Un venezolano caleñísimo es el primer ganador en #DeCaliSeHablaBien

Un venezolano caleñísimo es el primer ganador en #DeCaliSeHablaBien

Junio 20, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Un venezolano caleñísimo es el primer ganador en #DeCaliSeHablaBien

Roger Robayo, autor de la foto ganadora.

Roger Robayo Martínez es el autor del primer foto-mensaje ganador de la campaña #DeCaliSeHablaBien. Y aunque nació en San Cristóbal, Venezuela, es un caleño enamorado. Este es el detrás de escena de su declaración.

La historia que hay detrás del primer foto-mensaje ganador de la campaña #DeCaliSeHablaBien, es la historia de un enamoramiento con la ciudad. Para empezar, el caleño que la tomó nació en San Cristobal, Venezuela, por lo que su amor no es una marca de nacimiento sino un rasgo distintivo que el tiempo le fue puliendo en el corazón.

Al primer año cumplido llegó con su familia y aquí vivió su niñez y su juventud, así que fue en esta patria chica donde le echó raíces el alma. A los 35 años, Roger Robayo Martínez, como se llama, es un caleño caleñísimo: “Amo esta ciudad”, dice por teléfono un par de veces mientras va contando lo demás.

Roger es un caleño de ciclovía y clicopaseo. A los ciclopaseos que los miércoles salen del Parque de las Banderas, empezó a asistir desde el pasado diciembre: “Una vez me decidí a ir y quedé motivado por la gente, el primer día había mucha gente, fui incluso con mi jefe. Ese día pensaba en los ciclistas que veía en la calle, yendo o viviendo de trabajar, y en que no había razón para no hacerlo”.

Y así fue. Desde entonces más o menos, justo los miércoles, el día que tiene pico y placa, se va a trabajar movilizándose en cicla. Roger es diseñador gráfico, vive cerca de La 14 de Calima y trabaja en una agencia de publicidad que queda por Normandía, así que sus recorridos, “relajados, para no llegar sudado a la oficina”, se extienden por 40-45 minutos. Yendo en carro, el ahorro en tiempo es de apenas 15-20 minutos.

La bicicleta, además, no es una bicicleta cualquiera: se llama Esmeralda, en honor al color en que está pintado su armazón tipo ‘vintage’, y fue el vehículo que Roger utilizó para movilizarse en Santiago de Chile durante dos meses del año pasado, mientras estuvo allá en un proyecto de trabajo. “Cuando me iba a regresar no fui capaz de dejarla, así que la desarmé y me la traje”.

[[nid:434821;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/06/a4jun15n1photo02.jpg;left;{Primera foto ganadora en #DeCaliSeHablaBien.}]]

El día que la fotografió con La Ermita de fondo, fue un domingo de ciclovía. Salió desde su casa y llegó al parque de El Ingenio. Allá se tendió en el pasto y comió ensalada de frutas. Cuando arrancó de regreso, se dio cuenta que el sol se había excedido en caricias sobre sus brazos, así que a la altura del Diamante de Bésibol buscó a un informador de la ciclovía para calcular si alcanzaba a llegar a su casa antes de que la desmontaran o si tenía que buscar otra ruta. Y efectivamente, con el tiempo en contra, de la Calle Novena salió a la Quinta y ahí tomó el Bulevar del río: “Busqué un dispensador de agua de los que hay allí para refrescarme, es un lugar que me encanta de Cali al que voy mucho, me parece tan fresco, tan bonito, que al ver a Esmeralda parqueada quise hacerle una foto para tenerla junto a todo lo otro”.

La foto que envió para concursar en la campaña es la última de las seis tomas que, calcula, hizo ese día con su celular. En aquella en particular, cuenta, lo que buscaba era que La Ermita estuviera completa en el cuadro. Con respecto al  mensaje que la complementa (#DeCaliSeHablaBien porque aquí se tardea bacano, se come sabroso y la gozás al máximo! Amo a Cali!!!), dice que no es nada distinto a lo que generalmente puede estar en alguna de sus conversaciones. Su jefe de hecho, al ver el mensaje, se lo dijo: Roger, vivís pensando en comida ¿no? Y de una u otra forma sí, confiesa él por teléfono, diciendo que adora el sabor de la comida típica caleña.

 Y así como la comida, todo lo demás: “Esta es una ciudad de empuje, de oportunidades, aquí las cosas van cambiando. Antes del MÍO la ciudad era un caos, pero a pesar de las críticas y todo, el sistema le cambió la cara a Cali. Amo a Cali. Lo único que nos falta es creer más en ella porque aquí hay mucho por hacer. Aquí, miré, pasan unas cosas tan increíbles como esta: me acabo de dar cuenta que están vendiendo patacones de chontaduro, se llaman chantacones. ¿En dónde más pasa algo así?”.

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