Una corrida con poca emoción en el Cañaveralejo

Diciembre 31, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Víctor Diusabá Rojas, especial para El País
Una corrida con poca emoción en el Cañaveralejo

El torero colombiano Ramiro Cadena pasó tremendo susto cuando el toro lo embistió, pero el hecho no pasó a mayores.

El encierro de Fuentelapeña tuvo movilidad, pero transmitió poco. En los alternantes abundó la cantidad, pero faltó la calidad.

¿Cuántos muletazos se pegaron ayer (viernes) en Cañaveralejo? ¿Acaso, centenares? En un mundo donde todo se ha vuelto mensurable no es difícil dar con la cifra. Ahí está el video para que alguien se tome el trabajo de aburrirse. Porque, igual, poco importa cuántos fueron sino cuántos quedaron en la memoria o en eso que llamamos el sentimiento. La verdad, pocos o ninguno.Y la corrida, esta quinta de abono de la Feria de Cali, gravitó sobre ese eje: el de la cantidad. Abundaron las embestidas, si embestir es ir para adelante de una forma que permita hacer el toreo. Y sobraron los cites, si citar es ponerse en circunstancia de lograr que el animal atienda al llamado. Y no faltaron las peticiones de oreja, igual se concedieron dos y pudo haber una u otra más.Pero faltaron la calidad y la emoción. Ellas se quedaron por puertas desde que el propio encierro de Fuentelapeña se guareció en una aparente bondad que lindó en la sosería, porque todo en extremo resulta siendo perjudicial. Y cuando los toros, y las ganaderías caminan sobre esa cornisa, bien lo saben, corren el riesgo de terminar cayendo en el vacío de la mansedumbre.Ese primero de la tarde, al que Miguel Abellán cortó una oreja, tuvo condición para meter la cara y atender los engaños, pero, como toda la corrida, a excepción del cuarto, no transmitió nada. Por eso, los olés salieron de las gargantas mas no del corazón. Y Miguel jugó al toro, con la excepción aquella en que el animal decidió irse a vivir a otro lado del ruedo y estuvo a punto de arrollarlo.El siguiente, en las manos de Paco Perlaza, siguió el mismo camino, sólo que duró menos. Con él, Paco logró sacar algunas series en que el temple obtuvo buena calificación. Sin embargo, y como pasó también en toda la tarde, la monotonía bajó como sopor sobre la arena y todo se hizo repetitivo y demasiado común y corriente. Una tenue petición no conmovió a la presidencia.A Ramiro Cadena también le llegó su parte. Otro hermano de los anteriores: colaborador, diríase que buena persona el torito. Menos carretón que el de apertura, pero, en general, digno de toda la confianza. Hasta cuando algo le molestó y entonces tiró a Ramiro para arriba, como exigiendo que le dieran importancia. Una oreja, que entra en las estadísticas particulares y en las de la plaza.El cuarto rompió la tendencia. Se hizo sentir y exigió que le mostraran credenciales. Abellán ganó el primer asalto, que fue hasta la primera y segunda serie, pero a partir de ahí hubo una lucha en que los dos se fajaron. Y Miguel, que tiene raza, se puso serio para no terminar en la lona. Fue, como se dice ahora, un acto de otra obra. Pero, por fin, los sentidos encontraron en qué fijar su atención. Palmas a los dos. Quizás el verdadero trofeo de toda la corrida.Las aguas volvieron al cauce manso en los dos últimos turnos. El quinto, que galopó de salida, cambió luego de varas y terminó rajado. Y el sexto, al que cuidaron en el caballo, como los cuidaron a todos, fracasó, y no menos los intentos de Ramiro Cadena por encontrar sitio.Mucho trabajo y poca emoción. Torear, por fortuna, siempre será un oficio. Las profesiones son otra cosa.

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