'Un regalo una sonrisa': niños que se alejan de la calle recibirán regalos de Navidad

Diciembre 11, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Campaña ‘Un regalo una sonrisa’, organizada por El País y la Cruz Roja secciona Valle, entre otros, reunirá obsequios para chicos como Edwin y Óscar, de San Bosco.

Lo que más desea Edwin es un balón Golty, porque ya ha jugado con uno de ellos y sabe que lo utilizan los grandes, como su héroe Messi, el mejor del mundo. Sabe que aunque sus días suelen parecer difíciles, la navidad puede ser especial porque hay quienes se preocupan porque así sea y hacen las veces de Niño Dios.A Óscar, en cambio, no le importa lo que le den. El solo hecho de recibir un regalo en esta época ya lo hace feliz.Los dos se conocen desde hace un par de años, porque ambos viven en San Bosco, en el centro de la ciudad. Aún así, sólo comenzaron a acercarse cuando entraron en el programa Panica, de la Cruz Roja, a través del cual reciben regalos en diciembre desde hace tres años.Y ésta vez no será la excepción. El diario El País, el Noticiero 90 Minutos, la Cámara de Comercio de Cali y la Cruz Roja se unieron para asegurarse de que en su noche de navidad haya un obsequio. Así será tanto para ellos, como para los otros cientos de niños que se benefician del programa Panica, que tiene como propósito alejarlos de la calle. “Antes nos la pasábamos vagando, pateando locos, molestando a la gente por allí”, recuerda Edwin. Tiene 14 años, pero por su estatura no parece de más de 10 años. Su rostro y su forma de hablar, sin embargo, hacen pensar que tal vez ha vivido más de lo que debería.Ahora pasan los sábados con los 40 voluntarios del programa Panica jugando fútbol, aprendiendo manualidades, asistiendo a talleres de convivencia y recibiendo apoyo psicosocial para ocupar su tiempo libre en algo productivo.Las huellas de la vida Edwin tiene un par de cicatrices, dice que han sido “bobadas”. Óscar tiene cuatro, una de ellas salta a la vista en su brazo izquierdo, es una línea blanca de unos cuatro centímetros. Sucedió hace dos semanas y le tomaron cinco puntos. Cuenta que se la hizo jugando, aunque la explicación no convence mucho.Y aunque andan juntos todo el tiempo y cualquiera pensaría que son amigos, tanto Óscar como Edwin dicen que “los amigos no existen”. “Ni siquiera la mamá de uno, sólo Dios es el único amigo”, afirma Edwin con dureza.La frase cobra mayor sentido si se tiene en cuenta que el pequeño nunca ha vivido con su madre. Desde que tenía un mes de nacido reside con sus tías, pues su mamá está en un pueblo del Cauca. Desde los siete años ya sabía tomar un bus él solo para ir a visitarla hasta aquella vereda. A su papá nunca lo ve, a pesar de que tiene su casa en Cali. Aunque dice que prefiere vivir en la ciudad que irse para el pueblo con su mamá, piensa que le gustaría estar en otro barrio “más bonito”. “La vida acá no es lo mismo que cuando la gente tiene plata, acá es difícil...”, comenta. Óscar, en cambio, sí vive con su madre y sus cuatro hermanos. Su papá, sin embargo, falleció cuando él tenía cuatro años. “Vendía drogas y por un ajuste de cuentas lo mataron. Yo no quiero ser así. Si él estuviera vivo no estaríamos aquí”, dice con nostalgia.Es que crecer en San Bosco, para un niño de 14 ó 15 años, implica estar expuesto a duras experiencias. “Uno ve cuando roban a las mujeres, las cogen del pelo y las arrastran por el piso”, dice Óscar. Ambos aseguran que han visto personas subirse a los buses a robar. Han estado en balaceras. Han oído explosiones de bombas. Han visto gente morir. Aunque prefieren no hablar mucho de eso.Aprender, el mejor premioLa novia de Óscar tiene trece años. Dice que la mamá de ella sabe, pero el papá no. En todo caso, él afirma que la trata bien y le da regalos. “A las mujeres no se les pega”, precisa, como quien ha aprendido bien la teoría y tiene el firme deseo de llevarla a la práctica. “Mi papá sí le pega a la esposa, eso no se hace”, cuenta Edwin. En Panica les han enseñado que lo más importante es el respeto, “tratar bien a quienes nos quieren”. Coinciden en que lo mejor del programa es que todo el tiempo aprenden: de manualidades, de fútbol, de valores y hasta de la vida.Óscar relata que está seguro de no querer ser como su padre, quien murió por vender drogas, y añade que con Panica ahora no tiene duda de que “esas cosas son malas”.“Ni porque me paguen mucha plata lo hago. A veces a uno le dicen que vaya a llevar un encargo o a comprar droga, pero eso es peligroso”.Pese a su entorno, aseguran con palabras serias que lo suyo no será robar, ni matar, que saben que la vida sí puede tener muchas cosas buenas. Una de ellas, aunque pequeña, será el momento en el que reciban su regalo de navidad.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad