a cambio de dinero y regalos ofrecidos por el religioso.La madre de los tres menores había hecho la denuncia en julio del 2009, pero en aquella ocasión la fiscal que atendió el caso tenía represadas 580 investigaciones y no le pudo dar trámite inmediato. El abogado defensor de las víctimas le contó a El País que al retomar el caso, la fiscal le dijo apenada: “Doctor, lo peor es que yo sé que en medio de esos procesos hay otros casos de abusos y violaciones, pero no doy a basto”. Los seguimientos y entrevistas ordenados para determinar la responsabilidad del religioso se extendieron durante casi un año.De acuerdo con un investigador de la Unidad de Delitos Sexuales de la Sijín, la prueba reina fue hallada el pasado 30 de junio cuando en una operación de registro llevada a cabo al interior de la parroquia fueron encontradas, entre algunas pertenencias del padre arrojadas a un cesto de la basura, doce fotografías donde aparecía posando en ropa interior junto a varios menores entre los que se hallaban los tres niños de los que presuntamente abusó.Aunque 24 horas antes la Arquidiócesis de Cali había emitido un decreto a través del cual retiraba de sus funciones al sacerdote, al momento de la captura Mazo se declaró inocente. Dos días antes, en una entrevista con este diario, el cura había revelado un detalle particular. Según él, el año pasado había llegado hasta la parroquia un supuesto funcionario de la Fiscalía ofreciéndole ayuda para retrasar el proceso que lo comprometía.- Entonces yo le di $400.000 y luego otros $400.000...- ¿Y por qué le dio plata, padre?- Porque yo no quería escándalos.Los casos Blanco, Penilla y PotesOtro caso penosamente célebre en la historia reciente de la ciudad fue el protagonizado por el padre Víctor Blanco, ex representante legal del albergue para niños de escasos recursos Mi Casa, y de su colaborador, el religioso Guillermo Penilla. De acuerdo con las denuncias interpuestas ante la Fiscalía en el 2006, Penilla practicaba sexo con niños recluidos en la casa-hogar, mientras que Blanco (portugués nacionalizado) obligaba a los pequeños a que tuvieran relaciones entre ellos para que luego se las contaran. A veces él también las veía.De acuerdo con Elmer Montaña, el cura Penilla, por ese entonces un anciano de más de 65 años, no pudo ser juzgado debido a que padecía de un avanzado alzheimer; sus abogados apelaron a esa condición médica para blindarlo jurídicamente. Blanco, por su parte, condenado a 57 meses de prisión, fue trasladado el 4 de julio de 2006 a la cárcel de Villahermosa. Sin embargo, tras 22 meses, salió en libertad por buen comportamiento.Según Montaña, Blanco tampoco cumplió con la reparación de sus víctimas. Por Ley, el sacerdote tenía que pagarle a cada una de ellas más de sesenta salarios mínimos mensuales legales vigentes, pero se declaró insolvente.Antes de Mazo, el último escándalo había sido el del padre Fred Potes, a quien la Fiscalía ya le había abierto investigación preliminar en el 2004 por el presunto delito de inducción a la prostitución a menor de edad. En el 2007 Potes fue acusado por el ex presidente del Tribunal Eclesiástico, Germán Robledo, de utilizar fondos de la limosna recogida en la Catedral de Cali para pagar favores sexuales concedidos por habitantes de la calle. La investigación contra Potes no prosperó.En su polémico libro ‘Hacia un Clero Gay’, el padre Robledo critica la forma en que ese y otros casos han sido tratados: (...) No podemos ser una Iglesia de fariseos, Iglesia del tapen-tapen. Esto no es cristianismo (...) Un clérigo pederasta jamás puede ser signo evangelizador de la presencia y del poder del Dios de los cristianos. Es, por el contrario, un destructor de esa presencia”.Consultado vía telefónica sobre el más reciente caso de pederastia, Robledo dijo que uno de los problemas de la Iglesia radica en las fallas que tiene a la hora de escoger a los candidatos para sacerdotes: “Los seleccionan preferiblemente de perfiles afeminados con la presunción de que así no tendrán la tentación femenina y no faltarán al principio del celibato. El problema es que eso, perfectamente, puede desembocar en el homosexualismo y luego en la pederastia. Debe haber muchos más casos de pederastia que no se conocen”.El padre José González, canciller de la Arquidiócesis de Cali, cree sin embargo que la raíz del problema no está en el celibato. “El celibato no es el problema; una persona que caiga en pederastia es un enfermo. Y ese es un dolor para la Iglesia: por las víctimas, por sus familias, pero la más dolida es la Iglesia. La Iglesia no quiere eso.La Iglesia se avergüenza por esto. Tiene dolor. Lo ha dicho desde su cabeza, el Papa, desde la Conferencia Episcopal, lo han dicho los Obispos. Lo decimos los sacerdotes: pedimos perdón y no queremos que se repita. Un sólo caso es doloroso. La pederastia es una enfermedad y pedimos perdón. Queremos que esto no suceda y que los casos que resulten, si llegaran a resultar, que vayan a la justicia”.Sacerdote recuerda casos de acoso cuando estudiaba“Sí, yo le puedo contar mi caso si no dice mi nombre porque eso me traería muchos problemas. Y yo ahora soy un sacerdote en ejercicio pese a todo lo que sucedió: en el año 2000 ingresé al Seminario Mayor San José de Bogotá guiado por una vocación que traía desde niño y que casi termina allí. Lo que pasó es que fue tanto el acoso del padre que dirigía el Seminario en aquel entonces, y que ahora es obispo, que me tocó retirarme.El tipo me invitaba a su habitación, me hostigaba en la biblioteca, me intentaba coger los genitales... La primera vez que se me insinuó fue a los dos meses. Yo estaba en la capilla. Se acercó, me habló, me preguntó que cómo me sentía y me colocó la mano en la pierna mientras me decía que ante cualquier cosa que necesitara él podía ayudarme, que si no tenía para pagar las mensualidades, que no me preocupara. Se ofreció a conseguirme una benefactora. Y con el tiempo fue empeorando. Cada vez más y con mayor intensidad. Él me decía que eso era normal, que era normal en los seres humanos sentir atracción por otro hombre, que era normal que pasara en el Seminario. Eso duró más de un año y llegó un punto en que no lo pude soportar más. Había días en que me tocaba dormir atrancando la puerta con mi propia cama. Una vez me citó en su cuarto con la excusa de que era necesario dialogar. Cuando fui, me dijo que si yo quería ser sacerdote en Bogotá tenía que acostarme con él.Cuando yo denuncié esta situación, mi director espiritual me dijo que eso era muy normal en el ser humano, que era una condición natural. Yo, apenas un muchacho, traté de llegar a otras instancias pero me frenaron diciéndome que si lo hacía iba a tener consecuencias graves. Me dio miedo, pensé en mi familia, decidí retirarme. Y conmigo se retiraron otros cinco. Al principio, entre todos, habíamos acordado denunciar el acoso sexual pero luego decidimos no enfrentarnos a la Iglesia. Mi hoja de vida salió cochina argumentando que yo supuestamente no tenía vocación espiritual. Estuve a punto de dedicarme a otra cosa hasta que en el 2003 me aceptaron en el Seminario Internacional Cristo Sacerdote de La Ceja, Antioquia, y ahí terminé mis estudios. Eso fue hace tiempo. Yo tenía 23 años”. ¿Qué se considera abuso sexual?De acuerdo con el Código Penal colombiano, ningún menor de 14 años está libre de ejercer la sexualidad sin consecuencias para el desarrollo de su personalidad, debido al estado de inmadurez que a esa edad se tiene tanto intelectual como afectivamente. La ley ha determinado que el menor debe estar libre de cualquier tipo de interferencias en materia sexual y por eso prohíbe las relaciones con ellos dentro de una política de Estado encaminada a preservarles el desarrollo de su sexualidad.Esto significa que, en ningún caso, a la hora de valorar una denuncia se podrá apelar a que el chico tuvo la capacidad de decidir o de hacer un razonamiento sexual. El abuso no depende exclusivamente de la cuantificación del acto, mas sí de la cualificación del mismo. Por eso basta probar la seriedad del ataque a través de la desproporción de fuerzas o la vulnerabilidas psíquica del agredido, de tal manera que al atacante sólo le baste un acto mínimo de fuerza para doblegar a su víctima. Es por ello que en ese contexto son consideradas como pruebas la contextura del pederasta y la fragilidad del afectado, entre otras cosas.La definición de acceso carnal violento no sólo se refiere al acto sexual propiamente dicho, sino también a la utilización, con propósitos sexuales, de objetos y otras partes del cuerpo humano.Asimismo es considerado abuso la inducción a presenciar actos sexuales o la simple sugerencia de la práctica. También lo es la incitación a ver material pornográfico, tocar las zonas genitales de un menor, tomarle fotografías o videos de inclinación erótica, o hacerle comentarios cargados de contenido sexual. “La existencia del acceso carnal no necesariamente significa violencia”, dice el Código Penal. Por eso quien crea que acariciar a un chico, decirle cosas, llamarlo, enviarle correos electrónicos, fotos insinuantes o enseñarle los genitales a la distancia no es delito, se equivoca.Incluso, de acuerdo con sicólogos, en el caso de las familias que comparten un mismo espacio habitacional, donde por condiciones de pobreza y hacinamiento, los menores están obligados a escuchar o advertir las prácticas sexuales de sus padres, cabe un caso de abuso. De otra parte, el Artículo 205 del Código establece que “quien realice acceso carnal con otra persona mediante violencia incurrirá en prisión de ocho a quince años”. Sin embargo esa pena será agravada con un tercio y hasta una mitad adicional de la condena si: los agresores son múltiples; si el agresor se encuentra en una posición de autoridad respecto de la víctima o aprovecha una condición de confianza; si la contagia una enfermedad de transmisión sexual; si la víctima es menor de 12 años; si el agresor es cónyuge de la víctima o si viven juntos o si el agresor y la víctima tuvieron juntos un hijo; también, si del acto resulta un embarazo.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad