Trasnochados por la rumba viven habitantes de Juanambú, piden mayor control

Trasnochados por la rumba viven habitantes de Juanambú, piden mayor control

Octubre 25, 2012 - 12:00 a.m. Por:
karen Daniela Ferrin | Reportera de Vivir Oeste
Trasnochados por la rumba viven habitantes de Juanambú, piden mayor control

A pesar de que los establecimientos asentados en la Avenida 9 Norte con calles 9 y 12 tienen suficiente espacio para sus clientes, éstos prefieren instalarse en los andenes para conversar y tomar licor. Según los vecinos, algunos jíbaros aprovechan esa situación para venderles sustancias psicoactivas.

Jóvenes con licor en mano que arman ‘fiesta’ en los andenes y a los que les ofrecen droga mortifican a los habitantes de este barrio del Oeste. Piden mayor control de la Policía y la Administración Municipal.

Arturo Salgado se levanta a las 4:00 de la mañana para alistarse y salir a trabajar. Como ya es costumbre, antes de entrar a la ducha enciende el computador y pone agua a hervir en la pequeña estufa a gas que reposa en su apartaestudio.Luego desayuna “a los trancazos” y 40 minutos después atraviesa la ciudad para llegar a una empresa ubicada en las afueras de Cali, en la que labora desde hace 18 años. En ese trayecto lucha contra el sueño y los bostezos, al igual que durante el resto de la mañana, en el cine, en el baño; en reuniones familiares y cuando está con el jefe, en el parque, en los restaurantes y en las discotecas. “Bueno, a esas ya casi ni voy porque les cogí fastidio”. Su novia Catalina le llama ‘dormilón’, pero no es porque permanezca acostado sino porque siempre está cansado, siempre tiene sueño, ese que los rumberos le quitan desde hace más de un año. “Ellos se divierten y me ‘invitan’ a participar de su diversión, pero desvelándome”, afirma con ironía. Según el hombre de 38 años, de jueves a sábado Juanambú sufre una especie de alteración en la que solo los visitantes tienen derecho a sentirse cómodos. ***Teresa Benítez tiene 83 años. Sufre de migraña, pero lo que más la tortura es una artritis que le apareció cuando tenía 60. Toma café, alrededor de tres jarras diarias. También fuma y riega las plantas del patio de la casa donde vive, en la Avenida 9 Norte con Calle 10. Durante su juventud fue bailarina de ballet y tocaba el piano. Ahora no puede hacer ninguna de las dos. Lee, en su biblioteca- según ella- hay cerca de 200 libros que le han ido regalando hermanos y sobrinos nietos: “La naturaleza no me dio la dicha de tener hijos”.Su fuerte carácter no le permite compartir con nadie distinto a su delgado y canoso reflejo en el espejo: “Así está mejor, puedo encender todas las luces que quiera en las noches y leer en los lugares de la casa en los que se me puedan ocurrir”. Teresa se pierde en sus libros de noche, mientras una mancha de jóvenes se ubica frente a su casa a tomar cerveza, “hablar necedades” y pelear. Ella lee en las noches, pues dice que no puede dormir. No son las discotecas “El verdadero punto que se debe resolver es el de despejar a estos jóvenes para que después de las dos o tres de la mañana Juanambú quede en silencio”, comenta. “El problema son los rumberos”, aseguró otra vecina que no quiso revelar su nombre: “Esos muchachitos amanecen haciendo escándalo hasta las 5:00 de la mañana”.“Yo era de las que atacaba en un principio a los bares, pero desde que el Dagma empezó a controlar la situación, nos hemos dado cuenta de que los establecimientos cierran y el despelote continúa”, agrega.Una vocera de esa entidad explicó que “constantemente estamos vigilando la zona rosa del Oeste para cerciorarnos de que los decibeles de la música sean los permitidos”.Entre tanto, Guillermo Céspedes Tovar solicitó a la Policía ejercer mayor control “en una zona que se supone es residencial y que desde hace unos seis años empezó a deteriorarse”.“Debe existir un método para hacer que los muchachos tomen dentro de los establecimientos, pues los andenes no son lugares para hacerlo”, añade. La misma opinión tiene Carlota Moreno, otra vecina, quien señala que “no es solo que se sienten en los andenes a decir las palabrotas que dicen, es la música que ponen en sus carros y son las peleas que se arman las que nos quitan el sueño y la tranquilidad”.Sin embargo, el comandante de la Estación de Policía La Flora, mayor Leonardo Albarracín, precisó que “si no hay una denuncia puesta, no podemos decirle a una persona que se quite de un andén si en el momento no está cometiendo un delito”.El oficial también señaló que “esta es una tarea que también compete al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y a la secretaría de Gobierno. A ellos también deben reportar estos casos”. Igualmente sostiene que hasta el momento “los vecinos no me han dicho nada acerca de este problema”. Arturo Salgado, en cambio, enfatiza en que la responsabilidad es de la Administración Municipal, “que no ha hecho mayor cosa para controlar esta situación y esto se les sale de las manos”.“Rara vez se cierran negocios ilegales y, al parecer, nunca se abren expedientes para investigar lo que pasa y resulta que frente a nuestras casas también están vendiendo drogas”, sostiene.La disidenciaMaría Fernanda Cáceres, quien vive en la Avenida 9 Norte con Calle 12, asegura que no entiende el por qué de las denuncias de sus vecinos. “Yo también madrugo y, sí, los ‘pelaos’ se divierten, pero no es para exagerar. Lo que pasa es que aquí la gente también es bastante complicada”. A su vez, Felipe Ortegón sentenció que “si los jóvenes fuéramos nosotros, estaríamos en las mismas, rumbeando cada fin de semana”.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad